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Frase de uno de los anónimos enviados a Helena Jubany que coincide con un correo de X.J. / FAMILIA JUBANY

Caso Helena Jubany: esta es la frase que podría llevar a X.J. a la cárcel

El auto judicial revela que el ahora investigado envió un e-mail a la bibliotecaria poco tiempo antes de su muerte que guarda similitudes con uno de los anónimos

12 min

En el vigésimo aniversario del crimen de Helena Jubany, gracias al tesón de la familia, el caso podría dar un giro inesperado. Uno de los principales sospechosos, X.J., tendrá que sentarse ante el juez para responder por los correos electrónicos que envió a la joven bibliotecaria antes de morir. En concreto, su referencia a un examen de inglés durante una conversación cibernética podría haber dejado al descubierto la autoría de los famosos anónimos.

Después de que el juez desestimara la imputación de tres sospechosos al considerar que no existían suficientes indicios de criminalidad, con apenas una semana de diferencia ha emitido un auto en el que admite un nuevo informe presentado por la familia que acredita que al menos uno de los sospechosos podría haber mentido durante su declaración a la policía.

Las coincidencias

En concreto, el informe revela que el ahora investigado envió un e-mail a Jubany poco tiempo antes de su muerte en el que se puede leer: “Hola Helena, ¿Cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos… Espero y deseo que la reunión en Mallorca haya sido un éxito… Yo no pude ir porque me encontraba en un estado de desánimo y desgana muy grande… (han coincidido unas cuantas situaciones malas: la negativa en una entrevista de trabajo, examen de inglés hasta las nueve de la noche…). Por último, hoy iré a un concierto en el pub Griffin. ¿Qué, te apuntas? […] Te envío un abrazo”.

Ha sido precisamente la referencia al curso de inglés lo que ha motivado que el juez solicite a X. J. su comparecencia en los juzgados. En uno de los manuscritos anónimos que Jubany recibió antes de morir, acompañado de un zumo de melocotón que contenía benzodiacepinas, aparece una referencia similar: “Nos gustaría mucho volver a coincidir en una excursión de la UES. ¡Lo hablamos! Ahora vamos a buscar si encontramos un sitio bueno, bonito y barato en Sabadell para perfeccionar el inglés. ¡Ah! ¡Buen provecho! No nos hagas un feo, ¿eh? A la tercera ya nos invitarás tú, no lo ponemos en duda. Besos”.

“Podría no ser casual”

Ahora, el juez considera que la coincidencia entre ambos mensajes “podría no ser casual”. Según el auto, el macabro juego de los anónimos “funcionaba como una suerte de acertijo con pistas para que Helena pudiera averiguar quién era el autor de este mensaje y del anterior”, que fue entregado acompañado de una horchata, su bebida favorita.

En el caso del segundo anónimo, y confiando en que se trataría de una broma de alguien cercano, Helena se bebió el zumo en su lugar de trabajo. Tras sentirse indispuesta, llevó a analizar el contenido de la botella a una farmacia cercana. La bebida contenía grandes cantidades de un fármaco psicotrópico: benzodiacepinas, sustancia que también le fue suministrada poco antes de morir. Cabe destacar que recibió este segundo anónimo el 9 de octubre de 2001. Durante las pesquisas de la Policía Nacional los investigadores recogieron que, “según informó la Diputación de Barcelona, no existe constancia de que X.J. hubiera acudido a su lugar de trabajo en esa fecha”.

Jubany sospechaba de él

A partir de ese momento, Helena comenzó a centrar sus sospechas en el entorno del grupo de naturaleza de la UES, del que ambos eran miembros y al que se hacía referencia en los escritos. Una amiga de la fallecida declaró ante la policía pocos días después de la muerte de Jubany que "Helena comenzó a preocuparse y a preguntarse por la persona que pudiera haberle dejado estos paquetes, no llegando a saberlo".

No obstante, tenía algunas sospechas de una persona en concreto, de X.J. Jubany le trasladó que este sujeto “iba detrás de ella” y que se había vuelto muy “pesado” desde que ella lo “mandó a paseo”. Además, confesó a su amiga que había coincidido con él en una cena en la que ella se había tomado una horchata, su bebida favorita, por lo que él podría conocer este dato. Las sospechas de Jubany motivaron que la joven se ausentara de las salidas de la UES durante un tiempo para no coincidir con él.

La frágil versión de X.J.  

Después del crimen, X.J. fue llamado a declarar ante el juez. En aquel momento el ahora investigado testificó que conocía a Helena, pero que era “una persona hermética y fría”. El relato de este sujeto, que aseguró que apenas tenía relación con ella podría ser desmontado con el hallazgo de los correos electrónicos que revelan que la relación que mantenían era más estrecha de lo que reconoció en aquel momento. Lo que sí confesó X.J. fue que sabía dónde vivía Helena, lugar en el que aparecieron los anónimos, porque la había acompañado hasta su portal en diversas ocasiones, aunque nunca había accedido a su domicilio.

A partir de aquí, su coartada se desmorona. X.J. manifestó que el viernes 30 de noviembre, el día en el que desapareció la joven, estuvo hasta las tres de la tarde en una reunión de trabajo en Cerdanyola del Vallès. Después, se fue a cenar a la UAB. Siempre según su versión, X.J. asegura que estuvo hasta las 20:15 trabajando en el ordenador de la universidad. Después, fue a la UES, donde se encontró con J. para recoger el listado de excursionistas que irían a una caminata al día siguiente en Artés. Al salir de la UES se fueron a tomar unas cervezas y estuvieron juntos en un bar hasta las 22:30 y, tras dejar a J. en su casa, sobre las 23:45, regresó a su domicilio.

El careo en el que se construyó la coartada

No obstante, cuando el juez tomó declaración a J. éste recordó que había estado trabajando en su casa hasta las ocho de la noche y que después había ido a Barcelona a cenar con unos amigos, y que había regresado a Sabadell sobre la 1:30. En ningún momento hizo referencia al encuentro que relató X.J. Sin embargo, pocas horas después, se presentó voluntariamente para modificar la versión inicial y declaró a pies juntillas la misma versión que su amigo X.J. Las contradicciones entre ambas versiones motivaron al juez a celebrar un careo entre ambos, que finalmente se pusieron de acuerdo.

En ese careo, en el que el juez dio por buena una versión construida por ambos sospechosos, X.J. reconoció que había cenado con la víctima antes de un concierto y que se tomaron una horchata, la bebida enviada junto a uno de los manuscritos. Sobre su posible vínculo con los presuntos anónimos manifestó que “no tuvo ninguna relación con ellos”, dado que contienen faltas de ortografía muy graves que él no cometería. Sobre las clases de inglés, en aquel momento declaró que no buscaba ninguna academia para perfeccionarlo porque ya tenía plaza en la Escuela Oficial de Idiomas, “que es la mejor”, apuntó. No obstante, no existe constancia de que este hecho fuera comprobado.

La reconstrucción

El baile en sus versiones y el hecho de que todos los sospechosos hicieran referencia a una salida en concreto de la UES resultan inquietantes. Según los investigadores, Helena fue anulada químicamente durante el mediodía del 30 de noviembre de 2001, al suministrársele una alta dosis de benzodiacepinas en un café, que la indujo en un estado comatoso o de sueño profundo. X. J., S. L. y M. C., que no acudió a su trabajo ese día, nunca han podido demostrar dónde estuvieron durante esas horas. El sábado por la mañana, S.L. y su pareja, la fallecida M.C. acudieron a la excursión de Artés a la que X.J. hace referencia, aunque no estaban anotados. Sin embargo, llama la atención que no completaron la marcha y se fueron antes de lo previsto, hacia mediodía.

Los investigadores creen que podrían haber ido a un evento social para tener una coartada pero que decidieron volver por temor a que Helena se despertara. Tras comprobar que continuaba inerte, la madrugada del 1 al 2 de diciembre, decidieron subirla a la azotea del edificio en el que vivía M.C. y la arrojaron al vacío. Aunque la policía solo detuvo a M.C. por estos hechos, los propios investigadores reconocen que es prácticamente imposible que lo hubiera hecho sola porque pesaba menos que Jubany y tenía problemas de espalda. Ahora, a tres meses de que prescriba uno de los casos más mediáticos de Cataluña, el juez tendrá que determinar cuál fue el papel de X.J., si es que lo tuvo, en el macabro “juego” que terminó con la vida de Helena Jubany.