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Una foto de la  Guardia Urbana, Rosa Peral, y Pedro juntos / CG

Crimen de la Guardia Urbana: ni hubo motosierra ni se troceó el cadáver

Cuando un vecino de Rosa dijo haber oído el ruido de una motosierra, Pedro ya había sido asesinado, un día antes, calcinado en el pantano de Foix

3 min

Los Mossos d'Esquadra creyeron ver en la información que contenía el teléfono móvil de Rosa Peral indicios que alimentaban la hipótesis de un cruento asesinato, con todos los ingredientes propios de una verdadera película de terror. Los Mossos identificaron un whatsapp enviado por un vecino a la agente de la Guardia Urbana acusada del crimen de Foix en el que, por aquellas fechas, hablaba de que "el ruido de una motosierra no me había dejado dormir".

La aparición de ese elemento, la motosierra, cargado de connotaciones funestas en la historia del periodismo y de la novela y el cine criminal, hizo pensar que Pedro Rodríguez pudo ser asesinado con esa máquina o, una vez muerto, descuartizado antes de ser trasportado al pantano de Foix y prenderle fuego.

Nuevo registro

Hace dos semanas la juez de instrucción número 8 de Vilanova ordenó una nueva entrada y registro en casa de Peral, el lugar dónde el día 1 de mayo del año pasado murió Pedro Rodríguez. Allí se buscó sangre y una motosierra. Era evidente que la juez había asumido las sospechas de los Mossos y contempló esa hipótesis. La motosierra no apareció pero, efectivamente, se busco con afán.

Ahora se ha sabido que la perspicacia de los mossos fue excesiva. Ese mensaje de whatsapp que levantó tantas sospechas y expectativas entre los investigadores y entre una parte de la opinión pública se envió a las diez de la mañana del día 3 de marzo, 24 horas después de que muriera Pedro Rodríguez en el maletero de su coche junto la pantano de Foix.

Motosierra fantasma

Por lo tanto, quien quiera que pusiera en marcha una motosierra, un cortacésped o cualquier otra máquina en los aledaños de la vivienda de ese vecino nada tenía que ver ni con el asesinato ni con un eventual descuartizamiento. Preguntado por los Mossos, ese vecino no recuerda ni tan siquiera haber enviado ese mensaje.

De los dos imputados, sólo uno, Albert López, declaró que vio el cadáver. "Estaba en el interior del maletero cuando me lo enseñó Rosa", dijo. En ningún momento habló de una cuerpo descuartizado. De nuevo, la literatura negro-criminal campa sobre un caso que sigue presentando demasiados claroscuros y demasiadas exageraciones.