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El agua y el miedo

3 min

Te para una chica por la calle. 18 ó 19 años, sonrisa de oreja a oreja, carpeta y bolígrafo en ristre. ¿Tiene un segundito? ¡Es sólo una pregunta! Y tú te paras porque sabes que le deben pagar algo por preguntarte. Porque la precariedad generalizada ya forma parte de nuestras vidas, como el dolor de espalda o los cuñados en los ayuntamientos.

"¿Le preocupa la calidad del agua de su hogar?", te suelta. Y tú dices que claro que sí, que te preocupa mucho. Luego te pregunta tu teléfono para participar en un sorteo y, tras dudar sobre darle uno falso, le dices el de verdad, previendo un acoso telefónico en las próximas semanas. La chica te da las gracias y tú sigues tu camino.

Tratan de convencerte de que el agua de tu casa es una mierda y produce todas las enfermedades imaginables, incluido el dengue y la lepra

A las dos horas te están llamando para decirte que acabas de ganar un estudio completo "científico y riguroso" del agua de tu hogar. Les das largas, que si te pueden llamar en dos semanas para quedar con el ingeniero, que muchas gracias. Volverán a llamarte, claro. Diez, veinte veces, y un día te pones y dices que basta. Que sabes que vendrá un técnico con toda clase de artilugios y test para convencerte de que el agua de tu casa es una mierda y produce todas las enfermedades imaginables, incluido el dengue y la lepra. Y que te meterá el miedo en el cuerpo para venderte un aparato de ósmosis inversa que no sólo es carísimo sino que no mejora ni el sabor ni la calidad del agua, y que además hace que gastes tres veces más cantidad de la que solías, porque el proceso requiere desperdiciar varios litros de agua por cada litro conseguido.

Que a alguien de tu familia ya picó y le engañaron. No vuelven a llamarte. El problema es que la duda persiste. Que al miedo a que el agua del grifo no sea buena (el sabor depende de la Comunidad en la que estés) para la salud, se une la sospecha cimentada en mil blogs de gente que parece saber de qué habla --y en búsquedas en internet-- de que el agua embotellada tampoco es mejor. Y que, además del coste ecológico, las grandes corporaciones (Nestlé, Coca-Cola, etc.) se están forrando vendiéndote a precios astronómicos aguas comunes a las que supuestamente aplican procesos "purificadores".

Eso, unido al descubrimiento, cuando estuviste en Noruega, de que el agua Voss --cuya sofisticada botella de medio litro a cuatro euros se encuentra en todos los hoteles con pretensiones del mundo-- es simplemente agua del grifo de un pueblo que tiene cerca un glaciar, te hace seguir pensando que, de todas las opciones posibles, el agua del grifo es la menos mala. Esto es un sinvivir.