Menú Buscar
Dos guardias urbanos en una patrulla de Barcelona / CG

La Guardia Urbana desconoce cómo actuar ante un episodio por contaminación

Algunos agentes reciben la orden y el dispositivo de servicio horas antes de la implementación de la medida y otros ni siquiera lo tienen

01.12.2017 00:00 h.
5 min

La medida entra en vigor este mismo viernes, pero los agentes de la Guardia Urbana de Barcelona (GUB), quienes deben hacer cumplir con la legislación (Decreto de Alcaldía de 9 de noviembre de 2017), no saben cómo deben actuar ante un caso de restricciones de tráfico por episodio de contaminación.

Miembros de la Policía Local de la capital catalana explican a Crónica Global que, a menos de 24 horas de la puesta en marcha de la iniciativa y en la que juegan un papel primordial, están empezando a recibir la orden de servicio que describe las instrucciones de actuación ante la activación de la Zona de Bajas Emisiones Episódica. Los que trabajan en las comisarías de los municipios colindantes donde también afecta la medida (L’Hospitalet de Llobregat, Cornellà, Esplugues y Sant Adrià de Besòs) no solo no la tienen, sino que no han recibido ni un solo input por parte de nadie.

Sin formación

Los primeros la recibieron este martes, 28 de noviembre, pero muchos ni siquiera la tenían la tarde de este jueves. “Esto va así, primero prohíbo y luego ya explicaré lo que hay que hacer”, ironiza un agente, y añade que nadie ha obtenido ningún tipo de formación sobre el operativo.

“Es un ejemplo más de la falta de previsión y la dejadez de Colau al frente de la ciudad”, dice Eugenio Zambrano, secretario general del sindicato mayoritario de la GUB, CSIF. Critica la desinformación hacia los que, precisamente, deben manejarla a la perfección y recuerda que es la propia alcaldesa la que lidera el área de Seguridad.

Achaca la situación a “la crisis política y el desgobierno” y añade que los ayuntamientos tienen una estructura suficientemente consolidada --en especial el de Barcelona-- como para haber sabido reaccionar ante una situación como esta. “No hay excusa”.

Información de la web

Los agentes han recibido dos documentos. El primero, un procedimiento operativo en el que les dibujan los cuatro escenarios posibles: el de seguimiento atento sobre la evolución de los niveles de contaminantes; el de aviso preventivo, en el que se riegan con agua freática las plazas y parques no asfaltados, se intensifica el control del plan de ambientalización de las obras y se restringen las actividades polvorientas en las obras; el de la declaración del episodio de contaminación, donde se restringe la circulación de los coches más contaminantes; y el de emergencia.

En este documento, al que ha tenido acceso Crónica Global, se recuerda que la competencia es de la Generalitat de Cataluña y se explica que, en las fases de alerta, es esta Administración la que tiene que dar el aviso. El resto de información es un copiar-pegar de la página web del Ayuntamiento de Barcelona en la que explica lo que son las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), la señalización que se utilizará en estos episodios y los diferentes tipos de etiqueta de la DGT que existen.

48 patrullas por turno

El segundo documento, sobre el dispositivo de servicio, delimita las zonas y horarios en los que trabajarán los agentes, los vehículos que están exentos de multa si circulan por la ciudad en estas casuísticas, los criterios de intervención y la distribución de los efectivos.

En todas las Unidades Territoriales (UT) de la Guardia Urbana de Barcelona se dedicarán cuatro agentes del turno de mañana y cuatro del turno de tarde. Sumando los ocho policías cada uno de los diez distritos, más los ocho de la Unidad Central de Tráfico, resultan un total de 48 agentes por cada turno, 96 en total.

Poco más saben los agentes acerca de su función durante estos episodios. Además de que los mandos de cada unidad se han de encargar de “asegurarse de que toda la información que hay que introducir en los sistemas informáticos esté actualizada dentro de los términos previstos”. Se sorprenden de que no se realice una prueba piloto y se llevan las manos a la cabeza ante la falta de información, también, hacia la ciudadanía.