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La Diada según se mire y el punk rock

La prensa afecta al independentismo subraya que el movimiento aguanta a pesar de la reducción de efectivos. El resto de los medios constata el fracaso y el hartazgo

12 min

El himno de España es el nuevo hit del punk rock. Había que ver la cara de ese presidente de la Generalitat intentando cantar Els Segadors mientras las notas de la Marcha Real atronaban en la desapacible mañana catalana. Mayúsculo sofoco de los Mossos d'Esquadra, cuyos agentes no pararon hasta dar con los dos sujetos que tuvieron la osadía de perturbar de tal manera la sagrada y consagrada ofrenda floral en la estatua del glorioso Rafael Casanova, acto litúrgico preñado de una enorme y emotiva carga simbólica para quienes comulgan con la rueda de molino del independentismo irredento. 

Los Mossos identificaron a los dos disolventes que pusieron el himno nacional a toda pastilla y elevaron un acta por una supuesta alteración del orden público, pero lo llevan claro para empurar a los activistas hispanofilos. Todo lo más que se les podría aplicar es la ordenanza municipal sobre decibelios, algo que nadie entendería en una ciudad que permite que los patinetes circulen por encima de los peatones o la venta ambulante de esteladas sin licencia municipal.

Total que sonó el himno en el instante supremo en que embargado por la emoción el president Torra entonaba con gesto fúnebre el himne y aquello fue como el God save the queen en una comunión. Así lo cuenta Sabino Méndez en La Razón: "El mejor símbolo del pinchazo catalanista en la Diada de este año sería la cara de fastidio de Torra cuando en su ofrenda anual al monumento de Casanova unos bromistas hicieron sonar a todo volumen el himno de España mientras él intentaba cantar Els Segadors. Todo su semblante reflejaba un hastío milenario, el tedio infinito de aquel que, por más que insiste, lo único que consigue es que sus paisanos se lo tomen a chacota. Sabotaje. Más de la mitad de los catalanes lo respetan tan poco que no ven inconveniente en gastarle bromas pesadas incluso en los momentos más sagrados. La debilidad de los líderes del independentismo, las promesas incumplidas que ahora se muestran como simples mentiras o delirios, las situaciones ridículas que se repiten una y otra vez, marcan el ceño de Torra con un gesto de fatiga, como si estuviera pensando que, de no ser por los casi diez mil euros mensuales que le van a seguir cayendo del cielo público mientras dure todo esto, quizá no valiera la pena seguir con la pantomima. Su poca convicción, su incomodidad, era tan patente que le costaba expeler el aire para cantar esos himnos del imaginario boy-scout que piden buenas cuchilladas nacionalistas. Cataluña parece, en días así, el escenario de una comedia italiana de Fellini, donde la mitad de una aldea se dedica a chinchar a la otra mitad con especial regodeo en ridiculizar a los señorones".

Portada de 'La Vanguardia' del jueves 12 de septiembre
Portada de 'La Vanguardia' del jueves 12 de septiembre

La mitad, dice Méndez, pero se queda corto, según la versión de la jornada de Arcadi Espada en El Mundo, que arranca así: "Siete millones cuatrocientos cincuenta mil catalanes declinaron asistir este miércoles a la manifestación convocada por los nacionalistas. La cifra es notablemente superior a la de otras convocatorias. Yo intuí la avalancha desde que vi que los que salían este año iban con la segunda equipación, una camiseta color turquesa caribe. Hay millones de catalanes que nunca han participado en la Diada y que nunca lo harán. Su visibilidad ha sido casi nula en estos últimos cuarenta años. Solo el 8 de octubre de 2017 muchos de ellos pisaron la calle por primera vez deseando que fuera la última. Se trata de la otra mitad de Cataluña y la principal razón de que la independencia unilateral -unilateral quiere decir no solo al margen del Estado, sino también al margen de la mitad de los catalanes- haya fracasado".

En el ABC es Salvador Sostres quien traza la crónica del multitudinario fracaso independentista: "Fue la primera Diada en que los manifestantes ya no fueron pensando en la inminencia de lo que querían conseguir sino más bien en el desánimo que querían disimular. Estaban más pendientes de dejar claro que no se han rendido que de una república que ni estuvo ni se la esperaba. No han dejado de ser independentistas pero han dejado de ponerle fecha. La farmacéutica de Puigcerdà, que es nicaragüense, bajó acompañada de su hijo, que administra los chalets de lujo de Urús. El chico, que está en la treintena, no quería acudir «pero si no voy, mi madre me mata. Ella sabe que se ha acabado, pero no quiere admitirlo». Pocas esteladas en los balcones, y normalmente de piso bajo. La sensación es que, por lo menos en Barcelona, los ricos han dejado de hacer el idiota".

Muy optimista se muestra Sostres con los ricos, categoría especialmente propensa al ridículo. En La Vanguardia, Pilar Rahola reconoce que escribe antes de la manifestación, pero "es evidente que las cifras serán nuevamente estratosféricas". Claro que sí, aquello de que la realidad no te joda el titular. También Sergi Pàmies se apunta a la teoría del éxito sin paliativos y arranca así su artículo: "Como no existe un sistema fiable para contar a los manifestantes que ayer ocuparon varias calles y plazas de Barcelona, confíen en mi criterio: la hostia de gente. La distribución del espacio propicia que la densidad parezca desigual pero basta mirar un mapa para entender que la superficie susceptible de ser ocupada es colosal, por decirlo a la manera de Carlos Pérez de Rozas".

Menos estratoférico y colosal resulta el artículo de Màrius Carol, que califica la manifestación de "multitudinaria pero con cifras de manifestantes notablemente inferiores". Y explica: "La división en el mundo independentista ha sido, sin duda, desmovilizadora. En cualquier caso, haría bien el Gobierno de España –y la oposición– en no dar por muerto al independentismo. A pesar de los errores no reconocidos en público por sus dirigentes, la carga emocional sigue viva. Y si la sentencia, como se intuye, es condenatoria, la respuesta no será menor, aunque también entre los republicanos y los neoconvergentes hay divergencias sobre cómo abordarla. Dos millones de votos soberanistas no van a desaparecer de un día para otro. El Gobierno necesita más que nunca disponer una estrategia inteligente para dar solución a los problemas que agobian a la sociedad catalana. Y no estaría de más que Albert Rivera tuviera alguna iniciativa que no fuera aplicar el artículo 155 de la Constitución en Catalunya. En día tan señalado en el calendario, volvió insistir en ello en el Congreso supuestamente para desgastar a Pedro Sánchez, lo que provocó su dura respuesta".

La Vanguardia, pues, resiste, aunque ya no dedica como antaño toda la portada y la contraportada a la manifestación. 

Los medios también se ocupan de la actualidad nacional. Ayer hubo sesión de control en el Congreso a despecho de los diputados de ERC, que se negaron a asistir por la Diada. Sí que estuvo la posconvergente Laura Borràs, pero para decir que a nadie se le ocurriría abrir la Cámara un Doce de Octubre. Dicho lo cual, tomó el AVE para asistir en vivo y en directo a la manifestación. El caso es que en la carrera de San Jerónimo escenificaron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias su distanciamiento. Hoy ha citado el Rey a Meritxell Batet para principiar la ronda de contactos que si nada ni nadie lo remedia concluirán con la repetición de las elecciones generales del 28 de abril el 10 de noviembre.

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Portada de 'El País' del jueves 12 de septiembre

A continuación, los titulares sobre la Diada de la mayoría de los medios: Pinchazo y división en la prensa digital no afecta al régimen nacionalista y entusiasmo sin cifras en los medios de la causa torrista.

Crónica Global: El independentismo flaquea y sufre su primera derrota interna

El Confidencial: El independentismo pasa dividido la Diada a la espera de una sentencia que lo una

El Independiente: La división pasa factura al independentismo a las puertas de la sentencia sobre el 1-O

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El Diario: El independentismo pide al Govern prepararse para romper con España pero ya no le pone plazos

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El País: Foto de portada: Una Diada menos multitudinaria (El Supremo impide los desahucios con doce meses de impagos

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