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Una mujer teje mascarillas / EFE

Barcelona teje una red entre empresarios y particulares para fabricar mascarillas

Industrial textiles, lavanderías y voluntarios confeccionan material de protección para personal de servicios esenciales no sanitarios

7 min

Durante las últimas semanas centenares de personas se han puesto manos a la obra para paliar el desabastecimiento de material de protección frente al coronavirus. Voluntarios que han tejido solidaridad para sanitarios, pacientes, y otros ciudadanos, pero, a pesar de la buena voluntad, cualquier mascarilla no es efectiva para evitar contagios. Por este motivo, el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha una cadena de producción propia con el objetivo de ser menos dependientes de los mercados exteriores y aprovechar el tejido económico de la ciudad.

Una red que integran industriales del sector textil, pero también voluntarios y entidades solidarias, con máquina de coser propia o pequeños talleres. Hasta 200 puntos de costura forman parte de esta iniciativa para confeccionar 300.000 mascarillas, con 400.000 euros de inversión municipal para sufragar los gastos del material. Todo comenzó en los talleres de Robin Hat, una empresa de Rubí, dedicada a la fabricación de gorros quirúrgicos estampados, que reconvirtió su producción tras recibir el SOS de varios sanitarios.

Ofrecer las telas

“Nos dijeron que ojalá pudiéramos fabricar mascarillas porque no tenían y las estaban cosiendo con sábanas. Un drama”, cuenta su cofundador, Javier Garrido. Dicho y hecho. Una llamada a la radio sirvió para ofrecer sus tejidos --destinados a gorros-- para fabricar tapabocas de manera gratuita y entregarlos a hospitales. Un ofrecimiento acompañado de otro SOS: voluntarios para confeccionarlos. “No sabíamos la dimensión que iba a alcanzar esto, pero ahora más de 15.000 personas participan en la fabricación de manera directa o indirecta”, señala.

Tejido para elaborar mascarillas / CEDIDA
Tejido para elaborar mascarillas / CEDIDA

El consistorio se puso en contacto con Robin Hat y la compañía ha tutorizado el proyecto municipal. “Les dijimos cómo operábamos para que puedan hacerlo a mayor escala. Les hemos proporcionado material ya cortado, y hemos grabado vídeos explicativos para que los voluntarios puedan coser”, detalle el CEO. También Arch Max, que estaba enfocada solo a tejidos deportivos, ha dado el salto al sector salud. “La intención de Barcelona Activa era aunar colaboración de voluntarios con volumen de producción industrial”, detalla su director, Jordi Martí, quien apunta que tras recibir la llamada, se pusieron en marcha “en pocas horas”.

300.000 mascarillas

“La idea era elaborar un patrón que se pudiera tejer en las casas pero también a nivel industrial y llegar a las 300.000 mascarillas”, explica. La tarea de esta empresa es el corte de telas y la confección. En paralelo continúan con su actividad de elaborar batas sanitarias para hospitales como el Clínic y Sant Pau. “Fabricamos unas 1.000 diarias. Hemos logrado, con diferentes proveedores, que 80 personas no entren en ERTE”, celebra.

Durante estas semanas han recibido gran cantidad de pedidos de centros y empresas que necesitan equipos de protección. “La pandemia ha elevado el número de personas que están haciendo mascarillas, pero sin ningún tipo de certificación, eso es un error”, lamenta Martí. Y es que todos los productos de esta red cuentan con la correspondiente validación sanitaria. “Al tejido se le aplican tratamientos para repeler bacterias, que sean hidrófobos y transpirables” detalla Andrés Castelltort, tercera generación de Tejidos Rebés.

Producción industrial

Fue su abuelo quien compro la empresa en 1955, aunque esta se fundó en 1870. Allí se encargan de preparar el tejido --“tanto la hilatura como el acabado del mismo”--. Para cumplir con la normativa sanitaria, han tenido que retocar los procesos productivos. “Lo entregamos preparado para cortar, coser y elaborar la mascarilla”, cuenta Castelltort.

Una de las mascarillas / CEDIDA
Una de las mascarillas / CEDIDA

Una actividad con la continuarán a “medio-largo plazo”, ya que, constatan, la demanda seguirá existiendo. Su producción no se ha interrumpido ni un solo día pese al decreto del estado de alarma. Eso sí, han tenido que adaptar el espacio de trabajo y tomar conciencia de las precauciones necesarias. “Hemos cambiado algunas dinámicas, poner surtidores de hidrogel por todas partes y guantes”, explica el responsable de la empresa con sede en Badalona.

Lavado de los tejidos

La mayor parte de mascarillas que producirá esta red son reutilizables. En el caso de que las que se tejarán con el material de Tejidos Rebés, serán de algodón sostenible. “Nada que ver con coger una sábana antigua y ponerla tapando la cara”, señala Caselltort. Eso sí, tras pasar por los talleres que las confeccionan, todavía queda un eslabón más de la cadena: el proceso de lavado. De ello se encargan, entre otras, la Fundació Canigó, una entidad que emplea a personas con discapacidad intelectual y que trabaja para el Gremi de Hotels de la ciudad y distintas residencias geriátricas.

Un servicio que experimentó una gran caída con el cierre de los alojamientos y la caída del turismo. La mitad de su plantilla continua dando servicio al sector sanitario, mientras el resto participa en la iniciativa del ayuntamiento para que las mascarillas “se puedan utilizar con garantías”, detalla Xavier Carretero. Así finaliza la cadena que aúna producción industrial y colaboración ciudadana para fabricar material de protección made in Barcelona durante la pandemia.