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Luces y sombras de la venta de derechos de vuelo en edificios centenarios

Aumenta la instalación de áticos prefabricados sobre inmuebles ya construidos, una técnica moderna pero que provoca grandes molestias para los vecinos

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Aparentemente, es un sistema perfecto. Vecinos de escaleras centenarias venden su derecho de vuelo para instalar áticos prefabricados y, a cambio, la empresa compradora se compromete a rehabilitar las zonas comunes de la finca –colocación de ascensores, limpieza de escaleras y/o fachadas--. Pero existe una cara B de este tipo de arquitectura, mucho más sostenible que la convencional, que comienza a extenderse en las grandes ciudades.

Los vecinos del número 12 de la calle Aragó de Barcelona decidieron a principios de este año aprovechar la posibilidad de vender sus derechos de vuelo a cambio de construir dos plantas nuevas sobre su finca centenaria. Lo hicieron por unanimidad de todos los propietarios, pues solo así es posible llevar cabo este tipo de operaciones, y tras constatar que esa elevación vertical era legalmente posible. En su caso, se trataba de un edificio de cuatro plantas con bajos. Recurrieron a la empresa catalana La Casa Por el Tejado (LCT), firma especializada en el desarrollo de estos áticos nuevos en el barrio del Eixample, aunque también han llevado a cabo proyectos similares en otras ciudades españolas como Madrid, San Sebastián y Pamplona.

El precio del derecho de vuelo quedó fijado en 100.000 euros, a repartir en función del coeficiente de cada propietario. Además, la empresa instalaría un ascensor y remozaría el patio interior y la fachada.

Los vecinos de este inmueble se pusieron en contacto con Crónica Global para denunciar que la espectacular colocación de los módulos prefabricados, que se lleva a cabo mediante una enorme grúa, ha ido acompañada de importantes desperfectos, y que la empresa no ha cumplido con los plazos previstos. En concreto, la ventana de uno de los pisos situado inmediatamente debajo de las dos plantas nuevas reventó por el peso y han aparecido fisuras en las esquinas del patio, en tabiques, en los revestimientos de las vigas, en los muros de carga y en falsos techos. Asimismo, la instalación del ascensor provocó la rotura de cristales centenarios. También han aparecido humedades y desperfectos en falsos techos.

Incumplimientos de plazo

Estas obras suelen llevarse acabo en tres o cuatro meses, y, en este caso, debían finalizar el 30 de septiembre, según el acuerdo suscrito. Pero los trabajos no han concluido todavía. “Nos hemos pasado días y días reclamando la visita de los operarios para que vieran los desperfectos y nos dieran una solución concreta”, explica una vecina. Los acabados, afirma, “dejan mucho que desear. Han puesto pegotes de pintura, no se respetan las molduras originales de los techos, mientras que la calidad de los nuevos pisos es mucho mejor. Es un agravio”.

Fuentes de la empresa LCT reconocen que este tipo de daños suelen producirse pues, según recuerdan, se trata de fincas centenarias, pero “lo estamos arreglando todo. Quedamos con los vecinos que lo haríamos cuando acabaran las instalaciones. Hemos”. Añaden que lo ocurrido en la calle Aragó “no es lo más grave que nos ha pasado” y que elevar dos plantas mediante un sistema convencional dura 18 meses frente a los tres meses de este sistema modular.

Precisan que los cristales rotos son centenarios y se sustituirán por otros fabricados mediante impresora 3D, pues es imposible encontrar piezas similares en el mercado. “Todo está controlado, por muy grave que sean los fallos, todo tiene solución”, insisten.