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El anonimato, en no pocas ocasiones, es el escudo protector para denunciar las injusticias.

El anónimo como arma arrojadiza contra la corrupción

Policías, jueces y fiscales tratan de distinguir entre relatos verdaderos, venganzas o incluso denuncias que blanquean información al incorporarse a un sumario

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“Lanzar la piedra y esconder la mano”. Así, a primera vista, puede parecer un acto cobarde. Sin embargo, el anonimato, en no pocas ocasiones, es el escudo protector al que algunas personas se aferran para denunciar las injusticias que conocen sin pagar el alto precio que la delación suele conllevar.

Dicen que la figura de una secretaria que trabajaba en tareas administrativas para el PP de Valencia está tras el anónimo que, una vez en manos de la Fiscalía Anticorrupción, situó a la Guardia Civil tras la pista de la red de blanqueo de dinero que esa formación política había estructurado a través de algo tan simple como cambiar donativos de mil euros, por dinero liquido procedente de la caja B.

Una cuestión personal

El anonimato es la única salida para ese eslabón vulnerable, frágil y último de la estructura contable del partido en cuestión. Dicen que la denuncia en cuestión obedece a la necesidad íntima de esa secretaria de dar a conocer la podredumbre que la rodeaba. 

También dicen que el miedo es libre, pero la valentía de quien toma las riendas de la acción resulta, además, admirable. Si es verdad que esa secretaria existe, su conducta es la antítesis de la cobardía. Lo sabremos en cuento se levante el secreto del sumario.

Anónimos como setas

Pero el uso de los anónimos se ha extendido mucho más allá del ámbito de aquellos ciudadanos-as honorables que reclaman justicia aunque no se fían tantro de ella como para dar la cara.

Los policías, jueces y fiscales consultados por Crónica Global, reconocen que desde hace unos años, y coincidiendo con la espiral de casos de corrupción, la cifra de anónimos que pretenden denunciar a personas y actuaciones sucias, se ha disparado. Por lo tanto, aunque resulte paradójico, cabría pensar, pues, que son muchos los ciudadanos que reclaman justicia aunque no se fíen de ella.

Pero no es así. Llueven los anónimos por despecho, para acuclillar al enemigo, con el único ánimo de socavar o para jactarse del uso y disfrute de un determinado poder. La falta de rigor y las mentiras, pues, abundan.

30 anónimos contra Pujol

La UDEF, ha recibido una treintena de denuncias anónimas relativas a los tejemanejes de la familia Pujol. La mayor parte de la información referida era falsa o tergiversada. Solo una minoría de datos, se han incluido en el sumario, una vez corroborados.

¿Qué prendían esos anónimos? Probablemente, perjudicar a los Pujol o, de paso, perjudicar a aquellos que se sitúan en el espectro nacionalista catalán; o ajustar cuentas por litigios personales; o, simplemente el regocijo de ver al oponente mordiendo el polvo. 

Anónimos para intoxicar

Un comisario del Cuerpo Nacional de Policía, experto en la lucha contra la corrupción va más allá: “A veces lo que buscan es confundirnos, desviar nuestra atención. Otras, directamente oficializar una información para poder luego filtrarla a la prensa con objetivos poco decorosos”.

Policías, jueces y fiscales, miran con lupa los anónimos para separar el grano de la paja. Recuerdan, por ejemplo, que Javier de la Rosa, fue condenado por el caso Gran Tibidabo gracias a una anónimo. Y como éste, decenas de casos más.

Bajo el epígrafe de un anónimo se  agrupan muchas verdades que se deben conocer y muchas mentiras cuyos autores se deben de conocer también.

Un prestigioso y veterano abogado penalista de Barcelona, en conversación con este medio, dejaba sobre al mesa un nuevo vector para el análisis: “¿No serán los anónimos, también, el recurso utilizado por policías, jueces y fiscales, para blanquear determinada información que, de lo contrario, habría acabado encallada y, por lo tanto, inutilizada, en los farragosos canales procesales?