'Operación Salvamento' del primer chiringuito de playa de España

El bar de tapas y cañas del paseo Marítimo de Sitges, fundado en 1913, pide a la Generalitat poder seguir sirviendo a bañistas

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El primer chiringuito de playa de España en Sitges / FOTOMONTAJE DE CG
06.07.2017 00:00 h.

Operación Salvamento para el primer chiringuito de playa de España. El Chiringuito, situado en Sitges (Barcelona), ha solicitado la concesión de la prórroga de ocupación de espacio. El permiso vencía en 2020 y el negocio, el primero del país con este nombre, necesitaba pasar el corte de Costas. Salvada esa traba, el bar pende del sí de la Generalitat.

"Vinieron inspectores del Gobierno y dieron el visto bueno a nuestras instalaciones. No ocupamos el dominio marítimo por apenas un metro de distancia, por lo que todo está bien", ha explicado Juan Rubio, gerente del local.

La familia Rubio, la quinta generación al frente del establecimiento, se enfrenta ahora a otra dificultad: la prórroga de la concesión.

"Con la nueva Ley de Costas, el Gobierno extendió autorizaciones de ocupación, suspendió otras y subastó las que nadie quería. Hubo una operación de limpieza", explica Lluís Marcé, el concejal más veterano de Sitges, presente en el plenario desde la primera legislatura en 1979.

"Doce trabajadores y una historia"

Mientras se desovilla el embrollo legal, en el Chiringuito se sigue trabajando como se ha hecho en los últimos 104 años. "Somos el primero con este nombre de España", explica su gerente.

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Una pareja pasea junto a el 'Chiringuito' de Sitges, en Barcelona / CG

"La denominación viene de Cuba. Antes, los puestos de comida y bebida de playa se llamaban bohíos. Pero en la isla caribeña había unos espacios en los que se servía café en unos tubos de ropa a los que se inyectaba agua caliente con una jeringuilla, ya que no había cafetera. De ahí salió el nombre de chiringuito, de jeringa", agrega el empresario.

La solera de este puesto, que emplea a doce personas, es tal que la Real Academia Española (RAE) aceptó el vocablo en 1990. "Nosotros importamos el nombre a España y después la Academia lo normalizó", se congratula Rubio.

Famosos

Cualquiera su nombre comercial, el pequeño comercio presume de parroquianos. El escritor César González Ruano fue uno de ellos en los años 40 del siglo pasado. "No tenía ni un duro. Recuerdo que un día fue alguien a verlo en invierno y estaba quemando libros para calentarse", narra Marcé.

El autor de Ni César Ni nada no fue el único que comió y bebió en el Chiringuito. "Esto nació como un puesto para pescadores y bohemios. Aquí se sirvió desde gente trabajadora a Eusebi Güell o al pintor Pere Pruna. Se pensaron cuadros que hoy valen millones", rememora Rubio.

Este espíritu chic acabó en los años 60, con la llegada del turismo a España. "Nos pusimos de moda para la gente de Barcelona. Y desde entonces. Mis hijos son la quinta generación del Chiringuito", agrega la misma fuente.

"El resto nacieron al calor de éste"

Lluís Marcé conoce bien la historia del negocio. Edil desde 1979, cuenta casi 40 años de operación del primer local a pie de playa de España. "Dio el nombre al resto. Tiene placas conmemorativas con todos los famosos que han pasado por allí, que son unos cuantos, y obras de arte de varios artistas", describe.

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Interior del bar Chiringuito' de Sitges / CG

"Lo tiene todo en regla porque ocupa el espacio de tránsito, competencia de la Generalitat, y no la zona marítimo-terrestre, que compete al Gobierno. Ello le ayudará a salvar un escollo legal que otros no han pasado", aclara.

"Ahora sufre los problemas modernos a los que se enfrentan este tipo de establecimientos: la venta ambulante, por ejemplo", abunda.

"Icónicos"

Quien conoce la problemática es Willy Serra, gestor de la histórica sala Pachá del municipio, fundada en 1967. "Sí, el top manta es un problema para los comerciantes, también para el Chiringuito. Impide la limpieza municipal, hacen competencia desleal a los negocios y degradan el producto", enumera el empresario.

"Yo no soy nadie para decir cómo se tiene que gestionar una ciudad. Pero dudo que vender productos falsos en la calle sea enriquecedor para un destino", asevera.

La misma opinión comparte la familia Rubio. "Nosotros tuvimos que pasar la inspección de Costas. Los controles municipales. Ahora pedimos la ampliación de la concesión. ¿Quién controla a quien vende mojitos más caros que el nuestro y de ínfima calidad a pie de playa?".

Difícilmente este problema acabará con el comercio centenario. Ha resistido a gobiernos implacables, competidores sin escrúpulos, la crisis de la hostelería e incluso golpes de mar. "Cuando abrimos no había ni espigón, mi bisabuelo estaba a merced del mar. Si resistimos desde entonces, ahora nadie nos cerrará", remacha el hostelero.

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