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Eosinófilos en el microscopio de un laboratorio

Eosinófilos: ¿qué son y qué significa que sus valores son altos?

Este tipo de célula en sangre nos protege de patógenos externos infecciosos

8 min

Cada vez se oye más el concepto de “tener los eosinófilos demasiado altos”. Pero si no eres un experto en medicina o bilogía es posible que no tengas claro de qué se está hablando. Sin embargo, en una sociedad cada vez más concienciada con la importancia de la salud, el conocimiento es poder. ¿Qué son los eosinófilos? ¿Qué connotaciones negativas tienen en nuestro organismo cuando suben o se desploman de golpe? Hoy respondemos a estas preguntas, pues las variaciones en el volumen de estos organismos pueden deberse a problemas graves que es necesario tratar de forma rápida y eficaz.

¿Qué son los eosinófilos?

Estos cuerpos orgánicos son un tipo de célula presente en la sangre en grandes concentraciones con el objetivo de protegernos frente a patógenos externos infecciosos. Sin embargo, no hay tanta cantidad de eosinófilos como de otros organismos similares, tales como linfocitos, monocitos o neutrófilos, por lo que cualquier variación en ellos es muy notable y llamativa.

Este eosinófilo es un leucocito de tipo granulocito pequeño que se produce a partir de las células madre en la médula ósea y cuyo objetivo es defender al organismo contra las infecciones producidas por elementos extraños y ajenos al ser humano. Es por ello que su importancia en la acción del sistema inmune es muy elevada. Este eosinófilo es capaz de vivir en la corriente sanguínea entre tres y cuatro días, antes de mudarse a los tejidos, en los que se queda más tiempo todavía. Los lugares más usuales donde se almacenan son el tracto gastrointestinal, las glándulas mamarias o el útero, porque son los órganos con más tendencia a inflamarse.

Estos componentes fueron descubiertos en 1879 por el científico alemán Paúl Ehrlich y están considerados proteínas. Sus responsabilidades son serias en nuestro organismo, con propiedades antiinflamatorias destinadas principalmente a enfermedades alérgicas, hipersensibilidades y al ataque y muerte de algunos parásitos. Así, los eosinófilos forman parte del sistema inmunitario y participan en la respuesta inmune a cualquier infección de nuestro cuerpo. Sin embargo, también están implicados en muchas otras patologías respiratorias.

Con niveles altos de eosinófilos hay riesgo de enfermedades como el cáncer

Con niveles altos de eosinófilos hay riesgo de enfermedades como el cáncer

La cantidad de eosinófilos normal en el organismo está entre 40 a 500 células por microlitro de sangre, suponiendo entre un 1% y un 5% de las células presentes en la corriente sanguínea. Esto se mide con un leucograma, un análisis encargado de evaluar las células blancas del organismo. ¿Qué ocurre si estos valores se ven comprometidos? Esos componentes pueden elevarse o reducirse por diversas razones, pero hay que vigilarlos atentamente.  

Cuando los eosinófilos están por encima de 500 por microlitro de sangre puede deberse a una necesidad del cuerpo humano de elevarlos para combatir un patógeno maligno. Alergias en la piel, problemas respiratorios como el asma, enfermedades parasitarias, infecciones, intolerancias a medicamentos o inflamaciones podrían explicar y justificar esta subida. Existe también algún caso extraño y difícil de diagnosticar llamado hipereosinofilia, relacionado con problemas genéticos y autoinmunes, que eleva estos organismos a más de 10.000 cantidades por mililitro de sangre sin que ninguna de las razones mencionadas anteriormente se den en nuestro organismo.

Por el contrario, si el recuento de estas células está por debajo de 40 unidades por microlitro sanguíneo se puede deber a problemas muy graves de salud, tales como neumonía o meningitis. Es decir, a infecciones bacterianas peligrosas e incluso mortales que obligan a nuestro sistema inmune a activar otros leucocitos de defensa más eficaces y potentes, como los neutrófilos. Volcar todo el esfuerzo del cuerpo humano en esta producción hace que disminuya la producción de eosinófilos, porque todo el organismo se centra en combatir esa enfermedad de la manera más radical posible.

No todas las reducciones de eosinófilos tienen que estar sujetas a una enfermedad grave. Esta caída también puede deberse a bajadas de la inmunidad, ya sea por embarazo, enfermedades de la médula ósea, cáncer o HTLV; o por el uso de inmunodepresivos necesarios en casos de trasplante.

¿Cómo bajar los eosinófilos?

La hipereosinofilia puede conllevar consecuencias graves para el organismo, pues al encontrarse en extremadamente altas concentraciones pueden causar daños. Sin embargo, cualquier infección de las mencionadas anteriormente provocaría su aumento sin que éste fuera notable a primera vista. Así, los síntomas de tener los eosinófilos altos no se hacen notar ni son fácilmente identificables. De hecho, la hipereosinofilia en sí misma no suele traducirse en síntomas per se, sino en los propios efectos de la patología que ha provocado esta subida. Por ejemplo, el aumento de eosinófilos por asma se traduce en problemas respiratorios.

El aumento descontrolado de estas células debe detectarse rápidamente por los médicos, de lo contrario podría provocar fallos cardiacos, dificultad respiratoria e incluso ataques al corazón. También puede afectar al hígado y el bazo y provocar erupciones cutáneas. Es complicado de diagnosticar y normalmente se consigue hacerlo descartando otras afecciones más usuales.

Un hombre busca eosinófilos con el microscopio de un laboratorio

Un hombre busca eosinófilos con el microscopio de un laboratorio

De esta forma, es lo razonable que cualquier tratamiento destinado a combatir los eosinófilos altos esté dirigido a tratar la causa subyacente que ha provocado dicha alteración al alza. Para ello, el primer paso es hacer pruebas de alergias e intolerancias en piel y sangre, porque son las causas principales y más extendidas de tener los eosinófilos altos.

Sin embargo, si esta subida es muy excesiva y rápida, los corticoides como la prednisona ayudarán a bajarlos en picado, pues se trata de un medicamento inmunodepresivo que suprime la defensa natural del organismo y, con ella, la producción de sus células defensoras, como los eosinófilos. Es fundamental que esta medicación se utilice bajo la atenta supervisión de un médico, ya que puede tener contraefectos secundarios negativos.

En definitiva, aunque más desconocidos que otros medidores de salud como el azúcar, el hierro o los leucocitos, los eosinófilos juegan un papel fundamental en la salud del ser humano, en su defensa contra patógenos externos malignos y en el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmune. Por ello hay que vigilarlos, cuidar de que sus niveles sean los correctos y tomar las medidas procedentes en caso contrario. Porque unos eosinófilos elevados o reducidos pueden significar problemas mayores.