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Un chupito de nada

3 min

Es rubia, joven y muy simpática. Tiene una enorme colección de mohínes que despliega cada vez que se equivoca en los pedidos, que es más bien todo el rato.

"Ay, me habíais pedido un agua y una cerveza antes, ¿verdad? Lo he apuntado en la página que no es". Nos trae una ensalada que no hemos pedido y el vino que no es, y retira los cubiertos y los vuelve a poner, y no se acuerda del hielo que llevamos rato reclamando.

En España, los camareros que conocen su oficio son los que están en trance de desaparecer, y en su lugar tenemos una generación nacida de la precariedad, la ignorancia y el desconcierto vital

Pero aguantamos el tipo porque no queremos hacernos mala sangre, porque en estos casos es mejor relajarse y, después de todo, ella es rubia, joven y simpática, y en este país hay mucho paro y de alguna manera tendrá que ganarse la vida, dado que está claro que Dios no la ha llamado por los caminos de la biología molecular.

Hay toda una generación de chicos y chicas en este país que me recuerdan mucho a las generaciones de camareros que poblaban los bares y restaurantes de LA: actores, actrices, guionistas y directores en ciernes que veían lo de servir mesas como una molestia pasajera, y a los clientes como actores fantasmales de la película que vivían en sus escasamente amuebladas cabezas.

El 0,1% lo consigue. El resto sigue trabajando en la hostelería con una amargura mal disimulada. Y, un día, se vuelven a Ohio o a Carolina del Norte, a los 50 años, con la maleta llena de headshots y guiones sin acabar, y consiguen de milagro un trabajo en WalMart.

En España, los camareros que conocen su oficio son los que están en trance de desaparecer, y en su lugar tenemos una generación nacida de la precariedad, la ignorancia y el desconcierto vital.

Cuando terminamos de comer, tras la espera infructuosa de un postre que nunca llega, la rubia se acerca con la cuenta y nos dice con una sonrisa de oreja a oreja: "Si os ha gustado, puntuadnos con muchas estrellas en el Trip Advisor, ¿vale?". Decimos que vale, que por supuesto. Y responde (y esto es textual):  "¡Qué bien! ¿Queréis un chupito de algo o de nada?".