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Conse Andechaga durante el proceso de creación de una de sus obras / CEDIDA

Conse Andechaga: “En Barcelona, el arte urbano se equipara a la prostitución”

El artista expone su obra en una galería por primera vez, una situación que espera que sea el primer eslabón para conseguir el reconocimiento que cree que merece esta forma de expresión

12 min

Conse Andechaga (Barcelona, 1994) es grafitero, muralista y artista urbano. Su trayectoria en el mundo de la creación empezó a los 12 años, cuando tuvo dinero para comprar sus primeras latas de pintura. Desde ese momento, comenzó a crear encima de naves industriales, estaciones de tren y en paredes abandonadas. Con el tiempo, su destreza le ha convertido en uno de los artistas urbanos más consolidados del momento y con amplio reconocimiento en Barcelona y Nueva York.

La calidad de sus obras ha llamado la atención del público y de los expertos, una situación que le ha abierto las puertas de Villa del Arte Galleries, en el barrio Gòtic, donde sus últimas obras estarán expuestas hasta el próximo 15 de julio. Este hecho es un hito desde el momento en que para muchos el arte urbano sigue siendo el hermano pobre de la creación, que ahora de su mano ha conseguido penetrar en un templo de la expresión. Es por ello que Andechaga espera que el reconocimiento que supone para él exponer en una galería sirva como referencia e inspiración para los demás artistas del ramo.

--Pregunta: En primer lugar, ¿qué supone para usted poder exponer su obra en una galería de arte de Barcelona?

--Respuesta: Sin lugar a dudas, supone un reconocimiento extra a mi obra, dado que la valora más allá de su espacio natural en la calle. Es verdad que yo también he creado obras de estudio, pero estar en una galería es un privilegio. Me siento afortunado, porque he llegado aquí saltándome pasos y porque lo he hecho por medio de las decisiones que he ido tomando. Por ejemplo, yo no tengo estudios en Bellas Artes, que es la carrera que normalmente te abre la puerta a estos espacios, pero me he pasado 15 años pintando por la calle. Exponer en este lugar es un paso más, aunque, a pesar de que llevo muchos años pintando, aún siento como si estuviera empezando. Estar aquí es también un reconocimiento para el colectivo de artistas, pero, sobre todo, para el niño de 12 años que empezó a pintar y que hoy soy yo.

--¿En qué momento decide usted crear una obra y encuadrarla en el entramado urbano, a la vista de todos los que pasen por delante?

--En ningún momento tomé la decisión. Surgió de forma natural y orgánica. Yo nací en el Born y ya desde pequeño empecé a desarrollar interés por las obras a pie de calle. Me di cuenta de que me gustaba lo que hacía esta gente que se dedicaba a pintar sus nombres y sus obras en la vía publica y decidí probarlo. En un primer momento, lo hacíamos con latas que los grafiteros más mayores tiraban en los contenedores. Más o menos tenía 8 años cuando empezó a despertarme inquietudes y 12 en el momento que tuve dinero para comprar mi primera lata de pintura.

Conse Andechaga durante el proceso de creación de su última obra, el mural de El Raval dedicado a Makha Diop / CEDIDA
Conse Andechaga durante el proceso de creación de su última obra, el mural de El Raval dedicado a Makha Diop / CEDIDA

--¿Considera que es una buena época para el arte urbano en Barcelona?

--Creo que no, no lo es, dado que vamos con 15 años de diferencia en relación a los países nórdicos. Esta situación se debe a que la Administración no juega a favor de que se puedan realizar expresiones artísticas en la vía pública, más allá de aquellas que se derivan del vandalismo, que no cumplen las ordenanzas al respecto. Todo el sistema se rige por las normas que se fijaron hace 25 años y lo que se ha conseguido con esta forma de hacer es que los artistas han dejado de expresarse, pero el vandalismo sigue aquí. De esta manera, las pintadas vandálicas han proliferado por toda la ciudad mientras que las obras de arte se han resentido.

--Desde el punto de vista del autor, ¿qué diferencia a dos ciudades como Nueva York y Barcelona a la hora de proyectar sus obras?

--Es bastante similar, aunque la prohibición del grafiti en Nueva York es peor que en Barcelona. En esta ciudad se practica el muralismo contratado, pero no puedes hacer arte en la vía pública. Los muros para crear o se contratan, o están bajo el poder de bandas o empresas. Las sanciones son equiparables, aunque actualmente en Barcelona si no hay denuncia de particulares no se meten tanto, y es por ello que en los últimos 10 años ha bajado la persecución hacia nosotros. Por ejemplo, en 2010 me detuvieron y pagué 1.200 euros de multa. Sin embargo, recientemente a un conocido que hizo lo mismo la Guardia Urbana le puso una sanción de 75 euros. A pesar de este hecho, hay que tener muy presente que la ordenanza actual equipara el arte urbano a la prostitución.

--En esta época de pandemia, ¿cree que ha habido un aumento de las expresiones artísticas en las ciudades como sinónimo de liberación? 

--Creo que el arte urbano siempre ha tenido esta intención liberadora, pero a raíz de la pandemia se ha despertado un mayor interés por parte del público. De hecho, hay turismo de grafitis, gente que viene de Italia y Francia a fotografiarnos. Es más, la transversalidad del arte urbano va más allá, porque ha generado una interconexión entre generaciones, dado que hay personas de 60 o 70 años que hacen turismo y buscan a artistas para seguir sus obras y elaborar una especie de porfolio.

--¿El arte urbano entiende de clases?

--Es un tema complejo, que engloba muchos elementos. El arte urbano está hecho para hacer pensar y por ello se dirige a un público global. El problema ha venido cuando se ha querido jugar con el arte urbano y con el lucro económico y el resultado final ha sido que ha llegado a ser clasista. Esta situación se debe a que ha habido grandes empresas que han hecho negocios turbios con él y lo han prostituido y convertido en una mera decoración. Por otra parte, desde el momento en el que hay tratos de favor por parte de la Administración y hay empresas que dan apoyo a ciertos artistas, sí que se vuelve un tema de clases, porque genera desigualdad. Otra vertiente destacable son las redes sociales, que han jugado un mal papel porque ahora parece que quien más vídeos suba sobre su vida personal le irá mejor, dado que la mediatización es lo que realmente vende. Es por ello que yo en mis redes apuesto por un perfil bajo y especialmente destinado a mostrar mi obra.

Conse Andechaga observa su obra 'Duana', expuesta en la Villa del Arte Galleries de Paseo de Gracia /  CG
Conse Andechaga observa su obra 'Duana', expuesta en la Villa del Arte Galleries de paseo de Gràcia / CG

--¿La aceptación política del arte urbano depende del perfil ideológico de los gobernantes? 

--Todo depende de qué artista seas y de cuál sea tu background, dado que a no ser que tengas un movimiento social detrás que te dé apoyo, puedes quedar completamente fuera del interés de los poderes. Es por esta razón que a hoy se hace menos arte figurativo o que tenga un mensaje muy claro que pueda generar malestar en ciertos sectores y se lleva más la geometría. Las expresiones problemáticas son aquellas que van contra posiciones o las que cuestiona el statu quo. Curiosamente y, a pesar de las normativas contra el arte urbano que tiene aprobadas el Ayuntamiento de Barcelona, en una ocasión el gabinete de alcaldía se puso en contacto conmigo para que me hiciera una foto con Ada Colau. Lo que pensé fue: “No nos das apoyo, pero ¿quieres hacerte fotos conmigo?”.

--En un mundo tan trepidante como el actual, ¿está suficientemente preparada la sociedad para ver, reconocer e interpretar una expresión encajada en un entorno urbano repleto de distracciones? 

--Lo que yo veo es que impacta mucho más ver una obra en el entorno urbano, porque cuando tu vas a una galería ya sabes que vas a ver arte y por ello estás preparado para la experiencia. Sin embargo, si vas por la calle y te percatas de que hay un mural, muy probablemente te paras, lo ves, y dedicas un tiempo a apreciarlo. Un ejemplo claro de la diferencia a la hora de recibir las obras según el entorno en el que estén es la Gioconda y el Louvre. La gente que va a ver este cuadro hace colas infinitas y, cuando lo tienen delante, muchos ni lo miran directamente porque tienen el tiempo justo para hacerse una foto y que pasen los siguientes, mientras que en la calle nadie te mete prisa y tienes todo el tiempo del mundo.

--En el caso del arte urbano, ¿verlo para creer que existe o creer para poder verlo? 

--El arte urbano existirá siempre, porque el circuito de los que lo trabajamos en él existirá siempre. Los artistas no hacen un grafiti para ti, sino para tener un reconocimiento dentro de su propia comunidad. En el caso del arte pictórico en la calle, lo que pasa es que la mayoría de ciudadanos no reconocen las obras ni a los autores, pero sí lo hace la gente del mundillo. En términos generales, el resumen sería que, aunque la sociedad no lo conciba, lo vea, ni reconozca, seguirá. Por ejemplo, cuando tu coges la R2 de Rodalies​ hay tramos de túneles en los que hay obras que la mayoría de gente no verá, pero aquellos interesados en la materia, los que saben que allí están, sí, y las apreciarán.