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Negro y criminal

3 min

Café. No podemos vivir sin él. Y a veces es muy difícil vivir con él. El 75 por ciento del café que tomamos en este país es así: negro y criminal. Hay honrosas excepciones, que afortunadamente van extendiendo el amor al buen café, de cultivo ecológico, pagado a un precio justo y elaborado por baristas que conocen su oficio. Pero lo habitual es el chorro de asfalto líquido que ni la nube de leche de a los que nos gusta el cortado ni un par de sobres de azúcar consiguen mitigar el impacto.

El café que se utiliza en la mayoría de los bares es de calidad mediocre y ha sido tostado o torrefactado sin cuidado, prácticamente quemado. Por un euro con cincuenta céntimos como media, probablemente no se puede pedir más.

Italia es el único país europeo donde en el bar más cutre de la cuidad más anodina puedes encontrar con un macchiato caldo excelso rozando la perfección

Italia es el único país europeo donde en el bar más cutre de la cuidad más anodina puedes encontrar con un macchiato caldo excelso rozando la perfección. Y, sin embargo, los bares de nuestros barrios no consiguen llegar a las cotas de infamia de la cadena Starbucks, los reyes del café de bajísima calidad, quemado y amargo, a un precio desorbitado. Una de las razones de la popularidad de los ultracaros mejunjes tipo 'pumpkin latte' o 'gingerbread latte', con ingentes cantidades de nata, es que un 'single espresso' de Starbucks es lo más parecido a un puñetazo en el estómago con guante de púas. Y ahí están, facturando miles de millones de dólares cada año y sin que la moda de caminar por la calle agarrado a un vaso gigantesco con --según el invento de cada temporada-- el equivalente a treinta cucharadas de azúcar parezca remitir.

El café tiene, en líneas generales, dos partes: la que lucha por la clorofila cuando todavía está en la planta, y la que se defiende de las agresiones, hongos y virus, desprendiendo ácidos. Cuando los granos de café se queman, desprenden una acidez que perfora directamente el paladar y la vesícula. El mal café sólo genera mal café.