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Audiencia Provincial de Barcelona, donde se juzga al acusado de la violación de seis menores, en una imagen de archivo / EUROPA PRESS

“Después de violarme, me llevaba al cine y a comer un helado”

Las víctimas de un presunto agresor sexual, íntimo amigo de sus padres, relatan ante el TSJC las brutales violaciones a las que fueron sometidas durante años cuando eran menores de edad

8 min

“Yo lo consideraba como un padre para mis hijos”, ha comenzado su declaración la madre de dos menores, presuntas víctimas de abusos y agresiones sexuales por parte de un amigo íntimo de la familia.

Desde este lunes, la Audiencia Provincial de Barcelona juzga a J. M. S. T. por haber, presuntamente, violado por vía oral, vaginal y anal a seis niños, hijos de dos parejas de las que el acusado era íntimo amigo, durante más de una década. Sin embargo, el proceso judicial ha supuesto un jarro de agua fría para una de las víctimas, la que destapó a este presunto depredador sexual, cuyo caso ya ha prescrito.

En ausencia de los padres o celebraciones

Según el Ministerio Fiscal, entre 2007 y 2018, el sospechoso aprovechó la ausencia de los progenitores de los niños con motivo de varios viajes a su país de origen para hacerse cargo de los menores durante largos periodos de tiempo. Tal y como él mismo ha reconocido, se quedó al cuidado de los pequeños, a los que acogió en su casa durante dos meses. Aprovechando la confianza de los niños, de los que era padrino, los invitó a dormir en su habitación. El acusado colocó un colchón en el suelo, en algunas ocasiones, o los subió a su propia cama, en otras, para presuntamente realizarles tocamientos de índole sexual y violarlos.

Estas agresiones se producían también en celebraciones en las que el acusado pernoctaba en casa de las familias de los niños. En ese caso, se colaba en las habitaciones en las que dormían los menores o los invitaba a ver la televisión con él en el sofá.

Presunta compra de su silencio

“Como yo soy bastante estricta con los niños, J. M. S. T. se ponía a hacer los deberes con ellos y a ordenar la habitación para llevárselos pronto y que yo los dejara ir con él”, recuerda la madre de dos de los menores. Para comprar el silencio de los niños, recuerda el padre, los agasajaba con multitud de caprichos. “Les daba regalos caros aunque no fueran fechas señaladas”.

No obstante, los niños comenzaron a mostrar señales de alerta que sus padres, inicialmente, no supieron interpretar: bajo rendimiento escolar, cambios de humor bruscos, rebeldía, incontinencia urinaria nocturna o problemas de habla. “La niña volvía enfadada, se encerraba en su habitación”, ha recordado la madre. Sin embargo, ha explicado, no supo el origen del cambio de comportamiento de los menores hasta que se lo confesaron porque nunca desconfió del que fue amigo de su marido desde la infancia.

En tratamiento psicológico

Las secuelas psicológicas que acarrean los niños, todavía menores, aún perduran. Según el relato del padre de dos de las víctimas, su hija de tan solo 12 años ha plasmado en su diario, varias veces, pensamientos suicidas. Su otro hijo, cuatro años mayor, vive encerrado en su mundo, en una burbuja. “Está pero no está”, le ha explicado al jurado con la voz entrecortada. Teme que revivir las agresiones de las que fue víctima suponga para él un retroceso en su recuperación.

Las víctimas, tanto directas como indirectas, han estado arropadas por varias psicólogas que el TSJC pone a disposición de los perjudicados. Además, los letrados han solicitado su declaración vía telemática o protegidas por un biombo para minimizar el impacto emocional que supone revivir el duro trance de encontrarse con el presunto agresor.

“Le pedía que parara”

Una de las víctimas, de 12 años ahora, 8 en el momento de los hechos, ha relatado este lunes ante el tribunal las salvajes agresiones sexuales a las que presuntamente fue sometida por parte del acusado. “Sentía miedo, yo era muy pequeña al lado de él. Le decía que parara, pero no me hacía caso”, ha recordado ante la sala.

Primero los amenazaba con hacer daño a sus familiares, haciéndose servir de su profesión como militar. Después, para que no rompieran su silencio, les ofrecía consolas, bicicletas, patinetes, viajes, ropa o chucherías. “Después de que esto pasara me llevaba al cine o a tomar un helado”, ha referido la menor.

El acusado habla de complot

La defensa del acusado basa su estrategia en la supuesta envidia enfermiza de uno de los padres por la estrecha relación que sus hijos mantenían con el sospechoso, al que llegaron a llamar, según él, papá. Alega que, por estos celos, el padre aleccionó a sus hijos para que declararan ante los Mossos d’Esquadra que es un pederasta. Su letrada ha añadido que fue el progenitor quien explicó cuestiones sexuales a los menores, que después estos repitieron durante los interrogatorios.

Para el examen del médico forense, la abogada defensora ha hecho referencia a un supuesto episodio relacionado con un tío paterno de una de las niñas, sobre el que ha sembrado la duda en la sala insinuando que habría sido él el presunto autor de la agresión sexual sufrida por la menor a la edad de 4 años y que explicaría las lesiones que esta presentaba en sus partes íntimas en el momento de la exploración. Finalmente, para la denuncia de las cuatro hijas de la otra familia, que lo acusan de los mismos delitos, el acusado se ha defendido argumentando que se trata de un complot por haber rechazado mantener una relación sentimental con una de las menores.

Petición de 63 años de cárcel

Sin embargo, el Ministerio Fiscal no se cree este extremo y mantiene su petición de 63 años de cárcel para el acusado, que permanece cumpliendo prisión provisional desde principios de 2019 por estos hechos de extrema gravedad.