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El miedo a la soledad provoca en ocasiones la elección de pareja con demasiada celeridad

Elegir mal o bien en el amor: ¿es una cuestión de suerte?

Los expertos advierten de que, a partir de cierta edad, nos entra mucha prisa por encontrar pareja y actuamos desde la impulsividad

6 min

Las separaciones de pareja crecen como la espuma en España. Más de 90.500 parejas se separaron, divorciaron o pidieron la nulidad en el año 2021, un 13,2% más que el año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). No es cosa sencilla, por tanto, elegir pareja y que la relación evolucione razonablemente bien. ¿Qué factores influyen en la elección? ¿Elegir bien es una cuestión de suerte?

Una pareja junta sus rostros /PEXELS
Una pareja junta sus rostros /PEXELS

“Según la experiencia que tengo, elegimos a parejas con las que nos sentimos como nos sentíamos con nuestros progenitores. Por ejemplo, si nos hemos sentido rechazados y abandonados por nuestros padres, en nuestras relaciones nuestras parejas tendrán costumbres y comportamientos que nos harán sentir rechazados y abandonados. Ese patrón se romperá cuando aprendamos a dejar de rechazarnos y abandonarnos a nosotros mismos”, explica Elsa Debra, coach y mentora de empoderamiento femenino, que ayuda a cientos de mujeres a sacar su mejor versión y crear relaciones estables, felices y duraderas.

Influirá mucho en la elección que nuestros padres hayan tenido una relación tóxica. “Muchas veces tenemos miedo a sufrir como nuestros padres e inconscientemente decidimos que no queremos una relación estable y duradera como ellos. Así que elegimos a parejas con las que no congeniamos para no acabar de formalizar nunca la relación”, sostiene esta experta en dependencia emocional. 

Miedo a la soledad

El miedo a la soledad también es un factor determinante para escoger al/la compañero/a equivocado/a. “Nos sentimos solos. Hemos aprendido de la sociedad que para ser felices necesitamos tener pareja. Nos han enseñado que sin pareja no somos nadie”, apunta Debra. El tema se complica exponencialmente a la vez que sumamos años.

Un matrimonio firmando el divorcio en un notario / PX
Un matrimonio firmando el divorcio en un notario / PX

“A partir de cierta edad, nos entra mucha prisa. Actuamos desde la impulsividad. No usamos el sentido común. Ni la coherencia. Ni la tranquilidad. Ni la paciencia. Si nos ha pasado tres veces lo mismo, creemos que no tenemos suerte y que insistiendo nuestra suerte va a cambiar”. Error. “Sin embargo, si no cambiamos nada dentro de nosotros vamos a intentarlo otra vez y vamos a elegir mal otra vez. En el amor no hay buena ni mala suerte. Hay aprendizajes. Y hasta que no aprendamos, seguiremos repitiendo el mismo patrón una y otra vez”, confirma la misma profesional.

Repetición en bucle de patrones

La repetición de patrones es un clásico, independientemente de la edad que se tenga y tiene mucho que ver con la falta de autoconocimiento. “Las plantas se nos mueren hasta que aprendamos cuánta agua, cuánta luz y cuántas vitaminas necesitan. Las relaciones son como las plantas, si no sabemos cómo cuidarlas, no nos van a funcionar. Y siempre vamos a atraer al mismo tipo de personas. En el colegio siempre nos han dicho ‘cállate, siéntate y haz lo que yo te diga’. No nos han enseñado a pensar. Somos los únicos animales que nos damos 100.000 veces contra la misma piedra. Y aun así no hemos aprendido, porque no nos han enseñado cómo pensar. No sabemos cómo cambiar patrones. No nos conocemos a nosotros mismos. No hemos hecho un proceso de autoconocimiento. Solemos ser muy superficiales y no sabemos gestionar nuestras emociones”, lamenta Elsa Debra.

Una media naranja predestinada

La idea romántica de que hay una media naranja o una persona predestinada como pareja -admite esta coach- “nos puede llevar a la autodestrucción. Nos puede llevar a estar toda la vida con la misma persona con la que sufrimos a diario, a conformarnos y aguantar toda la vida cosas que, si no tuviéramos esa creencia, no soportaríamos. Nos puede hacer vivir relaciones tóxicas que no terminan nunca”.

Además, aquello que inicialmente nos atrajo de forma exagerada será lo que probablemente acabemos detestando con todas las fuerzas. “Nos puede atraer muchísimo que esa persona sea muy tranquila, porque somos muy activos y no paramos. Y nos gusta la paz que esa persona nos transmite. Pero luego con el tiempo no tiene ganas de hacer planes. Siempre está en el sofá viendo la tele o jugando con la videoconsola. Pierde su trabajo y no busca otro. Así que, lo que nos ha atraído inicialmente, lo vamos a rechazar primero y después detestar. Todo lo que se exagera, cansa mucho”, opina Debra.

Esta especialista en combatir la dependencia emocional cree que muchas veces confundimos nuestros deseos. “Pensamos que queremos una pareja estable y, en el fondo, lo único que queremos es estar en paz. Queremos estar genial. Y eso se puede estar con pareja o sin pareja. Si dejamos de buscar, si sanamos nuestras heridas, si disfrutamos de la vida, atraemos una relación que nos hace feliz. No existen las parejas felices. Existen personas felices que hacen pareja”, concluye.