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Un hombre lancea al Toro de la Vega mientras otros participantes en la polémica práctica lo miran.

El Toro de la Guerra (Vega) recalienta el verano taurino

Partidarios y antis se polarizan ante el nuevo 'torneo' sin sangre y los macabros mensajes en redes sociales a la muerte del torero Barrio

Antonio M. Yagüe
5 min

Nadie se atreve a predecir lo que ocurrirá dentro de un mes en Tordesillas (Valladolid). Pero, a pesar de que la autoridad impedirá que el famoso astado muera lanceado, el polémico torneo ya calienta en agosto más que el sol en una sociedad dividida en dos mitades irreconciliables, taurinos y antitaurinos.

La polémica sobre si el toro debe morir o no, como aunque parezca raro se decretó en el franquismo, sigue si cabe más viva que nunca. El ejecutivo de Castilla y León, en manos del PP y respaldado por el central en funciones, prohibirá este año la matanza del morlaco en público de forma que se quedará en una especie de encierro pero sin ningún tipo de lidia. Incluso se quiere cambiar su denominación por la de Toro de la Peña. El día 15 se conocerá el programa oficial.

Seña cultural

Este giro es admitido como "mal menor" por los animalistas y apoyado por los intelectuales partidarios de la llamada tauromaquia. Pero choca por todos los lados con las autoridades locales y alcaldes de pueblos colindantes, vecinos, asociaciones taurinas, matadores e incluso bares, restaurantes y promotores turísticos. No en vano, la fiesta a la antigua usanza, con el acicate de la bronca, atrae cada año a unas 50.000 personas con el correspondiente negocio.

En una reciente manifestación en la Plaza Mayor de Tordesillas, al grito de "libertad, libertad", los contrarios al veto de matar al toro en público han dejado claro que lucharán a capa y espada por mantener esta "tradición ancestral" de la villa de casi cinco siglos. La consideran una de sus mayores señas culturales y un festejo "insustituible".

Los votos primero

Por contra, miles de personas convocadas por el Partido Animalista (Pacma) abarrotaron la Puerta del Sol el pasado septiembre y entregaron 120.000 firmas a los políticos pidiendo la abolición del festejo. Pedro Sánchez, en campaña hacia el 20D, se comprometió a prohibirlo si llegaba a gobernar. Hoy no parece tan posible y, seguramente, tendría otros asuntos de Estado más prioritarios el año próximo.

Miles de personas se manifiestan contra el Toro de la Vega en Madrid el 12 de septiembre de 2015.

En cualquier caso, el alcalde de Tordesillas, José Antonio González, también del PSOE, es el principal defensor del toro lanceado con recurso tras recurso, contra la Junta de Castilla y León, siempre tirando con pólvora del Rey. Pero el fallo no llegará, en cualquier caso, a tiempo. Los votos y el populismo son lo primero.

Insultos y más crispación

La cita viene, además, enconada. este año por los tuits y comentarios en los muros de Facebook alegrándose por la trágica muerte del torero segoviano, casi paisano, Víctor Barrio en el albero de Teruel.

Las críticas, que incluían a la viuda y a la familia del torero de Sepúlveda, han soliviantado y puesto de uñas al mundo taurino. "Esta muerte ha arrojado un punto de luz a lo que muchos estamos sufriendo", ha denunciado Juan Diego, matador y presidente de la Unión de Toreros.

Nueva regulación

En años pasados hubo palos. En el presente, con un ambiente tan caldeado y un debate tan encarnizado, puede ocurrir cualquier cosa. Observadores imparciales creen que quizá fuera mejor la supresión total del evento. Y que el nuevo Gobierno se tome más en serio la regulación global de estos festejos, sin medidas aisladas como en Castilla y León o prohibiciones parciales como en el caso de Cataluña, donde hace dos años se prohibió la lidia de toros pero no los correbus y otras animaladas.