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Enric Molina, protagonista de 'Sense Sostre', tras dormir durante casi seis años en las calles de Barcelona

Enric Molina, de dormir en las calles de Barcelona a protagonizar el film 'Sense sostre'

La película de Xesc Cabot y Pep Garrido busca "hacer visible lo invisible" con un retrato "crudo, directo, y violento" de las personas sin hogar

8 min

Alphonse de Lamartine dijo aquello de “la casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiera ocurrido pedir”. En el caso de Enric Molina su casualidad consistió en toparse con un cartel que rezaba “¿quieres ser actor?”. Tres palabras que se transformaron en el pasaje para abandonar las calles de Barcelona, donde vivía, y convertirse en el protagonista de Sense Sostre, la nueva película de Xesc Cabot y Pep Garrido para “hacer visible lo invisible”. Un film que muestra la realidad de las personas sin hogar, ignoradas por otras tantas que pasan por su lado cada día.

Antes de encarnar el papel de Joan, Molina dormía bajo el puente de la Estació del Nord, cuando alguien le habló de la Fundació Arrels. Tras cerca de seis años sin hogar, acudió a ducharse y a cambiarse de ropa a uno de los equipamientos de la asociación. “Cuando vi el cartel dije ‘esta es la mía’, me decidí, hice el casting, y ahí empezó todo”, explica a Crónica Global. Fue así como protagonizó su primera obra de teatro, a la que siguió una gira, y hasta hoy.

Invisibles 

El film de Cabot y Garrido, que se estrenará el 20 de diciembre, pretende, a través de la historia de Joan, “hacer que el espectador mire lo que evita cuando anda por la calle”, cuenta el primero. Y es que, como relata Enric, lo más duro de dormir al raso no es el frío insoportable, ni el hambre. Ni siquiera el miedo, sino la sensación de ser invisible para los demás. “Pasan por tu lado, y no es que no te den una limosna, es que ni siquiera se dignan a mirarte, a dedicarte una palabra, a preguntar si estás bien, si necesitas algo, a interesarse un poco por ti”.

Enric Molina encarna a Joan, con su perro Tuc, en 'Sense Sostre'
Enric Molina encarna a Joan, con su perro Tuc, en 'Sense Sostre'

En ocasiones, la ignorancia se traduce en desprecio. “Duele ver a gente que, al pasar por tu lado, pone cara de asco como diciendo ‘no tendrías que estar aquí’”, explica Molina de su experiencia en la calle. Por eso ha sabido interpretar de forma magistral al protagonista del film. “Ha sido rebobinar y volver a la situación en la que me encontraba. Por ejemplo, al plasmar el despertar, aquel sentimiento de frío, de impotencia, de temblor en las manos; era como me encontraba entonces”, detalla.

Sin estereotipos ni melodramas

En la construcción del largometraje han participado otros actores noveles que, como Molina, se unieron al taller de teatro que anunciaba Arrels. “Cuando los conocimos, nos dimos cuenta de que la gente da por supuestas afirmaciones que no se corresponden con la realidad. No todos están en la calle porque quieran, ni son alcohólicos, o sufren una enfermedad mental”, subraya Garrido.

El motivo es que, como detrás de cada estereotipo, se encuentra el miedo. Con Sense Sostre sus directores rompen con ideas preconcebidas, rechazan el sentimentalismo, y la ficción lacrimógena. Tomaron la decisión de crear un retrato “crudo, directo, violento, y dejar que sea el espectador quien se sienta avergonzado o compadecido, pero que sea su decisión”, detalla el director.

Joan (Enric Molina), cerca de la estación de autobuses, en 'Sense Sostre'
Joan (Enric Molina), cerca de la estación de autobuses, en 'Sense Sostre'

Traspasar la línea

Tras haber pasado un lustro sin techo, Enric recuerda que cualquiera puede acabar en su misma situación. “La vida da muchas vueltas, a lo mejor hoy tienes un trabajo de fábula y una mujer que te quiere, pero la empresa puede cerrar y ella, abandonarte. Una serie de factores que influyen en la decisión final de cómo acabas”.

Es precisamente ese ‘por qué’; el “¿qué pasa con la gente que traspasa esa línea?”, el proceso que lleva a la construcción de este largo, recuerda Cabot. Tras grabar Bustamante Perkins (Atiende Films) sobre un músico valenciano que vive en condiciones precarias porque nunca se ha querido dedicar “al mundo del dinero”, los cineastas se preguntan qué sucede con todos aquellos que han acabado expulsados de este mundo normal. “¿Qué ha pasado con esta gente, qué les ha llevado hasta aquí, por qué no hacemos nada para evitarlo?”. Son los interrogantes que conforman la película.

Miedo, obsesiones y el día a día

A pesar de que la cinta sigue el proceso de un documental, se trata de una ficción. Sus autores se decantan por este formato para facilitar la sensibilización del espectador con un solo protagonista. Una reacción que amplifican a través de dimensiones como el tedio o la repetición. También “mecanismos mentales que tienen que ver con el miedo o las obsesiones. La incapacidad de poder ver más allá del día a día”, detalla Cabot.

Joan (Enric Molina) dentro de una bañera en una escena de 'Sense Sostre'
Joan (Enric Molina), dentro de una bañera en una escena de 'Sense Sostre'

Los tres, protagonista y directores, esperan llegar al espectador por dos motivos: “ya no podrán mirar de la misma forma a la gente que duerme en la calle y, porque en realidad, la cinta habla de la propia experiencia de quien la ve”, cuenta Cabot. A lo que Garrido añade: “La película habla sobre nosotros mismos. Cuando miras la pantalla, estás mirando lo realmente importante: cuál es el sentido último de nuestra vida”.

El ‘yo’ frente al espejo

Un film que pone frente al espejo a quien lo ve, con el objetivo de que se enfrente con el reflejo que le devuelve. Un baño de honestidad. “Es una forma de concienciar, no solo de que existe este problema, sino también de que está en nuestras manos, si no acabar con él, al menos hacer que disminuya”, sostiene Enric. Y es que “estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”-- François de La Rochefoucauld dixit--, por eso Sense sostre puede ser una buena manera de comenzar a desnudarse de prejuicios.