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La Fundación Mémora organiza en Madrid un evento sobre ciudades compasivas

Ciudades compasivas: el compromiso social con la vida

Las personas mayores enfermas que reciben apoyo, ayuda y compañía reducen un 20% sus visitas a urgencias

10 min

¿Qué dirías si la clave de tu salud estuviera en el contacto con los demás? En la época de las tecnologías, los puentes aéreos y las redes sociales, las relaciones humanas siguen siendo el aspecto más relevante para el bienestar.

Este contacto cara a cara, sin embargo, va haciéndose cada vez menos frecuente a medida que el individuo envejece. Y, por esta razón, las personas que se encuentran en la fase final de su vida son más vulnerables cuando no disponen de una red humana que cuide de ellas.

Para sensibilizar sobre este tema de vital importancia en una sociedad cada vez más envejecida y atomizada, la Fundación Mémora ha organizado este miércoles en Madrid unas conferencias con los mayores expertos de lo que se conoce como ciudades compasivas. Es decir, metrópolis que han emprendido proyectos para vincular a sus ciudadanos con el cuidado de las personas en la etapa última de sus vidas.

Fundacion Memora3

Julian Abel, durante su intervención

Un ensayo publicado en la revista Resurgence & Ecologist ha evidenciado que la creación de comunidades compasivas puede llegar a reducir en un 20% las urgencias hospitalarias gracias a que estas comunidades acompañan, ayudan y apoyan a las personas aisladas con problemas de salud.

Comprometerse con la vida

El presidente de la Fundación Mémora, Santiago de Torres Sanahuja, ha iniciado el evento explicando las líneas de trabajo de su fundación. La sensibilización y divulgación de conocimientos a las familias que sufren pérdidas, con sesiones personalizadas con cuidadores, es una piedra angular de su proyecto. Pero también están comprometidos en la investigación de las enfermedades, fenómenos como la muerte súbita —cuyas causas aún se desconocen— y reconocer los tratamientos más efectivos en el ámbito de los paliativos.

“Solo hay una certeza en la vida, que es la muerte”, ha dicho de Torres Sanahuja para ilustrar cómo la mayoría de la sociedad sigue obviando un tema fundamental como es, a su juicio, comprometerse con la calidad de vida en la etapa final del trayecto vital de las personas, ya sea a causa de un cáncer, enfermedades degenerativas como el Alzhéimer o por el proceso natural de envejecimiento. “Nuestra idea es movilizar otras instituciones para que introduzcan estos elementos y trabajos” que están desarrollando desde la fundación. De momento, ya han alcanzado alianzas con universidades, la Fundación La Caixa y Cruz Roja, entre otros.

El director de la fundación, Joan Berenguer, por su parte, ha explicitado este “compromiso” de la fundación con las ciudades compasivas: "Fundación Memora tiene la finalidad de proporcionar ayuda a la sociedad, dando apoyo y mejorando la vida de las personas".

El director de la fundación, Joan Berenguer, en un momento del evento

El director de la fundación, Joan Berenguer, en un momento del evento

El papel del cuidadores

Julian Abel, consultor en cuidado paliativo y vicepresidente del ente Salud Pública de los Cuidados Paliativos Internacionales (PHPCI, en sus siglas en inglés) ha afirmado que las relaciones sociales son las que “más rebajan el riesgo de muerte”. Y de forma “extraordinaria”. “Las relaciones sociales son un aspecto fundamental del hombre. Lo hemos hecho por más de seis millones de años", ha razonado.

Todos los expertos han identificado unas pautas comunes que afectan a la salud como son el aumento de fatiga y la menor movilidad, el descenso del contacto social y la pérdida de un sentido en la vida. “El rol de la clínica es intentar entender lo que pasa, no solo con el proceso de enfermad sino con las relaciones sociales. Focalizar la construcción de recursos comunitarios alrededor del cuidador”, ha añadido.

Y es que uno de los aspectos que se omiten cuando se habla de las personas que se encaran en la fase final de sus vidas es el papel del cuidador, y el desgaste emocional que supone cuando un solo profesional se dedica a ello.

Una comunidad cuidadora

“Para alguien que se está muriendo es más importante la red de cuidados que el cuidador en sí”, ha explicado Abel. Esta red de cuidados o comunidad, no obstante, no es fácil de construir porque lo que se impone es la “privacidad”: “En Reino Unido, la mayoría de gente cuando sabe que hay un vecino suyo enfermo o un amigo y pregunta si hay algo que pueda hacer, las familias suelen pedir privacidad o dicen que van bien, que ellos solos pueden. Pero el cuidado es importante y lo necesitamos también de nuestro alrededor”, ha sostenido.

Esta comunidad —dice Abel— debe basarse en el trabajo en armonía, en el cuidado de especialistas por lo que respecta a los paliativos generalistas; una comunidad compasiva, y un programa cívico en el que las instituciones también se involucren. “Hay que aumentar la capacidad del vecindario de cuidar de aquellos que se están muriendo, y también de los que sufren la pérdida”.

Xavier Gómez-Batiste, director de la Cátedra de Cuidados Paliativos de la Universidad de Vic, ha coincidido con Abel en que todos se deben involucrar en “la función paliativa”: “No de una forma paternalista, sino con un modelo que empodere a la sociedad para que nos diga cómo mejorar nuestra previsión de recursos”.

Ciudades pioneras

Evento de la Fundación Mémora organizada en Madrid

Imagen del evento de la Fundación Mémora organizada en Madrid

En España hay algunas ciudades que han tomado la iniciativa en este ámbito. Gómez-Batitste ha explicado el caso de Vic y la importancia de trabajar cuestiones como la “espiritualidad”, la “dignidad”, los “aspectos psicosociales” o la “autonomía” del individuo. Vic, además, es una de las ciudades con mayor detección de personas con enfermedades avanzadas.

Por su parte, Rafael Mota, presidente de Secpal, ha hablado del proyecto Sevilla Contigo, ciudad compasiva. Mota ha considerado que tiene que haber una “atención integrada” que combine la sanitaria y la comunitaria. En Sevilla se han hecho talleres y actividades para vincular a los ciudadanos y ha hecho hincapié en la necesidad de que no solo se debe “ayudar a morir” sino también “a vivir”. “Todas las personas llevamos dentro la necesidad de ayudar a los demás, no desde la pena, sino desde la acción”, ha remachado a este respecto.

La ciudad que acogía el acto, Madrid, es también una de las ciudades pioneras como ciudad compasiva. Javier Segura del Pozo, médico coordinador del Plan Madrid Ciudad de los Cuidados, ha destacado la relevancia de llevar a cabo estas acciones por barrios. En la capital han puesto en marcho acciones educativas para que aumente la participación social. La filosofía es, ha dicho, “aumentar la capacidad de tienen estos barrios para conectarse con el sufrimiento propio y del barrio”. Por esta razón, además de los cuidadores profesionales, los vecinos que se involucren los llaman “embajadores”.

Finalmente, Julio Gómez, médico de cuidados paliativos, ha explicado el ejemplo de Santurce. El hecho de que la “administración más cercana” como es el ayuntamiento se involucre es mucho más eficiente porque conocen los casos y pueden destinar los recursos que se requieren. Junto a la administración, no obstante, todos han coincidido que es esencial la implicación de la sociedad civil.

El patrón de la Fundación Mémora, Rafael Bengoa Rentería, ha concluido el acto con el propósito de que este ámbito de las ciudades cuidadoras adquiera más relevancia y pase a formar parte en la agenda política.