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La doctora en Psicología Social, Sara Berbel, posa en su despacho durante la entrevista con Crónica Global / LENA PRIETO

Berbel: "La soledad es tratada en algunos países como una epidemia"

La doctora en psicología social critica el sexismo que todavía existe en pleno siglo XXI y la invisibilidad de las mujeres mayores de 45 años, fruto de un nuevo tipo de discriminación: el edadismo

12 min

Sara Berbel (Sabadell, 1963) ha analizado los efectos de la soledad que sufren las personas en las ciudades, un sentimiento que algunos países como Reino Unido tratan como una epidemia que provoca muertes prematuras. En una entrevista con Crónica Global, esta doctora en psicología social y gerente del Ayuntamiento de Barcelona, critica la invisibilidad de las mujeres mayores de 45 años, fruto de un nuevo tipo de discriminación: el edadismo

-En la presentación del informe Desigualdades ante un futuro incierto (publicado por la Fundación Rafael Campalans) en el Colegio de Periodistas, usted se preguntó qué tipo de sociedad tenemos para que haya tantas personas que se sientan solas ¿Qué respuesta le da a esta pregunta?

 -El 34% de las personas jóvenes se sienten solas y a partir de los 80 años, ese sentimiento alcanza al 60%. Los estudios apuntan a que esa situación tiene que ver con la evolución socioeconómica. Desde hace 160 años nuestra sociedad ha ido cambiando y las familias han evolucionado. De las familias extensas que había en el mundo rural y agrícola se ha ido evolucionando hacia familias cada vez más pequeñas. Ha habido un cambio de lo rural a lo urbano y han aparecido las familias nucleares. Los lazos comunitarios que procuraban las familias amplias y extensas han pasado a ser familias mucho más pequeñas en la ciudad. Pero no solo eso. Esto ha llevado a un cambio en el tipo de profesionales. Los estudios muestran que a medida que han ido ganando presencia las profesiones que llamamos liberales y de oficina, de cuello blanco, respecto a las que había en el mundo rural, más manuales y cooperativas, la sociedad ha ido siendo cada vez más individualista.

-Y más insolidarios...

-Los cambios en las condiciones socioeconómicas tienen impacto sobre la soledad de las personas. Este cambio social ha sido positivo para muchas cosas, por ejemplo, aparece una clase media potente que hace que nuestras sociedades estén más formadas, se sale de la pobreza enorme. Pero también tiene cosas negativas. Ha emergido de forma enorme los autónomos. En Estados Unidos, los freelance ya son más del 50% de la población que trabaja. Y aquí, todavía no, pero tenemos cifras muy elevadas. Cuando hablas con las personas autónomas, se quejan de la soledad. Es un tipo de trabajo que se realiza de forma solitaria. Faltan los lazos que te permiten estrechar la relación.

-Eso pasa en las ciudades, mientras el campo, donde había más solidaridad, cada vez está más despoblado.

-En aquellos lugares donde se mantiene una comunidad viva, ciertamente hay muchos más lazos, no solo familiares, sino también sociales y comunitarios. Si se llega a un nivel de despoblación en el que la gente se queda aislada, entonces no. En las ciudades se despersonaliza, se pasa a un anonimato.

-¿Barcelona es especialmente problemática en ese sentido comparada con otras ciudades?

-Barcelona no tiene más índice que otras. Toda la cultura mediterránea tiene unas bases familiaristas importantes. Sigue teniendo mucha importancia la familia y sigue habiendo, por cultura y tradición muchos lazos familiares, superiores a otras ciudades europeas. En los países nórdicos, los índices de soledad, con todo lo que comporta, son muy superiores.

-¿Qué riesgos tiene la soledad?

-En estos momentos se está considerando en algunos países como una epidemia. De hecho, en Gran Bretaña, se ha creado la Secretaría de Estado de la soledad. Es fundamental tener en cuenta hasta donde estamos yendo, cómo las personas mayores se sienten cada vez más solas, con todas las consecuencias que tiene. Por ejemplo, en la salud. Puede incidir en una mortalidad prematura. Algunos estudios en Norteamérica dicen que incide más que la obesidad o el colesterol. Causa hipertensión y enfermedades cardiovasculares, en torno a un 30%. Agrava las demencias y todo tipo de malestares y enfermedades mentales. La depresión, la ansiedad… Y finalmente el suicidio. Debemos tener en cuenta que en nuestro país, el suicidio es la primera causa de muerte no natural. Es un tema que sigue siendo tabú, que se tiene muy poco en cuenta y que muchas veces está directamente relacionado con la soledad.

Sara Berbel escucha las preguntas de María Jesús Cañizares de Crónica Global / LENA PRIETO
Sara Berbel durante la entrevista / LENA PRIETO

-Comentaba que incide el tipo de profesión, ¿la clase social también? Vemos, por ejemplo, que los distritos de Barcelona donde hay más casos de soledad es Ciutat Vella y Les Corts, distritos que siempre se han considerado de diferente estrato social.

-Como siempre, las desigualdades de tipo económico también inciden, por supuesto, en la sociedad y en muchos ámbitos. Cuando hay recursos, las personas pueden estar en determinados clubes, participar en ámbitos culturales, ir al teatro o el cine. En las clases más desfavorecidas, cuando no tienen recursos, la soledad es mucho más terrible. Hay muchos casos de pobreza donde incide la soledad, como en las personas sin techo. O en casos de familias monoparentales. Esto lo estamos viendo en ciudades despersonalizadas donde es más difícil tener todo un sistema que te ayude, te acoja y trabaje contigo.

-El anonimato es bueno en la ciudad para algunas cosas, para que nadie te juzgue y puedan vivir tu vida, pero tiene esas contrapartidas.

-Lo ideal sería una sociedad con muchos lazos comunitarios y respetuosa con la libertad individual. Y lo que ocurre es que cuando hay mucho control social hay poca libertad individual.

-Sobre la soledad de las mujeres, existe una derivada, la consideración de que, laboralmente, a los 45 años, ya no es útil.

-Es tremendo. En el ámbito laboral, a partir de los 45 años ya se es mayor. Y la probabilidad de ser contratado es mucho menor que cuando se es joven. Esto pasa especialmente con las mujeres. Las personas con desempleo de larga duración, abrumadoramente son mayores de 45 años y mujeres. ¿Qué ocurre? Vivimos en una sociedad en la que la juventud es un mito y un máximo valor. Una sociedad que no respeta a las personas mayores y que no aprecia la belleza de la madurez. Deberíamos ser capaces de cambiar eso y poder amar, admirar y poner en valor a las personas a medida que crecen y se hacen mayores. Esto ahora no es así y a esta discriminación se le llama edadismo. Una discriminación por edad que hace que las personas, a medida que crecen, sean minusvaloradas, tengan menos prestigio y sean más invisibles. En el caso de las mujeres, la invisibilidad, a partir de los 45 años, es enorme.

-¿Cómo se puede evitar eso?

-Todos los cambios sociales tienen mucho que ver con la formación, la coeducación, con el hecho de que desde la escuela, niños y niñas sean valorados igual y se les ofrezcan las mismas oportunidades para estar tanto en tareas de cuidados como tecnológicas. Otro de los grandes ejes es tener como referentes a hombres y mujeres de edades determinadas. Hay muchos más referentes de hombres mayores que de mujeres. Las actrices de Hollywood se quejan mucho de que, a determinada edad, nadie las contrata. Eso lleva a que tengan que estar en una lucha contra el envejecimiento sobre su propio cuerpo que es tremenda. Es una tortura constante para ser jóvenes, porque si no no tendrán trabajo. Es una enfermedad de nuestra sociedad. La única manera es que podamos ver, admirar y poner en valor a mujeres mayores, no solo jóvenes. Y también profesionales, no solo mujeres actrices y cantantes. En los libros de texto que tienen nuestros hijos e hijas en las escuelas, solo aparecen un 7% de mujeres profesionales. De cada 100 imágenes, solo 7 son mujeres. Las niñas no se imaginan que puedan ser astronautas, científicas, alcaldesas… Porque no lo ven.

Sara Berbel muestra un libro que ha escrito / LENA PRIETO
Sara Berbel muestra un libro que ha escrito / LENA PRIETO

-¿Vivimos en una cultura del dinero rápido y fácil? ¿El que proporciona la belleza y la juventud, según algunos programas de televisión?

-La cultura que transmiten los medios de comunicación es fundamental porque así nos socializamos. Pensamos que la educación solo influye cuando somos pequeños, pero no es verdad. Cuando eres mayor te socializan todo el tiempo. Con lo que lees, con lo que ves en televisión y en las películas… En el mundo tecnológico, si hacemos un repaso a las películas más famosas, como La red social, Steve Jobs… Siempre son hombres, no salen mujeres. Si miramos los juguetes, el Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) ha detectado un incremento en el sexismo de los juguetes ¡en pleno siglo XXI! Tenemos aspiradoras para niñas, escobas, cocina, carrito para la compra y de bebés, y en los niños tenemos actividades de construcción, inteligencia aeroespacial… Sigue habiendo una segregación tremenda. Y por eso no cambia, porque hay expectativas diferentes para niños y para niñas.

-¿Cómo evitar que vaya a más, cómo combatir esta situación?

-Mi mensaje es de esperanza, estamos en la lucha. A medida que muchas mujeres que superan los 45 años tengan mucho que decir y se oigan nuestras voces, creo que la visión social irá cambiando. Tiene que haber una contranarrativa, ofrecer otra forma de ver la edad, de ver a las personas mayores y de ver a las mujeres. Otro tipo de calificativos y adjetivos que no solo hablen de la belleza de la juventud, sino de sensatez, de inteligencia, de profesionalidad, de madurez… Lo iremos consiguiendo, cuando seamos muchas las que trabajemos en ello. Y cada vez somos más.