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Una imagen de archivo de venta ambulante junto a un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona

El 'top manta', el cuento de nunca acabar

La presencia de los 'manteros' en el centro de Barcelona lleva camino de convertirse en un problema crónico

Nuria Vázquez
14.01.2016 12:57 h.
3 min

Como el juego del ratón y el gato. Así podría describirse la situación de los manteros o top manta frente a la policía, y viceversa. Los agentes actúan de modo disuasorio: cuando aparecen, los manteros recogen los productos ilegales que venden y se van. En cuanto la patrulla desaparece, vuelven de nuevo a colocar sus mantas en el suelo.

En ocasiones, incluso, alguno de los policías asusta con una fuerte pisada a algún mantero despistado que no se ha percatado de su presencia para que proceda a la huida. Y así lo hace, sin apenas apresurarse.

El 'pastoreo'

La Guardia Urbana de Barcelona tienen órdenes de “pastorear”, según fuentes del cuerpo consultadas por este diario, “que haya presencia por nuestra parte, evitar que se pongan a vender o invitarles a marchar si ya están en ello. Ahora es un servicio prioritario”.

No lo era antes, cuando según la secretaria de la Asociación de Artesanos de Palau de Mar, Ángeles García, “esto era un mercadillo ilegal libre donde durante dos meses se llegaron a juntar hasta 500 manteros sin que nadie les dijera nada”.

“Es evidente, hay una degradación”, asegura García. “No hay que perder de vista que venden productos ilegales y tienen todos los márgenes. Nosotros hemos perdido casi un 80% de las ventas por culpa del top manta”, añade.

¿Fin de la tolerancia?

El supuesto fin a la tolerancia con llegó el pasado mes de noviembre, cuando Mossos d’Esquadra, Guardia Urbana de Barcelona y Policía Portuaria activaron el llamado dispositivo Colom con el objetivo de combatir esta práctica ilegal.

Actualmente, en la zona que abarcaba el dispositivo no hay presencia de manteros. Sin embargo, vías tan transitadas como paseo de Gracia, Portal de l’Àngel o las Ramblas, entre otras, son ahora el nuevo escenario donde lo que debería ser un agradable paseo por los lugares más emblemáticos de Barcelona puede convertirse en una auténtica carrera de obstáculos.

Para muchos, se trata de un problema endémico cuya solución no parece cercana. “Es un tema que, como es competencia de la Guardia Urbana, nosotros poco podemos hacer”, dice un mosso que patrulla por l’Eixample. “Es más, algunos de los manteros nos avisan a veces de que hay ladrones por la zona y nos dan información que nos va muy bien”, añade.

Un dato inquietante si de lo que se trata es de frenar su actividad ilegal con la presencia policial.

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