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Aglomeración de tráfico en Gran Via de les Corts Catalanes, uno de los accesos a Barcelona / FOTOMONTAJE DE CG

¿Por qué Barcelona se convierte en una ratonera cuando llueve? (I)

El exceso de coches, unos accesos saturados, la programación semafórica y un transporte público débil en la conurbación convierten la ciudad en una trampa

Ignasi Jorro / Rafa Mezquita
8 min

La lluvia no siempre se recibe como agua de mayo en Barcelona. En la ciudad no suele caer con frecuencia, aunque cuando lo hace jarrea. Con apenas cuatro gotas la capital se sume en un pequeño caos.

Las afectaciones en el tráfico rodado son constantes en las arterias de entrada y salida a la ciudad. Se forman colas de coches kilométricas. El tráfico se ralentiza en la B-23 y la C-58, los accesos desde las comarcas del Baix Llobregat y Vallès Occidental. La Ronda de Dalt y la Ronda Litoral, su continuación natural, han quedado estrechas. Quizá por ello, Barcelona es la ciudad con más atascos de España.

Aun así, ¿por qué un chaparrón causa este pandemonio? La capital catalana no es la única urbe donde sucede. Todas las grandes ciudades sufren los efectos sus enormes parques de vehículos, ya sean públicos o privados. La lluvia es un fenómeno natural que aumenta la accidentalidad.

Imagen del tráfico frenado en la plaza de Catalunya por la lluvia / CG

Imagen del tráfico frenado en la plaza de Catalunya por la lluvia / CG

Escasa coordinación

Dos episodios de este tipo se vivieron el lunes y el martes. A principios de semana, llegó la ya habitual huelga de Metro que, de rebote, colapsó la red de autobús. El martes, la huelga de taxis dejó sin este servicio público a toda la ciudad. Y a vecinos y turistas corriendo bajo el paraguas para llegar a destino.

Ese mismo día, los Cercanías de Renfe registraron una incidencia en la vía de acceso más importante para llegar a Barcelona en tren: el túnel de la estación de Sants. Dos andenes enteros quedaron completamente bloqueados durante casi una hora a causa de la avería. Por último, la lluvia también se dejó ver en la capital catalana. Ello añadió presión sobre las carreteras en Barcelona.

Aglomeración en el andén de la estación de metro Espanya de Barcelona / CG

Aglomeración en el andén de la estación de metro Espanya de Barcelona / CG

A las escenas como las del lunes y el martes, se le juntó otro problema endémico: ninguna institución acostumbra a acatar responsabilidades. El Servei Català de Trànsit indica que la entrada a la ciudad por carretera incumbe a la Guardia Urbana. El cuerpo local de seguridad niega la mayor y asegura que la competencia es de la Generalitat de Cataluña. Nadie toma las riendas.

Programación de semáforos

El experto en movilidad y colaborador de Crónica Global Manuel Gómez Acosta explica que la regulación del tráfico está organizada “si hay previsión de que pueda suceder algo”. Gómez Acosta indica que “hasta los semáforos están programados” según el mes, el día o las horas e incluso la zonas de la ciudad.

Pese a ello, la regulación semafórica no puede soportar “fenómenos inesperados” como la lluvia, un accidente de tráfico o una manifestación. Se colapsa. Y cuando ello ocurre, en las calles de Barcelona sólo se escuchan los cláxones de los coches y las sirenas de emergencias que reverberan sobre encharcadas calles.

Esta tesis la abona Vicente Artigas, secretario del Gremio de Garajes de la ciudad. "La programación de los semáforos empeora algunos colapsos circulatorios. Los que, por ejemplo, frenan a los coches cuando giran por una calle. No costaría nada ponerlos más abajo y así liberar la arteria principal de la cola de coches que esperan. El peatón no sufriría".

Más tráfico

A estos problemas se le añade un tercero. "Barcelona se emboza cuando llueve por una sencilla ecuación. La gente coge menos el transporte público y la moto y utiliza más el coche. Las calles tienen una capacidad determinada, por eso se atascan", recuerda Alfons Perona, consultor y ex secretario ejecutivo de la Fundación RACC.

Contrariamente a lo que pudiera parecer, el experto subraya que las motos aportan fluidez al tráfico. "Se dice que Barcelona es la ciudad con más motocicletas de Europa, más de 200.000. Pero imagina todos esos vehículos ocupando dos metros de largo por metro y medio de ancho en la calle. Sería el caos", dibuja.

Las obras de la plaza de Glòries en pleno apogeo de tráfico / FAVB-Cristina Palomar

Las obras de la plaza de Les Glòries, atascadas en un día lluvioso / FAVB-CRISTINA PALOMAR

Los accesos, dificultosos

"El problema —continúa el experto en movilidad— se concentra en las entradas y salidas de Barcelona. Se calcula que diariamente entran a la urbe de medio millón a 700.000 vehículos. El problema es que toda esa gente no tiene alternativa rápida para llegar al trabajo salvo el coche".

Una posible alternativa sería el transporte público. ¿Qué ocurre en este terreno? "Funciona relativamente bien pese a la mala prensa que recibe. Lo que ocurre es que permea de forma débil en las zonas residenciales colindantes a Barcelona. No es siempre una opción para ir al trabajo", aporta Mateu Turró, catedrático de Transportes de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puentes de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

"Es una red notable, pero autocontenida. No ofrece un servicio adecuado en áreas muy pobladas en las que mucha gente trabaja en Barcelona ciudad", agrega Perona.

Rondas colapsadas

Si el transporte público no es siempre una opción, entrar en coche a Barcelona puede ser aún peor.

"Hay un hecho constatable: las dos rondas de la ciudad han aguantado veinte años sin llegar al límite. Y ya lo están. La infraestructura se pensó mal, o se diseñó con un crecimiento del tráfico erróneo. La Línea 1 del Metro, por ejemplo, se estrenó en 1926 y llega ahora a su capacidad máxima. ¿Quién diseñó las rondas?", se pregunta Ricard Riol, presidente de la asociación Promoció del Transport Públic.

Cualesquiera que fueren los puntos negros de la movilidad barcelonesa, lo cierto es que esta semana dos huelgas y un chaparrón afloraron de nuevo su existencia. Amargó dos días a los conductores y puso nuevos deberes a los gobernantes.

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