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Una imagen de archivo de los turistas en Las Ramblas de Barcelona

¿Por qué la tasa turística de Barcelona es una de las más bajas de Europa?

Las principales ciudades del mundo, especialmente europeas, cobran impuestos a sus visitantes mucho más elevados para cubrir los gastos que generan en la ciudad

10 min

La implantación de la tasa turística en Cataluña, llevada a cabo en 2011 por la Generalitat, causó un gran rechazo por parte del sector privado, especialmente, el hotelero.

Seis años después de su puesta en marcha el impuesto turístico es una realidad a la que los alojamientos se han adaptado a la perfección y que permitió a la Administración catalana recaudar en 2016 47,6 millones de euros.

Barcelona cosecha más de la mitad de los ingresos totales del territorio catalán, con cifras que superaron los 24 millones de euros en 2016, el 55% del total. La Costa Brava se alzó como segunda recaudadora con casi ocho millones (17,5%) y la Costa Daurada, en tercera posición, con 5,5 millones (13%).

El sector hotelero es el principal cobrador de este impuesto y reina con especial atención en la capital catalana. Pese a ello, las nuevas tipologías de alojamientos que más crecieron en 2016, como los cruceros y las viviendas de uso turístico, también aumentaron sus ingresos un 73% y un 33%, respectivamente. Los albergues de juventud también tuvieron un repunte notable e ingresaron en Cataluña casi tres millones de euros.

¿Por qué la tasa es tan barata respecto a otras capitales turísticas europeas?

Cataluña y Baleares fueron pioneras en aplicar las tasas turísticas por pernoctación en España, siguiendo el modelo de otras urbes de primer orden mundial.

La Generalitat de Cataluña actualizó el pasado abril los precios de los impuestos turísticos para cada localidad. Con este nuevo retoque, el gravamen se regula por dos variantes: según dónde se pernocta y el confort.

Cabe destacar que el pago máximo de esta tasa es de siete días. Entre los cambios que la Generalitat efectuó en abril, la gran novedad recae sobe los centros recreativos turísticos en los que desarrollan actividades de juego como, por ejemplo, Port Aventura. A partir de ahora, estos atractivos turísticos deberán cobrar un impuesto turístico de entre 2,5 euros y 5 euros.

Del mismo modo, los menores de 16 años están excluidos de cualquier pago, así como los viajeros con programas sociales subvencionados por la Administración pública como el Imserso. Las estancias que se alarguen o se deban a motivos de fuerza mayor o por motivos de salud también quedan exentas de pago. 

El resto de capitales europeas, ¿cuánto cobran?

Europa aplica tasas turísticas mucho más elevadas que la capital catalana, pese a que algunas tienen menos afluencia de visitantes. Al comparar los precios de las principales urbes europeas, se generan algunas dudas sobre cuánto debería percibir Barcelona para generar suficientes ingresos con los que promocionar el turismo y cubrir los gastos indirectos que generan los visitantes extranjeros. La capital francesa, París, es uno de los mayores atractivos turísticos del mundo. Su tasa turística oscila entre los 0,22 euros y 4,40 euros, según el tipo de establecimiento en el que se aloja el viajero. 

Otras capitales de gran atracción turística como Ámsterdam, Berlín y Viena ajustan sus ingresos a porcentajes. El impuesto se calcula según el coste de la habitación del hotel y no según la categoría de éste. En estas urbes el porcentaje asciende al 6%, 5% y 3,2% respectivamente. 

En cantidades numéricas y con base en los precios medios de los hoteles de estas ciudades, una semana en agosto en Ámsterdam en un hotel medio cuesta alrededor de 45 euros de impuestos. Berlín unos 33 euros y Viena cerca de 18 euros.

Budapest también se acoge a la modalidad porcentual, aunque el impuesto varía según el distrito. El centro de la ciudad vale un 4% de la estancia por noche.

Por lo que se refiere a Londres, la capital inglesa no dispone todavía de un impuesto para el turismo. En enero su alcalde reconoció la intención de la capital de copiar el modelo de Berlín e instalar una tasa turística que rondará el 5% del precio de una habitación por noche. En caso de no llegar a un acuerdo con el sector, propondrá un precio fijo de tres libras.

Bélgica e Italia, los más caros

La capital de la Unión Europea, Bruselas, corona el ranking de las ciudades más caras de Europa para el turista. Los que viajan a la ciudad belga pueden llegar a desembolsar hasta 70 euros por una estancia de siete noches en un hotel de cinco estrellas.

Para aquellos que prefieran alojarse en hoteles de cuatro y tres estrellas, el precio se reduce a 56 euros y 42 euros respectivamente.

Italia también se erige como uno de los destinos turísticos más caros a la hora de pernoctar. Ciudades como Roma cobran al turista que se aloja en hoteles de cuatro y cinco estrellas tres euros por persona y noche, y a los que pernoctan en hoteles de menor categoría, dos euros durante un máximo de diez noches. Florencia tampoco se queda atrás. La ciudad italiana cobra un euro por persona y noche por cada estrella que tenga el hotel. Milán se basa en la calidad del hotel en el que el turista se aloja, para hoteles de cuatro estrellas el impuesto es de cinco euros por persona y noche.

Venecia, por su parte, es el destino italiano más económico en ese sentido. El ayuntamiento de la ciudad flotante se embolsa un euro por persona y noche por cada estrella que tenga el hotel y dos euros para otro tipo de alojamientos.

Los impuestos se aplican los diez primeros días en todos los destinos italianos, excepto Venecia, que sólo recolecta los primeros cinco días. 

El sur, el paraíso de las tasas turísticas

Portugal, por su parte, queda adscrita junto con España al paraíso de las tasas turísticas.

El país vecino tan sólo cobra un euro por persona y noche independientemente de la categoría del hotel. España no cobra tasa turística, excepto en Cataluña y Baleares que completan el mapa de pago turístico de Europa. Las islas cobran los nueve primeros días 0,5 euros en temporada baja y más de nueve días 0,25 euros. En temporada alta, un euro por persona y día y 0,5 euros si la estancia se alarga más de nueve noches. 

Cataluña, con unos ingresos superiores a los 45 millones de euros al año provenientes de este impuesto, la mayoría de la capital, podría plantearse subir los precios para hacer frente a la masificación. La ciudad está preparada para competir con las grandes urbes europeas referentes en el sector. Con la ampliación del presupuesto que se deriva de estas recaudaciones, se podría solucionar algunos problemas de movilidad y urbanismo que sufre. La elevada demanda para visitar la ciudad catalana podría ser un argumento válido que ayudarían a disipar la gentrificación y el turismo low cost en algunas zonas.

Barcelona es una de las capitales europeas y del mundo más visitadas. Para muchos su precio no corresponde con su demanda. Sólo capitales municipios con una afluencia turística mucho menor que la capital catalana ofrecen precios inferiores. La ciudad de Gaudí y el modernismo se queda atrás con precios más próximos a los Vilna, capital de Lituania; Berna la de Suiza, o países enteros como República Checa o Eslovenia. Todos ellos cobran menos de dos euros a sus visitantes, frente a los 2,25 euros de Barcelona.

Dinamarca, Chipre, Finlandia, Estonia, Grecia, Irlanda, Letonia, Luxemburgo, Noruega, Polonia y Suecia no han aplicado este tipo de tasa al turismo. Estos precios convierten a Barcelona en una urbe de segunda división en precio cuando juega en una liga turística de primera.

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