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Rosa Peral en un paseo en bicicleta / CG

Crimen de la Guardia Urbana: Rosa Peral, una mujer tranquila

La agente, encarcelada por la muerte de su novio, vive el registro de su casa en el jardín junto a su padre y sus perros

2 min

Tranquila. Reconfortada por el sol que ayer lucía en la comarca de El Garraf. Junto a su padre y a sus dos perros. En un banco del jardín. Así vivió ayer Rosa Peral las casi dos horas de inspección policial (la segunda) de su casa en Vilanova i la Geltrú.

Los agentes de los Mossos d'Esquadra trasladaron a la investigada en una furgoneta procedente de Brians. Rosa entró en su casa en compañía de sus abogados y de la comitiva judicial encabezada por la juez. Mientras los científicos de la policía buscaban rastros de sangre en el suelo de la planta baja y en una repintada pared (aparecieron cuatro restos en el suelo y cerca de la puerta de salida), Rosa pasó esas dos horas charlando con su padre y acariciando a sus perros.

'Mosso' amable

En un momento dado, en plena inspección en el interior del domicilio, un mosso d´esquadra se le acercó y atendiendo al fuerte sol que pegaba en aquel jardín le ofreció retirarle las esposa par que la investigada pudiera quitarse la chaqueta. Ella lo agradeció y se desposeyó de esa prenda tras lo que, de nuevo, fue esposada.

Su padre sólo se ausentó un minuto del banco que compartía con su hija en el jardín. Fue, a instancias de la juez, para abrir un cuarto trastero en la parte posterior de la casa. La juez buscaba una motosierra. Y apareció una, efectivamente, solo que oxidada, antigua e inutilizada desde hacía años. Los mossos ni si quiera se la llevaron. Concluida la inspección, Rosa Peral volvió a la cárcel pero según testigos de esa inspección tuvo un momento para intercambiar cuatro palabras con la juez. Se ignora de qué hablaron.