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Jóvenes menas trabajando en la poda / FUNDACIÓ MERCÈ FONTANILLES

El campo, solución para reinsertar a los menas

Once jóvenes menores migrantes encuentran trabajo en bodegas vitivinícolas del Penedès en pocos meses

7 min

La llegada de menores extranjeros no acompañados, comúnmente conocidos como Menas, se relaciona en muchas ocasiones con conflictos y problemas. La actualidad, a veces, así lo demuestra. Pero esta relación no se corresponde siempre con la realidad. Prueba de ello es el éxito de un proyecto que ha dado trabajo en pocos meses a varios de estos jóvenes en bodegas importantes del territorio.

La Fundació Mercè Fontanilles tiene parte de culpa. Once menores migrantes tutelados y no tutelados han conseguido trabajo en el sector vitivinícola catalán y las empresas están más que satisfechas con ellos.

Gratificación

“Estamos encantados”. Hasta en varias ocasiones repite esta frase la responsable de enoturismo de las Bodegas Sumarroca, Mercè Sumarroca. “Es muy gratificante”, afirma el enólogo de Gramona, Roc Gramona. Ambas empresas han contratado a dos migrantes cada una. En la primera, trabajan dos chicos, uno de 18 años y otro de 19; en la segunda, uno de 17 años --este mes alcanza la mayoría de edad-- y otro de 21: uno es de África Central, el otro de Marruecos. Todas ellas tienen claro que volverán a participar de la iniciativa.

Gramona, que también es formador en la escuela de sus bodegas, reconoce que mucha gente le advirtió de que podría tener problemas si incorporaba a menores migrantes en su empresa. “Son un caos, no están por el trabajo”, le llegaron a decir. La realidad fue muy distinta. “Sólo son adolescentes y quieren jugar, pero están muy entregados” y en la mayoría de ocasiones “con ganas de aprender”, subraya. 

Jóvenes migrantes trabajan en viñedos del Penedès / FUNDACIÓN MERCÈ FONTANILLES
Jóvenes migrantes trabajan en viñedos del Penedès / FUNDACIÓN MERCÈ FONTANILLES

Integración

En Sumarroca la sensación es la misma, “son supereducados y supertrabajadores”, insisten. “Son gente con ganas de integrarse”, recuerda. De hecho, ambas empresas resaltan que el tema del idioma, que muchas veces se ve como una barrera, es prácticamente inexistente, porque “hablan castellano y alguno entiende el catalán”, destacan. La fundación, de hecho, empieza sus cursos con clases de resolución de conflictos e interraleciones, para mejorar la integración. Pero lo que más resaltan las empresas de los jóvenes es su capacidad y predisposición para el trabajo.

Ambas bodegas han contratado a los jóvenes por un largo periodo de tiempo. Algunas solo los vieron durante los cuatro días que estuvieron realizando las prácticas que realizan en la fundación. Ahora once jóvenes migrantes tienen trabajo. Y, al menos cuatro de ellos, tienen un contrato temporal de seis meses en Sumarroca y Gramona. Y ya piensan en poder hacer indefinido a alguno de los chicos cuando finalicen su trabajo.

Falta de personal

“Por el momento, están realizando tareas de poda”, indican ambos. Una labor muy importante para la producción pero que muy poca gente está dispuesta a hacerla. “Y ya encontrar personal cualificado es aún más difícil”, señalan.

Cuesta muchísimo encontrar gente que se quiera dedicar al campo porque es muy duro”, lamenta Mercè Sumarroca. La gente prefiere trabajar en la industria porque la mayor parte del tiempo están en un local climatizado. En las viñas del Penedès, en cambio, a las 8 de la mañana, pueden llegar a estar bajo cero. “Es difícil encontrar incluso gente de prácticas”, recalca Roc Gramona. Por eso, defienden este tipo de cursos que organiza la fundación y agradece que los jóvenes se impliquen de esta manera.

Jóvenes participantes del curso de auxiliar viticultor de la Fundación Mercè Fontanilles / FUNDACIÓN MERCÈ FONTANILLES
Jóvenes participantes del curso de auxiliar viticultor de la Fundación Mercè Fontanilles / FUNDACIÓN MERCÈ FONTANILLES

"No hay nada fácil"

Ahme Mostafa, de 20 años, no había trabajado nunca en el campo y menos en la viña y ahora no descarta dedicarse a ello, aunque “no hay nada fácil”, resalta Mohamed Ech-Chair, de 19 años. Admiten que vinieron aquí con la voluntad de “buscarse la vida” y “trabajar y estudiar” y ahora están “muy contentos” de haber conseguido esta oportunidad, un camino hacia la integración.

Desde Sumarroca señalan que los dos jóvenes que forman parte de su plantilla al principio vivían en Barcelona, pero ahora se han desplazado hasta el Penedès. En Gramona, destacan que uno de los jóvenes viene con sus compañeros.

Cerrar el círculo

La Fundación Mercè Fontanilles, pese a llevar años haciendo programas de formación para personas en riesgo de exclusión social con éxito, también se muestran satisfechos del gran nivel de ocupación de los alumnos de este curso de auxiliar viticultor de su programa Incorpora Jove, que realizan en colaboración con la Fundación LaCaixa. “Estamos supercontentos”, afirma la orientadora de la entidad, Marta Galimany.

El proyecto salió de los contactos con empresas del sector. La mayoría de ellas destacaron la “falta de profesionales que supieran podar” y decidieron arrancar este curso que se ha saldado con un muy elevado nivel de inserción “hemos cerrado el círculo”, sentencian. Tanto es así, que para el próximo años ya plantean repetir, como las empresas.