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Entrada de Casa Gispert / CRÓNICA GLOBAL

Casa Gispert, historia a fuego lento

En este comercio, fundado en 1851, se venden todo tipo de productos coloniales, como café, cacao o azafrán, aunque su joya de la corona son los frutos secos tostados al horno de leña

8 min

El bullicio de Via Laietana contrasta con la quietud de la calle Sombrerers, 23 mojada por la lluvia, el lugar en el que se ubica Casa Gispert, un comercio emblemático de Barcelona fundado en 1851 y que proyecta sus luces contra las paredes de la basílica de Santa María del Mar. En ese año, el negocio empezó su andadura con la venta de productos que llegaban de ultramar, como las especias, el azafrán, el café, cacao y también otros como los frutos secos, una actividad que ha mantenido hasta la actualidad, que se complementa con otros bienes comestibles que venden bajo su marca. La joya de la corona es el horno de 1851, en el que se tuestan los frutos secos a ritmo lento, sin entrar en contacto con las llamas, de forma que un producto como las almendras “puede necesitar hasta dos horas” para estar en el punto correcto para su venta, explican desde la tienda.

Al entrar en su atmosfera, uno se traslada al siglo XIX, dado que de esa fecha data el mostrador de una pieza, largo y hecho de nogal, pero también buena parte de los compartimientos en los que aún hoy se guardan especias, cafés y otros productos. Casa Gispert ha mantenido su actividad de forma ininterrumpida desde el año de su fundación, dado que “no paró ni durante la Guerra --Civil--", explican fuentes de la empresa. Eso sí, al principio de la pandemia, en la que la incertidumbre regaba todo el planeta, detuvo su actividad, de forma extraordinaria, durante una semana.

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Interior del local de Casa Gispert / CG

Muchas manos, un mismo proceso

Desde el momento de su fundación, ha pasado por las manos de diferentes familias, que han sabido mantener la esencia del negocio, basada en el tostado a fuego de leña de los frutos secos y el producto de “proximidad, la calidad y el respeto por la tradición”, explican. Actualmente, también tienen una tienda en Terrassa. El nombre actual se le debe al médico Josep Gispert, que en 1911 compra el negocio para sus dos hijos, Alfons y Enric, y crean la sociedad EyA Gispert, centrada en la misma actividad que se ha mantenido hasta la actualidad. Esta familia regenta la tienda hasta 1993, cuando pasa a manos de la familia Margenat, propietaria de campos de avellanas. Es en este año cuando Casa Gispert pasa de vender al por mayor a centrarse en el comercio minorista, persona a persona, cliente a cliente. Eso sí, sin perder el nicho de negocio en grandes cantidades.

El último cambio de manos se produjo en 2013, cuando la empresa pasó a la familia Comellas Marín, que apostaron por una modernización y expansión del negocio sin tocar ni un ápice los valores centenarios de un negocio que funciona. En el marco de este proyecto se “mejoran las condiciones higiénicas”, dado que “al tener el horno dentro de la misma tienda, los efectos del humo habían oscurecido el mobiliario”. Además, se establecen mecanismos para mejorar la eficiencia energética, así como un sistema para garantizar que la tienda está los “365 días del año a la misma temperatura, porque trabajamos con un producto muy sensible”. Además, detallan desde Casa Gispert, era necesaria una actualización para "garantizar el cumplimiento de las normas de seguridad alimentaria, que han cambiado mucho desde hace 170 años".

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El horno de leña en el que se tuestan los frutos secos / CG

Crecer y ser fiel

Con el objetivo de poder atender toda la demanda, Casa Gispert inauguró otra tienda en Terrassa y un obrador en Viladecavalls, en el que se encuentran las oficinas y otro horno “réplica del original” para dar abasto con los pedidos. A parte de la venta al cliente de proximidad, el negocio también sirve a “hoteles, barcos, comercios, otros negocios y obradores profesionales dedicados a la pastelería”. Otra de las ramas reside en la expansión internacional que ha experimentado, hasta el punto que en la actualidad “exportamos a 14 países”, explican. Tradición y modernidad deben coexistir en el mundo de los negocios, es por ello que Casa Gispert cuenta con un e-commerce en el que los clientes “pueden comprar los productos y se les envía a casa a través de mensajería”. Esta alternativa, abastece, sobre todo, a aquellos clientes que viven lejos de los puntos de venta, “aunque hay otros que bajan en tren a la ciudad para comprar en nuestra tienda”, detallan fuentes del negocio.

A pesar de que el negocio ha crecido internamente y externamente, siempre se ha mantenido fiel a la esencia que definieron sus fundadores. En este sentido, desde Casa Gispert consideran que la clave de su éxito está en ser fieles al “origen del producto, tener buenos proveedores (de Lleida, Girona y Reus) y ser muy, pero que muy respetuosos con los procesos tradicionales”. A pesar de ello, actualmente también venden otros productos como “mistela, licor de ratafía, aceites aromatizados o olivada hecha con almendras y avellanas”, entre otros.

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Frutos secos preparados para su venta a granel / CG

Desde un chef a un vecino del barrio

El perfil de la clientela es variado, apuntan desde Casa Gispert, dado que “abarcamos todas las franjas de edad, porque viene desde una señora mayor a un estudiante universitario”. Al estar ubicada en un enclave turístico, pared con pared con la la basílica de Santa María del Mar y del Mercat del Born, es habitual la presencia de turistas “que compran o que solo entran a mirar”. La fortuna, o la desgracia, depende de por donde se mire, quiso que antes de la pandemia el nivel de visitantes fuera tal “que tuvimos que poner restricciones a los grupos de personas” dado que la situación “era incómoda tanto para los clientes, como para los trabajadores”.

Desde el establecimiento comentan con orgullo que tienen como clientes a algún “chef con estrella Michelín, que baja a comprar a nuestra tienda, del que no podemos revelar el nombre”. Por otra parte, viene gente de toda Barcelona y de toda Cataluña, dado que “conocen nuestro producto desde hace tiempo, saben que es el mismo de siempre, y quieren disponer de él”. El perfil socioeconómico es diverso, y no se ha percibido una elitización involuntaria del comercio. Sin embargo, lamentan que la pandemia “podría hacer que mucha gente, condicionada por su situación financiera​, se vea obligada a acudir a los grandes comercios para ahorrar”. A pesar de ello, afirman que “no somos una tienda de joyas, y todo el mundo tiene dinero para comprar 200 gramos de almendras”.