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Imagen de la celebración del Año Nuevo chino en Madrid el año pasado

Los chinos españoles, más allá del 'Todo a cien'

El colectivo asiático festeja el año del Gallo, lejos del estereotipo, con mayor presencia en nuestro día a día y con 7.000 estudiantes universitarios

7 min

La celebración hoy del Nuevo año chino, dedicado al Gallo Rojo del Fuego, va ganando en participantes y pomposidad en los festejos. Especialmente en el madrileño barrio de Usera donde residen 7.000 de los 171.508 censados en España.

Según los sinólogos, se confirma que vinieron para quedarse y que el mundo chino del Todo a cien (pesetas) es ya un estereotipo falso y superado. Lo confirman los 7.000 alumnos universitarios frente a los 200 de hace una década.

La omnipresencia de lo chino en nuestra vida diaria empieza por los objetos que llevamos encima. Fundas de gafas, móviles, tabletas, ordenadores, y prendas y zapatos, incluso de lujo, ya que prestigiosas marcas no ocultan que fabrican allí para abaratar costes, aunque no bajen aquí los precios.

“La calidad ha mejorado. A pesar de que los españoles lo primero que buscamos en sus productos es el bajo precio. Y ellos se han adaptado a la demanda”, asegura Juan Martínez, que lleva importando productos de China desde 1990. Además, advierte, han pasado de ser solo tenderos a situarse entre los mejores clientes.

De los ultramarinos al lujo

En 1961, había 167 chinos en España. Empezaron con restaurantes y bares. Hoy son 1.000 veces más y aunque abundan sus negocios textiles o de ultramarinos en cualquier barrio español, no hay sector que se les resista.

Peluquerías, tiendas de estética, cadenas de moda como Mulaya (bautizado como el Zara chino con más de 30 tiendas y un crecimiento imparable), negocios en internet como la famosa web Alibaba, que vende hasta coches y joyas, o DealExtreme (electrónica). Incluso están dando el salto a supermercados como las franquicias cada día más numerosas Día Market.

El lujo también lleva el sello Made in China. Sus diseñadores han colocado a nivel internacional, pensando en sus muchos millonarios y en los de Occidente, marcas como Uma Wang o Masha Mas.

Tras el fútbol y el vino

Las inversiones en el mundo del fútbol, con la compra total o parcial de algunos clubes, están en auge. Hasta los horarios de la Liga española se adaptaron a los de Beijing en el 2015, tras un acuerdo del presidente Javier Tebas con las cadenas chinas para hacerse con este mercado.

El vino es el penúltimo reto del gigante asiático. En China, con una clase media creciente, su consumo se considera símbolo de estatus y el mercado se mueve con cifras multimillonarias. Algunos de sus caldos van ganando reconocimiento internacional.

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El primer paso ha sido el desembarco en España, tras un convenio del grupo Changyu con la bodega riojana Marqués de Atrio, del caldo Noble Dragón, una marca de la que ya se han vendido en mundo más de 400 millones de botellas. Otros dos empresarios chinos han comprado bodegas DO Ribera del Duero.

Noble Dragón o Changyu es un vino tinto, de 12,5º, con sabor afrutado que recuerda a los lichis y color púrpura. Se produce en la ciudad de Yantai, en la provincia de Shandong. La alianza con el grupo riojano ha permitido darle el toque del vino hispano con más fama mundial a un precio asequible. Se puede encontrar en los supermercados Carrefour, El Corte Inglés, algunos restaurantes y hoteles, y en propia bodega, por un precio entre los 4 y 12 euros.

El 'boom' universitario

Las autoridades educativas llaman la atención sobre el boom universitario chino en España. Lo más novedoso es que la mitad de los más de 7.000 alumnos están estudiando másteres y postgrados. Se trata de una generación de nacidos aquí, que crecieron en casas anexadas a sus bazares, restaurantes y tiendas. Pero que ya piensan y sienten prácticamente como españoles. 

Su perfil es distinto al de sus progenitores, que apenas tenían estudios superiores (un 5%). Los nuevos chino-hispanos son emprendedores, cultos, hablan el castellano incluso con modismos y les apasiona el fútbol. Y se multiplicarán, pues según el INE, el 23% de los residentes en España tienen menos de 15 años.

“He fallado en lengua y formación física. Pero en las demás materias, nueve o diez de nota”, asegura Oliver (todos los chinos tienen un nombre español), hijo de restauradores y estudiante de primero de Bachillerato en el elitista colegio madrileño de El Pilar.

En torno al 60% de los universitarios son hijos de residentes en China. Se trata de padres jóvenes dispuestos a hacer un esfuerzo para que cursen fuera de sus fronteras másteres en empresariales, ingenierías, turismo o lenguas. España representa para ellos el trampolín hacia Latinoamérica. El dominio de los tres idiomas más hablados en el mundo (inglés, chino y español) da como resultado que les será fácil encontrar trabajo en cualquier país del mundo.

Integración lenta

Según datos del INE y de estudios como La integración de los hijos de los inmigrantes (La Caixa), la última generación de chinos muestra los mayores progresos académicos y laborales junto a los venezolanos.

La clave la da una encuesta anexa: el 78,4% de los adolescentes inmigrantes no ha tenido problemas para integrarse en la sociedad española. Además, solo un 5% afirmó haber sido discriminado, cifra casi similar a la de los españoles, el 6,1%.

Con todo, es un proceso lento. Los expertos lo atribuyen en primer lugar a las grandes diferencias culturales y a las dificultades idiomáticas, sobre todo entre las generaciones más mayores. Pero hay indicios de que las más jóvenes las están salvando