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Rosa Peral, que dice que "Albert es la maldad", con una de sus hijas en un estudio fotográfico / CG

Crimen de la Guardia Urbana: Rosa dice que "Albert es la maldad"

Peral, en declaraciones a este medio, teme que el hermano del principal sospechoso de la muerte de Pedro pueda agredir a sus hijas

6 min

“Nunca he visto tanta maldad en una persona como la he visto en él”. Así se expresa Rosa Peral en declaraciones a este medio efectuadas desde la cárcel de Brians 1, en la que permanece recluida de forma provisional por orden de la juez de Instrucción número 8 de Vilanova i la Geltrú, que investiga la muerte del guardia urbano Pedro Rodríguez, por la que también está recluido el agente Albert López, examante de Rosa.

En estas manifestaciones, Rosa Peral se refiere a la infancia y también a la familia de Albert López. Lo hace con base en aquello que él mismo le explicó mientras mantuvieron su relación (coetánea a la última etapa del matrimonio de Rosa con Rubén Carbó y anterior a la relación que inició con Pedro).

Familia desestructurada

Los padres de Albert murieron cuando éste era muy pequeño. Albert tenía dos hermanos menores, Mercedes e Iván.  Según me dijo, ambos habían pasado largas temporadas en la cárcel. Con sus hermanos acostumbraba a salir a robar sobre todo a centros comerciales. Así, si les pillaban, se lo imputaba a ellos, al ser menores, me decía. No quería creérmelo, pero un día, en el coche policial (en el que disponemos de un ordenador con una base de datos de todas las personas con antecedentes) me enseñó las fichas de ambos. Más tarde pude comprobar que la hermana había estado encarcelada del 2002 al 2006 y el hermano hasta 2017”.

“Siempre hablaba de su hermano como que era peor que él, aunque ahora no logro imaginarme a una persona como el monstruo que vi en Albert --apostilla--. Me daba miedo lo que pudiera hacer si, una vez en la cárcel, mandaba a su hermano a por los míos, por ese motivo pedí que custodiaran a mis hijas en todo momento. Mi preocupación no era estar presa, eran ellas”.

Miedo

De nuevo, la agente de la Guardia Urbana apela al miedo por las amenazas que le infirió Albert López para justificar por qué no le denunció, al menos durante 10 días, ante la policía sobre lo ocurrido en su casa aquel 1 de mayo en el que perdió la vida Pedro Rodríguez, según Rosa, a manos de un enloquecido por los celos Albert. Insiste en el miedo para justificar por qué acompañó a Albert al pantano de Foix “sin saber que llevaba en el maletero el cuerpo sin vida de Pedro”.

“Sé a qué colegio van tus hijas, dónde vives, dónde viven tus padres y te encontraré”, dice Rosa que le insistía Albert.

Turbio pasado

Rosa Peral asegura que durante sus encuentros con Albert, éste le dijo en varias ocasiones que le encantaba buscar pelea, que buscaba cualquier excusa para ello, que de joven se dedicaba a aporrear a otros muchachos sólo por el divertimento de robarles la chaqueta para luego venderla en los aledaños de discotecas de música máquina como Scorpia.

“Eran bravuconadas o no, no lo sé (era como un niño al que le gustaba hacerse el “malote”). pero en alguna ocasión llegó a decirme que mató a un mendigo, por el placer de hacerlo, al salir de una de esas discotecas. En otra ocasión me dijo que le destrozó las costillas a golpes a un muchacho mientras se entrenaba en el gimnasio donde practicaba boxeo”.

Ni se lo explica

“¿Que… por qué pude establecer con él, con un tipo como éste, una relación de pareja durante aquellos meses? Pues no lo sé --se responde Peral--, creo que va con mi carácter. He llegado a pensar que Albert vio en mí a la madre que nunca tuvo y que yo por alguna extraña razón tengo una predisposición a mantener una afectividad maternal sobre personas como él”..

“Debe de ser lástima, o un instinto protector. Lo único que sé es una cosa –añade--: algo no debí ver claro cuando a Albert jamás lo introduje en mi círculo próximo de familia o amigos. Cuando lo dejé con él y conocí a Pedro, Albert se empezó  vestir como él, se dejó barba como él y se compró su misma moto”.