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Un ciclista circula por el carril bici habilitado el Día Sin Coches / CG

Enfado colectivo en el Día Sin Coches de Barcelona

Conductores, ciclistas y agentes de la Guardia Urbana se indignan ante el colapso del tráfico que ha registrado la ciudad

5 min

Bocinazos, gritos, impaciencia y enfado colectivo es el ambiente que se respira este jueves en Barcelona con motivo del Día Sin Coches que pretende demostrar que la capital catalana también puede ser una ciudad pacífica sin el bullicio habitual que provocan los vehículos. Sin embargo, parece no estar todavía preparada para ello. No al menos en un día laborable, una de las novedades de este año y que parece haber atormentado a todo el que hoy no podía --o no quería-- unirse a la fiesta dejando su coche aparcado en casa.

Uno de los tramos de las 54 calles cortadas era el paseo Fabra i Puig, entre la calle Teide y Petrarca, junto al metro de Vilapicina. Una joven con un peto amarillo del Ayuntamiento de Barcelona permanece junto a una de las vallas que cortan el paso a los coches que suelen pasar por allí para coger la Ronda de Dalt. Confiesa que ha habido lío a primera hora: “Un poquito, la verdad, sobre todo a la hora de los colegios. Además, no estaba todavía la señalización de la anulación de las paradas del autobús y ha habido mucha confusión”, explica a Crónica Global.

A solo unos metros, una veintena de niños contrarrestan la indignación de los conductores que buscan una ruta alternativa al tramo cortado. Sentados en el suelo, no escuchan más allá de la historia que narra un cuentacuentos sobre un conejo al que le duele la barriga por haber tomado café y aplauden a su profesor cuando les explica que hoy la actividad es al aire libre “para que Barcelona sea una ciudad sostenible”.

Eixample, el más castigado

El tramo de la calle Provença, entre Padilla y Lepanto, cercano al templo de la Sagrada Familia, todavía admite la circulación de vehículos, pero no por mucho tiempo. “Sí, señora, vamos a cortarla. Estará cerrada hasta las ocho de la tarde. Bueno, mejor cuenta hasta las ocho y media”, informa a este medio un joven con un peto naranja, en esta ocasión, que coloca una cinta junto a los coches allí aparcados.

Mientras, en pleno distrito del Eixample, la calle Comte d’Urgell se convertía en uno de los puntos más agitados de la ciudad. En el cruce con la calle Mallorca, cortada hasta Comte Borrell, los coches se veían obligados a girar a la derecha y muchos quedaban atrapados con los que circulaban por su izquierda. La presencia de dos guardias urbanos que regulaban el tráfico no solucionaba gran cosa. “¿Dónde vas?” le dice un agente a un vehículo que intenta pasar por una zona no permitida. “¿Qué te crees que estamos haciendo aquí?” añade indignado. Posteriormente se gira hacia su compañero y le grita: “Madre mía, nene, el día sin coches. Muy bien arreglado, sí señor…”.

Ciclistas desilusionados

La iniciativa tampoco acaba de convencer a los ciclistas, quienes deberían haber sido los grandes beneficiados de una celebración así. La Via Laietana, una de las principales arterias de Barcelona, permanece cortada para los coches que bajan por la calle Pau Claris, pero no para los que circulan por Fontanella. Tres agentes más controlan el tráfico en la plaza Urquinaona y el carril bici creado con conos que impera en una de las calles más transitadas no convence. “¡Vaya timo! ¡Vaya mierda de carril!” grita un ciclista cuando lo ve. Otros, directamente circulan por la carretera, aprovechando el momento.

“Un día sin coches es un brindis al sol”, dice a esta publicación un hombre que circula habitualmente en bicicleta por la ciudad. “No es más que una declaración de intenciones que muestra las vergüenzas de una ciudad que no está preparada para este tipo de eventos”, concluye.