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Carlos San Pedro, propietario de Bodegas Pujanza / CEDIDA

Bodegas Pujanza: "Hay gente para trabajar en el campo, pero no ganas de pasar frío"

A pesar de que en Rioja el sector vitivinícola genera empleo y de que hay máquinas para las tareas más físicas, la mayoría de personas prefieren dedicarse a otras actividades menos exigentes

12 min

Las Bodegas Pujanza, fundadas en 1992, se ubican en Laguardia, un pueblo de la Rioja Alavesa, a los pies de la Sierra de Cantabria. Trabajan un total de 40 hectáreas de viñedos concentradas en un radio de cuatro kilómetros y todas ellas situadas en altura. De estos terrenos nacen siete vinos diferentes, cada uno con sus características diferenciales. Carlos San Pedro (1973) es su propietario y fundador y, como dice, "nací encima de la bodega de mis padres, oliendo a fermentación a vino. Soy bodeguero por obligación". La pandemia del Covid y la más reciente crisis energética y de suministros ha afectado el sector al que se dedica, lo que, para no entrar en pérdidas, obligará a subir los precios de los vinos de inicio de gama, los más baratos y con menos margen de beneficio.

--Pregunta: En primer lugar, ¿cómo definiría los vinos que produce Pujanza?

--Respuesta: El proyecto se crea con la idea de trabajar únicamente viñedo propio. Lo que marca la esencia de nuestros vinos es la honestidad, que lleven al origen y que sean fáciles de entender para todo el mundo. Vinos que tanto el entendido como el aficionado se siente a gusto con su cata.

--¿Cuáles son las bases de su modelo de negocio?

--Hay una cosa que me explicó en su día me familia, que es de vinicultores. Ellos me dijeron que el negocio de las bodegas y lo que yo quería crear no estaban bien reñidos. Pujanza es una bodega creada más para disfrutar de lo que es el vino y de su historia, y no tanto de hacer un negocio entendido en su definición más estricta. Nuestra bodega no busca crecer, y nos mantenemos en 200.000 botellas anuales. No lo concebimos, por tanto, como un negocio, sino como una forma de vida muy enfocada en el origen, la tierra y la gente. Nosotros hacemos un vino, por ejemplo y, en vez de pensar en la moda y en las tendencias de cada momento, buscamos que la gente a la que le gusta nuestro producto venga a nosotros.

--¿Qué perfil de cliente tienen?

Nuestros consumidores tienen de media 35 años, que es la edad en la que gente se introduce en este mundo. En este sentido, creo que hay un movimiento en el que la gente joven empieza a tomar vino, mientras que hay un vacío entre la población de mi edad, porque tenemos la idea de que era la bebida del abuelo y, por tanto, antigua. En definitiva, nos dirigimos a todos ellos, independientemente de su perfil.

--La crisis de suministros tiene un impacto global en todos los sectores. ¿Ustedes también han notado sus efectos?

--Se ha notado, porque se nos ha alargado el periodo en el que nos entregan cajas, corchos y botellas. En su momento se nos advirtió, aunque por suerte nosotros no necesitamos tanto de esta logística extrema, porque nos vamos organizando y tenemos más o menos controlado cuando llegará cada material que utilizamos. Sin embargo, eso sí, los pedidos se están entregando fuera de plazo, dado que antes igual llegaban en un día y ahora pueden tardar hasta 10.

--¿Tienen previsto subir los precios al consumidor final?

--O lo hacemos, en mayor o menor medida, o nos vamos a pérdidas. La luz en una bodega es muy importante a la hora de elaborar y mantener el producto. Por otra parte, también ha subido el corcho o las botellas, con ascensos que llegan al 15%-20. En los productos de gama mas alta igual no es tan importante ni necesario incrementar el precio. Sin embargo, en aquellos más económicos será básico, porque el margen de beneficio es mucho más bajo, por lo que, si no queremos perder dinero, hay que variar el importe final para el consumidor.

--¿Y cómo les ha afectado la pandemia de Covid-19?

--Para nosotros fue duro, porque no somos un producto de lineal de supermercado ni tan siquiera de tienda especializada. Tenemos un vino que se vende sobretodo a restaurante y nuestros clientes han estado cerrados en todo el mundo durante mucho tiempo, por lo que las ventas fueron un desastre. Ahora se han se recuperado y estamos en números de antes de la pandemia. Sin embargo, el problema está en que para superar el año nos tuvimos que acoger a préstamos, que ahora tenemos que amortizar a cinco años. Durante el periodo más duro, las ventas nacionales cayeron de golpe un 70%, aunque recuperamos un poco porque creamos una plataforma de e-commerce

--¿Cree que el español medio sabe valorar el trabajo que hay detrás de la producción vitivinícola?

--La mayoría de gente puede intuir el trabajo que hay, pero no lo sabe, porque cuando nosotros hacemos visitas a la bodega en temporada vendimia y ven cómo se elabora y cómo se trabaja, se aprecia claramente en sus caras que no se imaginaban el sacrificio que hay detrás de cada botella. La gente se lleva una grata sorpresa, porque hay algunos que piensan que trabajar el vino es coger las uvas, tirarlas en un bote y ya está, pero no es así. Sin duda, les gusta.

--Los empleos agrícolas pierden mano de obra por el éxodo a las grandes ciudades. ¿Se trata de una situación que también les afecta a ustedes, en el ámbito de los temporeros?

--En nuestra zona no hay problema de que la gente se vaya a las ciudades, porque hay mucho trabajo a cuenta de las bodegas. De hecho, hay más trabajo que gente disponible. Contradictoriamente, está el problema de que nadie quiere dedicarse al campo. Ahora el trabajo en este ámbito no es tan duro, porque contamos con máquinas. Pero eso sí, hay que estar cuando hace frío y cuando hace calor. Y esto, a mucha gente, no le gusta.

--El enoturismo está en auge en España, con 3.076.334 millones de visitantes en 2019 y una tendencia ascendente desde 2012, según la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN). ¿Cómo se mueve Pujanza en este campo?

--Nosotros no tenemos iniciativas relacionadas con el enoturismo. Si que hacemos visitas, pero para gente que quiere ver nuestra forma de trabajar. En La Rioja hay bodegas muy bonitas pensadas más para este tipo de proyectos. Lo estamos pensando, pero de momento no hay nada definido. A día de hoy, hacemos visitas mas al campo, para que la gente vea el proceso de producción, dejando más de lado el interior de la bodega.

--¿De qué forma llega Pujanza a unos clientes que de cada vez son más exigentes y tienen menos tiempo para comparar?

--Si no hay inquietud por parte de los clientes es difícil, pero si quiere llegar a nosotros a través de las redes sociales es posible, dado que tenemos perfiles en los que explicamos lo que hacemos y cómo trabajamos. Sin embargo, nos tienen que buscar ellos, dado que no tenemos la fuerza ni la capacidad para presentar anuncios en los medios de comunicación. Quien nos quiere encontrar, lo hace.

--En los supermercados y centros de venta hay una gran variedad de vinos, teniendo en cuenta que la mayoría de consumidores no son expertos en la materia, ¿en que podrían fijarse para elegir un buen producto?

--Un supermercado no es el sitio para comprar una botella de vino. El mejor lugar es una tienda especializada, donde hay una persona que te puede aconsejar. El tema está en que viendo el recipiente no se puede elegir un buen producto. En cualquier caso, si que existe un criterio que es de la zona donde se ha producido, dado que si es una denominación muy respetada puedes tener ciertas garantías de que estás ante un buen vino. Sin embargo, ahora hay una tendencia en la que la gente huye de la denominación de origen de Rioja y Ribera, a pesar de que si estas están en el sitio de prestigio vitivinícola que ocupan es porque se lo ha ganado.

-En España el vino es un bien de consumo extendido. Sin embargo, entre los jóvenes es una bebida que tiene menor implantación. ¿De qué forma puede llegar el vino de calidad, que acostumbra a ser caro, a una generación con ingresos precarios?

--Tenemos la suerte de vivir en país en el que hay vinos de mucha calidad a precios razonables. Por ejemplo, nosotros hacemos un vino, el Hado, un vino de calidad excepcional a precio reducido, y que es una carta de presentación pensada para la gente joven. Hemos ligado el precio a la calidad, y no tiene por qué estar estrictamente relacionado. En los lugares donde se mueve la gente joven no se presta tanta atención al vino, ni tampoco le da importancia el propio el hostelero. Esta situación hace que el producto ofrecido sea desastroso cuando te mueves por estas zonas. Por otra parte, es un tema educacional. Por ejemplo, en mi pueblo, en Laguardia, la gente es mucho de vinos, e igual los jóvenes se van en grupos y van pidiendo vinos entre todos y pactan que el último que pidan sea un vinazo. Al final, el paladar se entrena y, si quieres, encuentras la forma de poder beber, independientemente de otros factores.