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El 'doggy bag' cuando no tienes perro

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Llevarse los restos de lo que ha sobrado en el plato en un restaurante ha sido siempre algo a lo que los españoles nos resistimos. La vergüenza, el sentido del ridículo, el miedo a lo que pensarán los de la mesa de al lado o el camarero, nos impiden pedir educadamente las sobras, como sucede en los países anglosajones desde tiempos inmemoriales, donde son los propios camareros los que proponen llevarse a casa lo que ha quedado de la comida cuando el cliente no lo hace.

Esta práctica nació en los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, en un restaurante americano del Greenwich Village: Dan Stampler Steak Joint. El dueño, sabiendo las penurias a las que se enfrentaban algunos de sus clientes, ideó una cajita de cartón con dibujos de perros para ofrecérselo como coartada a aquellos que, sin tener necesariamente perro, ansiaban llevarse a casa las costillas o la carne que había quedado en el plato.

La vergüenza, el sentido del ridículo, el miedo a lo que pensarán los de la mesa de al lado o el camarero, nos impiden pedir educadamente las sobras, como sucede en los países anglosajones desde tiempos inmemoriales

Hoy, esta práctica se ha empezado a adoptar hasta en restaurantes con estrellas Michelin en Francia, en Italia, en Alemania y en los países nórdicos. Su adopción en Europa tiene poco que ver con la precariedad y más con un sentido cada vez mas aguzado del equilibrio ecoambiental. En Francia, quizás el país europeo con mas conciencia de todo lo que llegamos a tirar (recordemos la magnífica película de Agnès Varda, 'Les glaneurs et la glaneuse'), ya se han establecido normas para evitar en la medida de lo posible el creciente aumento de comida sin tocar que tiran los restaurantes: el objetivo es reducir a la mitad esta cantidad en 2025.

En casa, ¿cuántas veces no sentimos una punzada en el estómago, y no de hambre precisamente, al ver las cosas que se pudren en la nevera y que tendremos que tirar? ¿O todo el pan reseco que se tira directamente mientras una de cada ocho personas de este planeta se acuestan con hambre?

Una familia española gasta unos 4.200 euros de media cada año en comida, pero el 25% de esa comida va a la basura. Y destruir esa basura genera un gasto energético y unos recursos que tampoco nos podemos permitir. Así que metámonos la vergüenza en el bolsillo y pidamos un doggy bag y, al llegar a casa, compartámoslo con nuestro perro o el del vecino. O con el gato chino de la suerte del recibidor, que mueve su patita derecha arriba y abajo, arriba y abajo...