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Un agente en la sala de videovigilancia a víctimas de explotación laboral en supermercados de Barcelona / POLICÍA

Esclavos del siglo XXI

Víctimas de explotación en el servicio doméstico, cuidando plantaciones de marihuana u obligadas a robar o ejercer la mendicidad

9 min

“Cuando todo el mundo estaba encerrado en su casa, el demandante de sexo de pago campaba a sus anchas”. Así lo explica Rocío Mora, directora de APRAMP --la asociación de ayuda a las víctimas de explotación sexual-- a Crónica Global. Los cierres perimetrales para frenar la pandemia propiciaron el traslado de mujeres forzadas a prostituirse desde el centro de las grandes ciudades a pisos del extrarradio. Aisladas, sin acceso a ningún recurso para escapar de sus captores.

Mujeres asiáticas, víctimas de explotacion sexual en Barcelona / POLICÍA NACIONAL
Mujeres de oirgen asiático, víctimas de explotacion sexual en Barcelona / POLICÍA NACIONAL

Esclavas sexuales en pleno siglo XXI, aún más “invisibilizadas” por las restricciones sanitarias, recuerda Mora. “Hace más de 15 años que alertamos de que cada vez son menos las mujeres que están en la calle o en clubs, no es algo que se limite a la pandemia”, aclara. “Están en pisos particulares, chalets, viviendas que hacen que la problemática no se vea”. Así lo corrobora el capitán de la Guardia Civil Vicente Calvo, jefe de la sección de Trata de Seres Humanos. “El objetivo de los explotadores es sacar el máximo partido y por eso trasladan a las víctimas a domicilios”, explica.

Mafias y puteros

Por un lado están las mafias en busca de rendimiento, y por otro los denominados clientes. “El ejercicio de la prostitución en las grandes ciudades no ha cesado en ningún momento pese a las restricciones. Ha permanecido oculta porque se ha trasladado a otros lugares. España es el primer país europeo y tercero del mundo en demanda de mujeres y niñas para ser esclavizadas”, advierten desde APRAMP. Las víctimas sufren, no solo una grave vulneración de derechos fundamentales, sino “una violencia brutal, aislamiento y clandestinidad”, explica Mora.

Un guardia civil libera a las menores captadas para prostituirse / TWITTER GUARDIA CIVIL
Un guardia civil junto a una víctima de explotación sexual / GUARDIA CIVIL

Al principio de la crisis sanitaria, esta entidad llegó a perder el rastro del 37% de las mujeres a las que atendían. La coacción les impide huir de sus captores. “Su vida, en muchos casos, les importa muy poco, pero sí la de sus familias que permanecen en sus países de origen”, cuenta Mora. “En otros casos desarrollan una especie de síndrome de Estocolmo y creen que el mismo que las amenaza es quien las ayuda. Hay que entender que en los territorios de donde provienen incluso temen a la policía”, apostilla el capitán Calvo. Las mafias se nutren de víctimas en situación de extrema pobreza, en zonas en conflicto. En los últimos años, han aumentado las de origen venezolano o nicaragüense, frente a las del este de Europa.

Esclavos domésticos

Otro tipo de control pasa por el budú, en caso de víctimas de algunos países africanos, y en la mayoría de ellos, por la deuda contraída en el traslado hasta España. “Queremos una ley abolicionista para acabar con los que mercantilizan con los cuerpos de mujeres y niñas”, claman desde APRAMP. Pero la esclavitud del siglo XXI no se limita a la explotación sexual. Aún menos visible es la laboral o con fines delictivos.

Así vivían las vícitmas de explotación en plantaciones de marihuana de la mafia china en Barcelona / MOSSOS
Así vivían las vícitmas de explotación en plantaciones de marihuana de la mafia china en Barcelona / MOSSOS

El capitán Calvo indica que ya han detectado decenas de casos de trata en empleados del hogar. “La esclavitud se puede ver al lado de casa, en un polígono industrial, o en el servicio doméstico”. También en salones de manicura, donde “la mayoría de víctimas son de origen asiático, de China o Vietnam”, explica. Incluso en naves abandonadas o zonas rurales donde se cultiva marihuana. “Con un colchón en el suelo, les llevan un saco de arroz, y hacen sus necesidades en un bidón junto a la plantación, de donde no les permiten salir”. Esclavos de la marihuana. También al lado de casa. En Centelles, Abrera, Santa Coloma de Cervelló y Sant Andreu de la Barca, donde a principios de julio los Mossos d’Esquadra liberaron a diez personas de origen chino a los que una mafia captó bajo una falsa promesa de empleo. Al llegar aquí les forzaron a trabajar en condiciones infrahumanas en las platanciones.

Hurtos y mendicidad

Solo unos días antes, la Policía Nacional detuvo a cinco individuos por imponer condiciones de semiesclavitud a empleados de tiendas de alimentación en Barcelona; todos de origen pakistaní. Para ello utilizaban una sala de vigilancia con imágenes a tiempo real de los supermercados con la intención de someter a las víctimas a un "control férreo”. O en Tarragona, donde agentes del mismo cuerpo arrestaron a los dueños de dos restaurantes de kebab por explotar a sus empleados con jornadas abusivas por un mísero salario.

Efectivos de la Policía Nacional con uno de los empresarios detenidos en Tarragona por explotación laboral / POLICÍA NACIONAL
Efectivos de la Policía Nacional con uno de los empresarios detenidos en Tarragona por explotación laboral / POLICÍA NACIONAL

Desde la Benemérita indican que algunas organizaciones se valen de mujeres jóvenes o menores para cometer hurtos en zonas concurridas, como en las bocas del metro de grandes ciudades. Para ello escogen un perfil que no levante sospechas. “Son también víctimas a las que hay que proteger”, subraya el capitán Calvo. También adultos o personas con discapacidad a las que las mafias distribuyen por puntos turísticos y a quienes obligan a ejercer la mendicidad. Un delito que, según la Fiscalía de Barcelona, ha aumentado en la ciudad durante los últimos años.

La esclavitud, fuera del Código Penal

“Las bandas organizadas buscan cualquier tipo de oportunidad, lo que les pueda aportar el mayor lucro”, señala Calvo. La esclavitud existe en España, pese a que no esté tipificada como delito. Solo en los últimos 10 años, la Guardia Civil ha detenido a 2.000 explotadores y liberado a unas 4.000 víctimas. Sí se han producido avances en el ámbito legislativo. La nueva ley de libertad sexual prevé castigar el proxenetismo evitando trampas como la que algunos dueños de prostíbulos utilizan al asegurar que las víctimas son camareras a las que alquilan habitaciones, pero todavía queda mucho camino por recorrer.

“Si se castigasen todas las formas de proxenetismo, cientos de burdeles estarían cerrados”, subrayan desde APRAMP. Y es que como indica la memoria de la Fiscalía General del Estado en 2019 “no es posible perseguir con rigor, ni establecer un sistema coherente (política o plan) de prevención del trabajo forzoso, ni de la protección integral de la víctima, si no están tipificados de manera autónoma los delitos de esclavitud, servidumbre o trabajo forzoso”.