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Retrato de Tamara Djermanovic con Barcelona de fondo / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

Djermanovic: "Putin es un acomplejado peligroso, se siente humillado y el que humilla es él"

La experta en estudios eslavos analiza la tiranía del Kremlin, el papel de la OTAN en la invasión y la respuesta europea ante el éxodo ruso y ucraniano

17 min

Pocas personas acercan tanto la cultura eslava a Barcelona como Tamara Djermanovic. Especialista en la obra de Dostoevski, esta escritora y profesora de origen serbio se muestra muy crítica con la figura de Vladimir Putin, a quien enmarca en la tradición despótica del poder ruso. Tampoco absuelve a la OTAN, que bombardeó su ciudad natal de Belgrado, de donde huyó mientras gobernaba el dictador Milošević. En el conflicto actual, la también directora del Seminario de Estudios Eslavos de la UPF urge a Europa a ayudar a los ucranianos, pero también a la disidencia rusa que se exilia del régimen.

--Pregunta: Casi nadie previó esta guerra. ¿Cuáles son sus causas?

--Respuesta: De los expertos que nos dedicamos a la cultura rusa, ucraniana, nadie pensábamos que Putin iba a llegar a este extremo. Esta guerra tiene ingredientes del pasado: despotismo del poder, amenazas como la guerra atómica, y, dentro de Rusia, silencio, imposibilidad de que la gente se manifieste, una dictadura que ha establecido Putin. Si miramos la historia rusa, tenemos una tradición de expansionismo del poder. Un buen gobernante pasa a la historia, como Iván el Terrible, Stalin..., cuando se va con las fronteras más ampliadas. Ucrania tiene un pasado de independencia. Rusia la ocupa en el siglo XVIII y se empieza a tratar como región periférica.

Tamara Djermanovic en el hotel Royal Passeig de Gracia / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)
Tamara Djermanovic durante la entrevista / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

--¿Ese despotismo va más allá de Putin?

--Esta guerra es de Putin. Ahora, Putin se enmarca en una tradición de total falta de democracia, miedo a expresar opiniones contrarias, control de los medios, falta de pluralismo político y métodos de que si estás contra mí, te puede tragar la oscuridad. Forma parte de una tradición que se expresó con el despotismo tsarista y luego el comunista, pero parecía que no se podía regresar tan lejos. Otros países excomunistas tienen democracias imperfectas, pero ni en Chequia; ni mi país, Serbia; ni siquiera Hungría pueden pensar que un totalitarismo hasta este extremo es posible como lo es con Putin.

--Usted se exilió durante las guerras yugoslavas. ¿Qué le parece que se dé la espalda a la disidencia rusa?

--En la guerra de Yugoslavia, incluso siendo los serbios los malos, no se veía todo tan en blanco y negro. La situación de los rusos que se exilian es muy dramática. A todos nos preocupa más la gente que huye de Ucrania, pero Europa también tiene que contemplar un modo de ayudar y asesorar a los exiliados de Rusia, porque están desamparados por completo y llegar al extremo de pedir un asilo político nunca lo aconsejaría, porque significa no poder regresar durante mucho tiempo.

--¿Se está reconstruyendo un Muro de Berlín invisible?

--La política rusa es la primera que ha potenciado esta división. Si Ucrania está más cerca de Europa, en Rusia siempre ha habido división de la población y, a través de la propaganda, se ha demonizado a Occidente. El otro día vi la televisión rusa: incluso yo mirando tres días aquello, empezaría a creer en las mentiras que se están propagando. Occidente, por su parte, no ha sabido tratar a Rusia. ¿Ha hecho todo lo posible la política occidental para parar los pies a Putin? Hace cinco años, en una de las universidades estatales, se hacía un debate entre el rector y Navalny. Hace tres años, hubiera sido imposible. Una manifestación de centenares de miles de personas en Moscú ante Putin por unas elecciones que controló a su favor ahora sería impensable.

--¿Ha reaparecido la grieta entre eurófilos y rusófilos?

--Exactamente. Esta rusofilia, este discurso, "si nos abrimos al mundo, nos quedaremos sin alma", perdura desde el inicio de la cultura rusa y Putin ha jugado esta carta. Desde la caída del Muro de Berlín, Rusia ni ha pasado por un largo periodo de tradición democrática ni ha establecido una economía que permitiera que la gente empezara a vivir con real desahogo económico. Piensan que en Europa son más ricos y superfluos y odian a Rusia. Mucha gente se lo cree, no en Moscú y San Petersburgo, pero es un país enorme de 140 millones de habitantes. Mucha gente no tiene acceso a internet, mira la televisión oficial y Putin tiene una retórica muy potente.

Tamara Djermanovic en el hotel Royal Passeig de Gracia de Barcelona / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)
Tamara Djermanovic con Barcelona de fondo / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

--No cala tanto entre los más jóvenes...

--Pero, ¿qué provocan las sanciones económicas? Son necesarias, pero en Serbia, incluso los que no eran antioccidentales pensaban, "encima de tener este dictador, nos fastidian con estas sanciones que van a afectar a la gente corriente". ¿No pueden hacer algo para impedir que funcione la televisión estatal? Ayudar a que funcionen los medios independientes. El dictador que teníamos, Milošević, no tenía la potestad de cerrar todos los medios independientes. Putin lo ha hecho.

--Todavía se escuchan voces críticas.

--Sí, pero una amiga muy crítica me dice que incluso entre sus amigos intelectuales, no son muchos los que buscan una información más allá de la oficial, que propaga que Ucrania ha buscado lo que está pasando.

--¿Quién es Putin, un loco o alguien que calcula su locura para infundir miedo?

--Él no es mesiánico. Es un hombre acomplejado. Un oficial de la KGB que tampoco tiene una gran cultura y tiene un gran complejo. No es un gran líder, tenía una misión que es no pasar a la historia como un simple presidente más de Rusia. Tiene una enfermiza voluntad de poder y se ha rodeado de gente que no se atrevía a llevarle la contraria. Loco en el sentido de que está en su propio delirio, pero sobre todo está acorralado. Un dictador con este delirio de grandeza que se siente acorralado y atrapado puede ser peligroso.

--Ha sabido rodearse de asesores más inteligentes, como Lavrov.

--Sí, pero Putin siempre manda y los grandes dictadores están rodeados por un veto de silencio. No sé hasta qué punto sabe lo que se está diciendo de él, creo que ni le interesa. Está recreándose en este mundo propio y su argumento de que quiere proteger a Rusia. La única cosa que quiero decir sobre la situación actual, sin justificar nada, es el hecho de que Ucrania no entrara en la OTAN: esto era una promesa, un acuerdo verbal que se había hecho hace años y que ahora parece que no se iba a respetar. Puedo criticar mucho a Putin, pero no creo en la bondad de la OTAN, entre otras cosas porque bombardearon mi ciudad natal [Belgrado]. Tener a la OTAN en la frontera larguísima de Ucrania era un peligro para Rusia. Hay que comprender que Rusia se puede sentir existencialmente amenazada. ¿Para qué ha servido la Guerra Fría si otra vez nos estamos posicionando y Estados Unidos ha aprovechado esta situación para apartar a Europa del primer plano a la hora de resolver las situaciones de crisis?

--¿Ha generado malestar que EEUU acorrale con sus alianzas militares a Rusia y China?

--China es una pieza importante en el tablero de ajedrez. Es un país que está en boga y al que hay que prestar atención, pero de momento actúan desde el punto de vista pragmático.

--¿Qué objetivos persigue Putin?

--Putin ha logrado poner en gran parte de los países de su alrededor a presidentes leales a Rusia. Él quiere no ya volver a la URSS, sino restaurar el Imperio ruso del siglo XIX. Le cuesta entender que Ucrania no es su feudo y que allí la gente decidirá. Él se sentía humillado, amenazado. Desde su perspectiva, cuando EEUU hablaba de si habría guerra o no, la retórica bélica era tratarle humillando a Rusia. Tiene un perfil psicológico muy complejo y se ha rebelado diciendo, "a ver, os voy a demostrar que me váis a temer todos y no me importa". Además, la vida humana para Putin no vale mucho, si tiene que sacrificar, ya no a ucranianos, sino a sus soldados, los que sea, 1.000, 10.000…, no le importa. Y esto ha sido otra característica de los déspotas rusos.

--Ese sentimiento de humillación es profundo en la cultura rusa.

--Claro. Y sobre todo cuando tienes a una persona como Putin, que piensa que le están humillando. Entonces se vuleve mucho más duro y enloquece. No sé si estaba loco, pero empieza a delirar. Es un acomplejado que se siente humillado. Una persona muy acomplejada siempre ve que le están humillando aunque no lo estén haciendo. Ve enemigos por todos lados e incluso un amigo muy pronto puede pasar a un enemigo y el que está humillando en realidad es él. Pensemos en lo que hizo a Macron, lo que hizo a su consejo, que los ponía en esa mesa al final. El perfil psicológico de Putin daría para libros.

--Incluso para un soldado, es difícil matar civiles. Para ello, hay que deshumanizarlos, como se hizo con los chechenos. En cambio, ahora el relato es distinto: liberad a los hermanos ucranianos.

--Los soldados rusos son muy obedientes. Muchos vienen de situaciones económicas muy humildes y hay esta responsabilidad de cumplir el deber que hay cuando no se ha vivido una mínima democracia. Hay vídeos de soldados capturados por los ucranianos muy emotivos donde hablan de que les decían que iban a liberar a la población del fascismo y cuando esta población se empezó a tirar delante de los tanques, se han dado cuenta de la situación real. No sabían, parece ser, ni que iban a entrar a Ucrania hasta el último momento. El soldado ruso es un elemento sin más de llevar a cabo una política y no les cuentan como personas.

--¿No están desmoralizados?

--Sí, pero en realidad hay demasiado miedo y otros ingredientes que impiden pensar que es probable una rebelión, porque si se rebelan dos o tres habrán otros que no se rebelarán. Es muy complejo, porque siempre pensamos desde una perspectiva de Barcelona; hay que pensar en el franquismo.

Tamara Djermanovic responde a las preguntas de Crónica Global en el hotel Royal de Passeig de Gracia / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)
Tamara Djermanovic responde a las preguntas de Crónica Global  / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

--Cuando pedimos a los rusos que hablen contra Putin, no pensamos que hacerlo puede impedirles volver a su país.

--Claro. Un ruso se juega mucho. El que está fuera tal vez menos, pero para ellos es mucho más difícil. Depende de donde trabajan… Pero también es sorprendente cuánta gente hay dispuesta a prestarse a la maquinaria de la guerra, desde la propaganda a otros niveles.

--En Barcelona, están apareciendo grafitis con la 'Z' blanca pro-Kremlin.

--Siempre encuentras radicales, gente que irá a la guerra de Ucrania simplemente porque tienen ganas de matar y pasar impunes. Son casos aislados, pero lo malo de las guerras es que todo el mundo se radicaliza. No hay que simplifcar, las cosas nunca podemos verlas solo en blanco y negro, pero una guerra como la que está pasando no tiene ninguna justificación, porque en Ucrania vivían muchas etnias, la ucraniana, la que hablaba el ruso, incluso prorrusa, y tenemos un éxodo, un sufrimiento y una destrucción material, personal y psicológica de unas dimensiones que nos trastocan a todos y que nos van a afectar a todos.

--¿Qué opinión le merece la rusofobia?

--La rusofobia se articuló al principio, pero se está calmando. Por ejemplo, respecto a la cultura rusa es una barbaridad censurar a Tarkovsky o a Dostoevski, porque precisamente fueron grandes autores rusos que desafiaron el despotismo del poder y pagaron por ello.

--A pesar de todo, hemos visto una ola de solidaridad.

--Es potente, impresionante. En la UPF, la semana que viene, organizamos un acto para ayudar a los refugiados, pero no para teorizar, sino con propuestas muy concretas. Yo no fui refugiada, pero me desplacé. Sé que un refugiado, después de cubrir sus necesidades materiales básicas, quiere integrarse a la vida normal. En cada ámbito tenemos que pensar qué podemos hacer. Desde la universidad, ¿podemos acoger a algunos jóvenes para darles clases? ¿Hay gente rusa, ucraniana que pueda participar en algún ámbito cultural, alguna aula de teatro? Esto es muy importante. Confío en que pronto Putin decidirá buscar una solución para salir de algo en lo que no imaginaba estar tan atrapado y que le daría tan mala fama. No sé hasta cuándo puede aguantar el país estas sanciones. Esto es más una visión que uno quiere tener, pero se están moviendo un poco las fichas.