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La policía rusa detiene a los manifestantes que protestan contra la invasión de Ucrania / EUROPA PRESS

La confesión de Svetlana tras salir de una cárcel rusa: “Putin vive en un mundo inventado”

La opositora denuncia que la situación que atraviesa Rusia es similar a la de 1920, tras el hundimiento del zarismo y el estallido de la revolución bolchevique

10 min

Svetlana sonríe junto a Leonid, su marido, al otro lado de la pantalla desde un pueblo del norte de España. Aunque conocemos su historia, es la primera vez que podemos ver su rostro y escuchar su voz. Ella, de nacionalidad rusa, fue encarcelada por disidencia en una prisión de las afueras de Moscú. Él, ucraniano, tuvo que refugiarse en Cracovia tras el estallido de la guerra. Desde ese momento, Leonid lideró una incansable lucha para ayudar a su esposa a huir del país. Tras varias semanas de incertidumbre y de un largo viaje por toda Europa, la protagonista de esta pesadilla nos cuenta su historia en primera persona.

Svetlana relata entre lágrimas que fue detenida tras compartir un mensaje en Facebook en contra de una guerra que nadie se esperaba. Asegura que nunca pensó que estuviera cometiendo ningún delito porque, aunque el Kremlin ha endurecido las leyes contra los disidentes en las últimas semanas, la Constitución rusa ampara el derecho de manifestación. Así que decidió protestar por “una guerra ilógica que no solo afectará a Ucrania, el país de mi marido, sino también a Rusia”, asegura.

“No nos daban de comer”

Tras este episodio, Svetlana recuerda que seis policías se presentaron en su casa familiar en Moscú. “Le entregaron una tarjeta a mi madre para que yo contactara con ellos”, recuerda. Pero en lugar de regresar, se escondió en la casa de su abuela. Al día siguiente la policía se presentó allí. “Dijeron que me buscaban por un delito económico”, una técnica que asegura que utiliza la policía rusa para enmascarar las detenciones contra los disidentes. Sevtlana mordió el anzuelo y decidió presentarse en una comisaría, donde fue detenida. “En la Unión Soviética existían unas leyes que permitían encarcelar a la gente por su ideología. En la Rusia actual no, pero sigue habiendo presos políticos”, denuncia.

Fue allí cuando le revelaron por primera vez los verdaderos motivos de su arresto: haber organizado una protesta contra el Gobierno de Vladímir Putin. Después de un juicio rápido fue condenada a ocho días de prisión. Pero como las cárceles estaban abarrotadas de presos políticos tuvo que permanecer la mitad de su condena en los calabozos de la comisaría. “Aunque el trato no era malo, porque sabían que éramos presos políticos, no nos daban de comer”, denuncia.

La Rusia de 1920

Después de eso fue trasladada a una prisión a las afueras de Moscú. Svetlena asegura que, a excepción de tres mujeres, todos los internos cumplían condena por disidencia. El temor de Leonid era que, al salir de prisión, la detuvieran de nuevo y la condenaran por un delito de traición, penado con hasta 15 años de cárcel. Por eso, Svetlana decidió huir. Tras esconderse en Bielorrusia, un Estado satélite de Rusia, continuó su periplo hasta España. “La frontera entre Rusia y Bielorrusia no existe y es muy sencillo cruzar, pero allí permanecí escondida por miedo a ser deportada", ya que, asegura, ambos países comparten las bases de datos policiales.

Svetlana denuncia que muchos de sus compatriotas están huyendo en masa de un país controlado por un gobierno absolutamente represor. La mayoría lo están haciendo hacia Georgia, Armenia, Tayikistán y Turquía y, en menor medida, hacia Europa. Lo hacen por temor a las sanciones económicas pero también por miedo a terminar entre rejas si expresan abiertamente su oposición a las agresivas políticas del Kremlin. “La situación es equiparable a la de la Rusia de 1920”, cuando tras la caída del Imperio Zarista “profesores, empresarios y artistas huyeron del país y solo quedó la clase media-baja”. Ahora, relata, están viviendo lo mismo. “La clase alta está escapando con sus niños y con su dinero”.

Trabajadores armados durante la revolución rusa / NATIONAL GEOGRAPHIC
Trabajadores armados durante la revolución rusa / NATIONAL GEOGRAPHIC
 

Apagón informativo

A pesar del hermetismo de una sociedad en la que impera la ley del silencio, Svetlana asegura que la propaganda del Gobierno no acaba de calar. “Mucha gente está viviendo esta guerra como una catástrofe”, relata. La opositora explica que el equipo del opositor Alekséi Navalny –que acaba de ser condenado a otros nueve años de prisión—hizo encuestas a pie de calle que reflejaban que la mayor parte de la población estaba en contra de esta “operación especial”, el eufemismo utilizado por el Kremlin para referirse a la guerra en la que su adversario número uno es Zelenski, al que acusan de ser “un nazi y un enemigo de Rusia: el hermano menor de Occidente”.

Un ruso muestra el mensaje de Netflix en el que la compañía anuncia que deja de operar en el país / EUROPA PRESS
Un ruso muestra el mensaje de Netflix en el que la compañía anuncia que deja de operar en el país / EUROPA PRESS

Sin embargo, lamenta que tras el apagón informativo en el país, una parte de la población ha comenzado a comprar el discurso del Kremlin. “Ayer cerraron Facebook e Instagram. La única plataforma que queda ahora es TikTok”, denuncia. Por eso, mucha gente ha optado por el uso de VPN para poder acceder a información veraz sobre la guerra y la respuesta de la Unión Europea, aunque en general desconocen lo que está sucediendo en la vecina Ucrania. “Lo que nos dicen es que estamos haciendo algo bueno y que Occidente nos está castigando por ello”.

La población ya sufre las sanciones

Este castigo al que se refiere el Gobierno de Putin en su propaganda ha comenzado a hacer mella en la vida cotidiana de los rusos. A raíz de la imposición de sanciones contra los oligarcas los precios se han disparado y la población empieza a sufrir el desabastecimiento. “Ya no hay artículos de higiene femenina y no hay forma de conseguirlos. Tampoco hay papel, por eso están aplazando los exámenes para septiembre. Y están pidiendo a la policía de algunas ciudades que no usen coches europeos porque no hay recambios para repararlos”, relata la opositora.

Estanterías vacías en un supermercado ruso a causa de las sanciones económicas / EUROPA PRESS
Estanterías vacías en un supermercado ruso a causa de las sanciones económicas / EUROPA PRESS

Svetlana rompe a llorar mientras describe este escenario y lamenta que la guerra haya devuelto al país a la situación económica de los 90, precisamente cuando Putin alcanzó el poder. “Nos está quitando el futuro a los rusos y a los ucranianos. La Unión Europea y Estados Unidos tendrían que haberlo parado”, solloza. “Putin vive en un mundo inventado, en el que solo él cree. No soy médico pero creo que ha perdido la cabeza”, asegura Svetlana, que ve imposible regresar a su país mientras continúe en la presidencia.

La responsabilidad colectiva

A los que como ella piensan en huir, el Kremlin los amenaza con la rusofobia con la que, dice, afortunadamente ella no se ha topado en su periplo hacia España. Lo que sí la ha perseguido durante su viaje es el sentimiento de culpabilidad, que está minando su estado emocional.

“Todos somos un poco culpables”, balbucea mientras Leonid la observa con el rostro compungido. Svetlana se seca las lágrimas y explica que esta masacre es fruto de una responsabilidad colectiva. Pero ella ya ha hecho todo lo que estaba al alcance de su mano, aunque sus años de activismo contra el gobierno de Putin no hayan servido para cambiar el rumbo de un país que se desmorona.