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Portada del cómic sobre católicos y homosexuales editado por la Associació Cristiana de Gais i Lesbianes de Catalunya / ACGIL

Católico practicante y LGTBI: El doble armario

Muchos creyentes y sacerdotes batallan dentro de la institución eclesiástica para que la Iglesia les permita vivir su condición sexual o de género en plenitud

12.05.2019 00:25 h.
6 min

"Las relaciones homosexuales son objetivamente desordenadas". Así de contundente se expresaba el arzobispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, contra el colectivo de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales (LGBTI). Estas declaraciones, profundamente homófobas, van en sintonía con el tono general de la Iglesia Católica. La cosa va más allá, puesto que hace poco la Conferencia Episcopal avaló los cursos para "curar a homosexuales". 

A pesar de esta situación, muchas personas LGBTI luchan por combinar su orientación sexual con sus convicciones sinceramente católicas. Batallan dentro de la propia institución para cambiar sus posiciones ultraconservadoras y encontrar un encaje. ¿Quién ha dicho que para ser lesbiana o transexual haya que renunciar a ser cristiano?

Activismo interno

La comunidad LGBTI catalana cuenta con la Associació Cristiana de Gais i Lesbianes de Catalunya (ACGIL). Jordi Valls, conciliar de la entidad, explica que la aceptación de una persona del colectivo "depende del tipo de comunidad y del tipo de sacerdote". Asimismo, asegura que suele ser mucho más fácil en la Iglesia de base, aunque existen excepciones: "Puedes encontrarte a un sacerdote del Opus Dei o de los Legionarios de Cristo, y entonces es complicado". 

La asociación, con 25 años a sus espaldas, había visto las puertas de los obispos catalanes cerradas hasta que se celebró el Sínodo de la Familia a nivel mundial; nadie hasta entonces quiso hablar con ellos. Este gran evento fue convocado por la institución católica para buscar la forma de dar cabida a la cada vez más amplia tipología de familias. Valls afirma que el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, se reunió con ellos tras la gran cita, aunque todo quedó en "buenas palabras". Algo parecido sucedió con el de Solsona, Xavier Novell, con el que acordaron celebrar un segundo encuentro. 

Persecución interna

La asociación culpa a la enorme presión que ejerce la jerarquía de la Iglesia Católica para impedir que este debate se aborde de forma real en el seno de la institución. De hecho, aunque Omella les recibió, enseguida puso "líneas rojas" a la petición de constituir un grupo de trabajo que abordara la situación. Valls asegura que hay profesores de teología y religiosos en los seminarios que son favorables a abrir la institución al colectivo, aunque hay miedo a reconocerlo. 

De hecho, la acción de ACGIL va más allá de la atención a fieles y también aborda a religiosos homosexuales. El conciliario de la entidad lo deja muy claro: "Hay una doble moral: muchos de ellos son gays e incluso algunos se saltan la castidad, pero tienen que ser discretos y vivir una doble vida".

Vida cristiana

La asociación ayuda a muchas de las parejas que se casan por lo civil y reciben la bendición de algunos sacerdotes: "Muchos de ellos lo hacen a escondidas, casan a las parejas de forma extraoficial". Una situación que también se da en los bautizos, puesto que algunos curas se niegan, aunque la doctrina general de la Iglesia es priorizar a los niños por encima de los padres: "Nosotros les recomendamos sacerdotes que están dispuestos a bautizar a sus hijos". 

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Reunión del European Forum 2008 de cristianos LGTBI / ACGIL

De hecho, Jordi tiene una vida plenamente cristiana y a la vez abiertamente homosexual. Sus dos hijos han hecho catequesis y están plenamente integrados en su comunidad. Los golpes no vienen solo de los fieles cristianos, también tienen que enfrentarse a los prejuicios del colectivo LGTB: "Hubo una época en la que nos llamaban las maricristis, aunque ahora estamos normalizados. La entidad comparte sede con otras asociaciones en el centro LGTBI de Barcelona: "Tenemos un papel de frontera, damos a conocer el cristianismo entre el colectivo y al colectivo entre los cristianos". 

¿Cambios en la Iglesia?

Aunque la situación es delicada, se han producido algunos cambios en el tono oficial de la Iglesia. El pistoletazo de salida lo dio el papa Francisco en su declaración ante los periodistas, en la que aseguró: "Si una persona es gay y está bien consigo mismo, ¿quién soy yo para juzgarla?" Asimismo, por primera vez el Sumo Pontífice se reunió con una persona católica transgénero y fue además el impulsor del sínodo antes mencionado. 

¿El problema? Que sobre el papel nada ha cambiado y todo sigue igual. El catecismo de la Iglesia asegura que "no eligen su condición homosexual" y que "se evitará todo signo de discriminación injusta". No obstante, "constituye para ellos una auténtica prueba" y se les llama a hacer vida de castidad

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