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Una ambulancia SEM / CG

Blanes, un pueblo destrozado por la muerte de Julieta

El municipio catalán llora la pérdida de la niña de ocho años por la demora de la ambulancia que debía socorrerla

26.01.2017 00:00 h.
8 min

"En la fábrica trabajaban 2.000 personas. Ahora, quedan 200". Así describe un vecino de Blanes (Girona, 39.060 habitantes) el declive de Nylstar, la antigua Safa, la factoría de hilos que evitó un expediente de regulación de empleo (ERE) en verano. La histórica planta daba empleo a miles de personas y generaba una industria auxiliar imponente. Hoy, con el textil en sus últimos estertores, la localidad se ha reconvertido al turismo de playa. Servicios. "En verano es una locura", resume José, un blandense.

En Blanes murió Julieta el domingo. Tenía ocho años y su vida se escurrió de las manos de los médicos de Emergencias que acudieron al Hospital Comarcal a las 8.26. Los empleados del centro denunciaron una larga espera de la ambulancia pediátrica YP-01, que llegó desde Barcelona, a 61 kilómetros, para trasladar a la pequeña al establecimiento sanitario comarcal de referencia, el Josep Trueta de Girona.

Imagen del Hospital Comarcal de Blanes, donde murió Julita / CG

Al día siguiente, la Consejería catalana de Salud sugirió una negligencia y pidió no culpar a Emergencias. Tras el mensaje confuso, rectificó y conminó a esperar el resultado de una investigación. Las conclusiones no se conocerán antes de dos meses.

Tragedia

Julieta, alumna del colegio Quatre Vents --antes estudió en la escuela pública Napoleó Soliva--, había entrado a las 2.33 del domingo a 170 pulsaciones por minuto y con hipotensión. El informe del pediatra de guardia --la unidad de cabecera se desmanteló en 2011-- indica un debut diabético.

El cuadro médico de la menor, una "niña preciosa, que mezclaba su español nativo con chanzas en catalán", se agravó. Su cuerpo desarrolló sepsis. La infección grave le provocó una parada cardiorrespiratoria.

Cuando finalmente llegaron, los sanitarios la intentaron reanimar durante 40 minutos. No pudieron.

"Estamos furiosos"

En La Plantera, el barrio popular de Blanes donde vive la familia de Julieta, la indignación ha emergido de entre las lágrimas. De llorar su muerte se ha pasado a la cólera más absoluta.

El miércoles, 200 personas salieron espontáneamente a la calle convocadas por Loles Pérez, dueña del bar El Rocío, situado en la plaza de Cáceres, una suerte de bulevar central. 

"Vamos a ir a más. Queremos que toda España nos apoye. Compartimos los mismos problemas y una misma demanda: una sanidad de calidad. Si creen que callaremos, se equivocan".

Reunión el domingo

Hasta el momento, quien ha tratado de callarla ha sido el ayuntamiento. El alcalde, Miquel Lupiáñez (PSC), comunicó dos veces a Loles que no era conveniente protestar cuando se enteró de que las redes sociales ardían. Era mejor, dijo, respetar el dolor de la familia.

"Claro que respetamos el duelo de la familia y la privacidad. Pero llevamos demasiado tiempo aguantando. Queremos soluciones", arenga la pequeña empresaria.

Dicho y hecho. Los vecinos se reunirán el domingo en asamblea en el centro cívico de la localidad. ¿El objetivo? "Denunciar los errores médicos y la falta de recursos". Acudirán plataformas ciudadanas y vecinos.

Una familia discreta

Muchos de estos residentes conocen a la familia de Julieta. La madre trabaja en un supermercado de la avenida Europa. El padre es transportista para una conocida marca de bollería. El hermano mayor tiene 14 años y ya ha estudiado inglés fuera de España. Pertenecen a la comunidad uruguaya de la localidad.

"Son un encanto. Dejaban a la niña jugar con los vecinos, siempre intercambian cosas. Estamos consternados". Quien habla es A., una conocida de la familia que prefiere ocultar su nombre. Según ella, Julieta acudió a su casa hace pocos días a darle un encargo.

Fue en La Plantera Alta, donde la familia reside desde antes de que naciera la menor. Antes habían vivido en el Bloque Sant Jordi de la plaza de Cáceres, que hierve con la pérdida de la niña.

Arriba, en la urbanización, el silencio es abrumador. Una ambulancia custodia la casa de los parientes y aleja a los periodistas. "No sé si puedo soportar la idea de que Julieta no salga por la ventana y me salude. Es horrible", expresa una residente cercana.

Infortunio

Los llanto de la calle Levante, donde ha golpeado el infortunio, o la negligencia, si así lo determinan las pesquisas, reverberan por todo Blanes.

"Tenemos un hospital que es como un ambulatorio. En Blanes ya no se puede parir, y eso que damos cobertura a toda la comarca de La Selva. Tampoco hay cirugía. De pediatría, sólo quedan las guardias. Y no hay ambulancias pediátricas, figúrate", enumera la dueña de una peluquería.

Todos los servicios los recolocó la Consejería de Salud en la comarca vecina en 2011. El consejero Boi Ruiz (CDC) lo llamó reorganización. Los vecinos lo describen como "recortes".

Las UCI para niños, a su vez, están sólo en Barcelona. CCOO y Metges de Catalunya ya han pedido desplegar una en cada provincia para que no se repitan casos similares.

La demanda sindical no ha apaciguado a un pueblo roto. La ciudadanía de Blanes ha iniciado una recogida de firmas. En pocas horas, 2.000 vecinos han suscrito una petición on line para investigar al Hospital Comarcal por supuesta mala praxis.

Vidas desgarradas

"No son los profesionales, que son magníficos. Es el dinero. Mi marido sufrió un ictus y la ambulancia también llegó tarde", acusa otra vecina.

En una comunidad rota, afloran las denuncias. Supuestos errores médicos. Ambulancias que no llegan. Esperas en pasillos. Plantas cerradas en el hospital. Recortes en sanidad.

En este torbellino de emociones, la familia de Julieta llora la marcha de la pequeña en la más absoluta intimidad. Han acudido varios familiares, incluida una prima, para dar calor al matrimonio.

La pareja enterró a su pequeña en Girona, la capital de provincia, para evitar a las cámaras y a los curiosos. Tuvieron que esperar a que acabara la autopsia.

Cuando la familia regresó al pueblo, se encontró a unos vecinos también destrozados. Pero dispuestos a actuar y a salir a la calle para que el caso no se repita.

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