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Antiguo Hospital Arlés / ©LIONEL-ROUX

Arlés: la ciudad cuya luz cautivó a Van Gogh

Esta bella urbe francesa es un destino imprescindible para los amantes de la cultura, las tradiciones y, por supuesto, de la historia

Yolanda Cardo
20.10.2018 00:00 h.
10 min

Arlés es una ciudad vibrante y dinámica estrechamente ligada a su pasado. Una ciudad de pintores, de postales y de luz, de emperadores y de tesoros ocultos, de toreros, escritores, y de estrellas. Capital de La Camarga, está situada en el corazón de la Provenza, una bellísima zona del sur de Francia salpicada de pintorescos pueblos, gentes amables, vibrantes mercados, generoso patrimonio y paisajes que alimentaron la inspiración de locos maravillosos.

Vista aérea de Arles / ©LIONEL-ROUX

Vista aérea de Arlés / ©LIONEL-ROUX

Un legado extraordinario en Arlés

La singularidad de su enclave ya la vislumbraron siglos atrás celtas, griegos y romanos. Fueron precisamente ellos los que por mandato de Julio César, y en agradecimiento por su apoyo durante el asedio de Marsella, levantaron aquí en el 46 a.C. una colonia de derecho romano, la máxima jerarquía que se otorgaba a las ciudades del Imperio.

Su herencia majestuosa la exhibe a cada paso. El teatro, el anfiteatro, las termas de Constantino, la catedral de Saint Trophime y su maravilloso claustro, los criptopórticos (unas impresionantes galerías subterráneas)… Pero vayamos por partes.

Los criptopórticos / YOLANDA CARDO

Los criptopórticos / YOLANDA CARDO

En el edificio del ayuntamiento construido en el XVII según los planos de Jules Hardouin-Mansart, el arquitecto del palacio de Versalles, se encuentra el acceso a una impresionante y sobrecogedora construcción subterránea: los criptopórticos. A seis metros bajo la ciudad moderna se encuentra esta doble galería abovedada que data de los años 30 al 20 a.C. construida con la finalidad de nivelar el terreno donde se levantaría el foro, ya que la ciudad se eleva sobre una colina.

Este imponente pasadizo guardó entre sus muros durante siglos un tesoro hasta que en el año 1951 fue encontrado por un equipo de arqueólogos mientras realizaban trabajos de investigación. El hallazgo en cuestión se trata de varias piezas: una estatua de Tiberio, otra posiblemente de Adriano, placas de mármol con inscripciones… pero la más valiosa y significativa es una réplica exacta esculpida en mármol de Carrara (el original es de oro) del Escudo de las Virtudes (26 a.C.), una ofrenda del Senado a Augusto que simboliza la transición de la República al Imperio.

Las puertas del ayuntamiento dan paso a la plaza de la República presidida por una auténtica joya del románico provenzal, la catedral de Saint Throphime (siglo XII) junto a su hermoso claustro, único en la región, engalanado de esculturas y capiteles. No muy lejos de allí se encuentra el teatro romano, mandado construir bajo el mandato del emperador Augusto a finales del siglo I a.C. Sus restos nos hablan de un pasado glorioso. Dos magníficas columnas de mármol han resistido milagrosamente al paso del tiempo y del hombre. Treinta y tres gradas que podían albergar hasta 10.000 personas. Arquitectura civil al servicio de la cultura, el entretenimiento y la propaganda del Imperio y que, en la actualidad, sigue siendo sede de diversos festivales.

Plaza de la República / YOLANDA CARDO

Plaza de la República / YOLANDA CARDO

Pero si hay un edificio que determina el plano de la ciudad, ese es el anfiteatro, un edificio erigido diez años después del Coliseo de Roma y con sus mismas técnicas. Rotundo, elegante y orgulloso, hoy ejerce de coso taurino. Dos niveles de 60 arcadas pétreas que fueron inauguradas en el año 90 d.C. y que en la época tenían una capacidad de hasta 25.000 espectadores. Más edificaciones constatan su pasado romano: las Termas de Constantino, la necrópolis de Alyscamps (Campos Elíseos en provenzal) e innumerables piezas que se atesoran y se pueden visitar en el Museo Departamental de la Antigua Arles. Un moderno espacio levantado sobre los restos del antiguo circo romano y que aloja las colecciones arqueológicas de la metrópoli. Una visita esencial para conocer la historia de esta ciudad declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Claustro de Saint Throphime / YOLANDA CARDO

Claustro de Saint Throphime / YOLANDA CARDO

Un holandés, el ciudadano más universal de Arlés

En febrero de 1888, Van Gogh llegaba a la estación de tren de Arlés. Seguramente, cuando pisó el andén nunca pudo imaginar cómo su breve estancia en esta tierra les marcaría a ambos. El que un día fuera persona non grata es hoy un referente universal y personaje indisociable de Arlés. Los quince meses que vivió aquí resultaron ser uno de los periodos más felices y productivos de su vida. Hasta 300 obras, inspirado por la luz del Midi, firmó el pintor en esta breve etapa. Llegó buscando paz e inspiración. Su paso por la ciudad está lleno de luces pero también de sombras. Fue precisamente aquí donde el holandés se cortó la oreja tras una agria pelea con Paul Gauguin. Tras este incidente, Paul abandonó la ciudad y Vincent fue internado en el hospital, cuyo patio fue inmortalizado en uno de sus lienzos.

Fundación Van Gogh / YOLANDA CARDO

Fundación Van Gogh / YOLANDA CARDO

Paseando por las encantadoras calles arlesianas es fácil sentirse como un personaje de uno de sus cuadros. Incluso hay una ruta con paneles situados en los lugares en los que el pintor colocó su caballete para plasmar sus bellos rincones: La casa amarilla, El viejo molino y el Puente de Langlois son algunas paradas de este circuito. En 2014, se inauguró la Fundación Van Gogh. Un espacio cuya finalidad es poner en valor su legado, su repercusión en la obra de muchos artistas y su impacto en la historia del arte. Distintas exposiciones temporales a lo largo del año contribuyen a reflexionar sobre su valiosa herencia.

Otros personajes ilustres y un hotel con mucha historia

Gardienne, guiso tradicional provenzal del Restaurante Les filles du 16 / YOLANDA CARDO

Gardienne, guiso tradicional provenzal del Restaurante Les filles du 16 / YOLANDA CARDO

No solo el pintor holandés se enamoró de la luz y del embrujo del lugar. Otros personajes ilustres acudían atraídos por la vida de la ciudad. Todos ellos pasaron en algún momento por el mítico Hotel Nord Pinus situado en la céntrica plaza del Fórum. Picasso, Luis Miguel Dominguín, Christian Lacroix, Edith Piaf, Maria Callas, Cocteau, Churchill o Hemingway se alojaron en estas estancias de estilo art decó. Carteles taurinos, que recuerdan la afición de Arlés por la tauromaquia, y fotografías en blanco y negro, de algunos de sus célebres invitados, cuelgan hoy de sus paredes advirtiendo a sus huéspedes de que esas estancias son también parte de la historia.

El arte, una apuesta de futuro

Arlés exuda historia y arte por cada rincón y se reinventa día a día. La riqueza de su pasado es rotunda y evidente, pero aspira a ser también un referente artístico y cultural en el futuro. Este es el objetivo que persigue la transformación de unos antiguos talleres de ferrocarril en el Campus Luma Arles, un laboratorio de arte e investigación que contará, entre otras muchas cosas, con una residencia de artistas. Actualmente están construyendo un edificio proyectado por el arquitecto Frank Gehry. Cincuenta y seis metros de altura recubiertos en gran parte de acero inoxidable, y cuya inauguración está prevista para el 2019, se convertirán en un nuevo reclamo cultural.

Torre de Frank Ghery para el Campus Luma Arles / ©HERVÉ HôTE

Torre de Frank Ghery para el Campus Luma Arles / ©HERVÉ HôTE

Muchas son las razones para visitar esta ciudad en la que la gastronomía forma parte de su esencia: arroz y sal de La Camarga, aceitunas, el salchichón de Arlés, aceite de oliva, la tradicional gardienne (guiso de carne de toro), dulces, vinos... cocina provenzal, italiana, española... Sabores y olores que completarán las innumerables postales que, sin duda, se llevarán de este inolvidable destino.