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Fachada de la Droguería Rovira / CG

Droguería Rovira, un comercio centenario de Barcelona que se anticipó a la pandemia

Cuatro generaciones se han puesto al frente de este negocio, en el que que los clientes reciben asesoramiento para adquirir el producto preciso que resuelva sus necesidades domésticas

9 min

En el número 127 de la calle Madrazo de Barcelona, a escasos 100 metros del mercado de Sant Gervasi-Galvany, se ubica la Droguería Rovira, un establecimiento que desde 1910 acompaña a sus clientes en la resolución de los problemas cotidianos de sus hogares y enseres. El local es el reflejo de una esencia de orden caótico en el que cada producto, dispuesto con sumo cuidado en un pasillo estrecho, mantiene una relación histórica con el que tiene justo al lado. Todo en un laberinto de marcas, algunas más modernas, y otras que retrotraen al visitante a épocas pretéritas, cuando se utilizaban otros productos. Al entrar, sentada detrás del mostrador, se encuentra Monserrat Rovira Vendrell, que observa con calma a todo el que entra y sale de la tienda.

En este establecimiento, situado en el corazón del barrio de Sant Gervasi-Galvany, los clientes pueden hallar desde reparadores de zapatos a tinte para ropa, jabón natural, recogedores y productos químicos como quitamanchas, entre muchos otros que integran un extenso catálogo para satisfacer las necesidades de los compradores. Actualmente, la droguería está en manos de Ramon Rovira, la cuarta generación de la familia que gestiona el negocio, que tiene la “esperanza de encontrar un relevo para poder seguir abierto”, aunque su hija “ha estudiado Comunicación y Márketing” y él no la quiso presionar; eligió lo que quería hacer, explica.

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Una vitrina con productos en su interior / CG

Cuatro generaciones y cinco locales

La historia de la Droguería Rovira se remonta a 1910, cuando el bisabuelo del actual gerente, Jaume Rovira Creixell, era boticario en Sant Celoni. En ese momento, decidió dar un cambio a su vida y se marchó a Barcelona para abrir una droguería de aceites, jabones y comestibles. La tienda pasó por diferentes calles: avenida República Argentina, Saragossa y Pàdua. Fue con la segunda generación cuando el establecimiento se trasladó a su actual ubicación, todo en una época en la que Sant Gervasi aún estaba prácticamente a las afueras de Barcelona y no tenía el grado de urbanización que tiene en la actualidad.

La tercera generación de gestores, Monserrat Rovira Vendrell y Francisco Segarra Folguera, centraron su actividad en dotar de un mayor grado de profesionalización al comercio, por medio de la venta de productos muy especializados. Actualmente, la Droguería Rovira es ampliamente conocida entre los vecinos de todo el distrito de Sarrià “y también de toda Barcelona”, explica Ramon, que detalla que también venden “a toda España” a través de una “plataforma de comercio online”. El buen hacer les ha valido numerosos reconocimientos, como el premio de la Generalitat al comercio centenario, concedido en 2014, y la medalla de honor de Barcelona, en 2006.

De una baronesa a un ciudadano de a pie

Los 111 años de historia que tiene sobre sus espaldas dan para muchos momentos para contar y recordar. Uno de ellos fue el día en que se acercó hasta el local “la baronesa Thyssen”. Lo hizo acompañada de dos hombres “que entraron hasta el fondo de la tienda para supervisar el lugar”. Sin embargo, no es el único ejemplo de personas reconocidas que han comprado en este establecimiento. Ramon Rovira explica con orgullo que le vendieron “un bote de pintura Titán, color verde inglés, a Johan Cruyff”. La coincidencia quiso que esta venta se hiciera en el momento en el que el exjugador del Barça, ya fallecido, protagonizaba el anuncio de las pinturas Bruguer, en 1974.

Estos no han sido los únicos casos de clientes peculiares, dado que también han comprado aquí “miembros de la familia Pujol y más recientemente Manuel Valls”, exconcejal de BCN pel Canvi. De este último, Ramon Rovira explica que es un “enamorado del mundo de la droguería". Más allá de este perfil de clientes, en la tienda de los Rovira también compra gente cuotidiana, que vive al día, de todas las edades, y otra “con economías más dotadas”. Las compras, añade, también pasan de generación en generación, es una tradición para muchas familias seguir yendo a esta droguería.

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Un dependiente atiende a una clienta. En primer plano, Ramon Rovira, la cuarta generación de gestores de la droguería / CG

Atención, consejo y proximidad

La esencia del negocio, explica Ramon, es la “calidad, asesoramiento y atención el cliente”. En la Droguería Rovira los clientes saben “que encontrarán un buen producto, que no podrán adquirir en un supermercado”. Esta situación se debe a que en estos grandes establecimientos hay elementos más económicos “porque lo único que les interesa es tener precios bajos, y no tanto la calidad”, mientras que ellos ofrecen “calidad, al precio que sea adecuado y justo, y asumible para los clientes”.

El actual regente explica la naturaleza del negocio por medio de una comparación con los comercios de ropa. Cuando un cliente va una tienda porque quiere un abrigo, por ejemplo, “sabe lo que quiere, va y se lo compra”. Sin embargo, cuando una persona va a una droguería sabe lo que quiere resolver, pero no cómo, o conoce una marca, pero no otras “que le pueden funcionar mejor”. En este contexto, la función de los dependientes “es aconsejar al comprador, con el fin de que haga una buena compra, quede satisfecho y el producto que ha adquirido resuelva su problema de forma efectiva".

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Botes de cristal con sustancias químicas en su interior / CG

Anticipación a la pandemia

Durante los meses de confinamiento estricto, entre marzo y junio de 2020, la droguería fue considerada comercio esencial, por lo que pudo permanecer abierta, en horario reducido, porque optaron “por cerrar por las tardes”. Esta decisión se tomó porque algunos clientes, sobre todo personas mayores, les transmitían “su angustia ante la situación”, algo que resultaba cansado para los comerciantes, explica Rovira. En ese contexto, cambió el tipo de productos adquiridos, y aquellos que la familia había “vendido siempre, como mascarillas, desinfectantes para manos y demás, pasaron a ser los reyes”.

Ramon Rovira confiesa que ellos pudieron anticiparse a la pandemia gracias a la llamada de un proveedor italiano, que les informó de que se veía obligado a cerrar la fábrica. En ese momento y, de forma preventiva, encargó “más cajas de las habituales a los diferentes proveedores”. Esta situación, explica, ayudó a que “en ningún momento” les faltaran mascarillas ni productos necesarios en el marco de la pandemia. Ahora, con la situación un poco más calmada, la normalidad comercial ha vuelto y los clientes no paran de entrar en la Droguería Rovira, un comercio emblemático que ha aguantado contra viento y marea, y que espera poder seguir acompañando a sus clientes durante, al menos, 111 años más.