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Un joven consulta en su móvil una web de apuestas deportivas / EFE

De la tragaperras a las apuestas deportivas: 'Ludomorfina'

David Martínez Oró publica un ensayo en el que alerta de que las casas de apuestan buscan la conversión de los jóvenes a los juegos de azar 'online', con márgenes más suculentos

11 min

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El ser humano apuesta desde la antigüedad, pero la digitalización abrió un nuevo escenario para el juego, disponible ahora 24/7 a través de internet. Este nuevo panorama ha propiciado que un pequeño porcentaje de jugadores caigan en la ludopatía. ¿Cómo y por qué? David Martínez Oró da algunas claves en su ensayo Ludomorfina. El fenómeno de las apuestas deportivas en la juventud española (Icaria, 2021), en el que aborda cómo se han convertido en una actividad de ocio más entre los jóvenes, cuyo periodo de latencia para convertirse en jugadores patológicos es mucho más breve que el de aquel padre de familia que se gastaba el sueldo en la máquina tragaperras.

—Pregunta: Explica que las apuestas nos acompañan desde la antigüedad, pero que ahora se han convertido en un riesgo para los jóvenes.

Respuesta: Hay que tener en cuenta cómo ha cambiado el escenario. Las apuestas estaban inscritas en ciclos anuales y momentos puntuales: a la pelota valenciana, por ejemplo, se apostaba, pero en días señalados. Lo que ha posibilitado la irrupción de la cultura digital, que la industria del juego ha sabido aprovechar de forma estratégica, ha sido incorporar todos los mercados de todos los deportes en una sola página web y cualquier persona, desde cualquier lugar del mundo, puede apostar a deportes que ni conocía, de países que no podemos ni situar en el mapa y sin salir de casa, con la tarjeta de crédito; y hacerlo a diario.

—¿Cuál es su alcance?

La web más utilizada por los jóvenes españoles para apostar es 365. Un viernes por la mañana retransmite fútbol australiano, por ejemplo. Tal y como avanza el día un español puede apostar a deportes en Oceanía, luego a europeos, y de madrugada a lo que se juegue en el continente americano, y así hasta volver a empezar. Los mercados son inagotables. Aunque es evidente que no todos los que juegan lo hacen en todos los mercados disponibles.

—Señala que existen jugadores en contexto de ocio, no necesariamente engachados.

En mi estudio hablo de los que son totalmente esporádicos; jóvenes que apuestan a rebufo de su grupo de iguales. Lo que se llama la gamificación del deporte; colonizar el espacio de prácticas de élite de manera sigilosa y normalizada, con patrocinios en camisetas y vallas publicitarias, entre otros. Esto llega al consumo de masas y los más tentados a apostar son los que se han dedicado al deporte y al saber de este ámbito apuestan, pero como una emoción más, no lo hacen si no ven el partido, y tienen una carga de riesgo [de engancharse] relativamente baja.

—¿Cuáles son los perfiles que sí pueden caer en la ludopatía?

El punto que delimito es el salto que hacen ese tipo de apostadores hasta convertirse en personas que asumen un mantra extremadamente peligroso que es ‘todo el mundo gana dinero con las apuestas si lo haces bien’. Este mantra lo inoculan los tipsters. Figuras que van de popes del mundo de la apuestas. Se presentan como personas con habilidades excepcionales para dilucidar qué pasará en cada uno de los mercados e inoculan este tipo de discursos que los más jóvenes se creen.

Una joven ojea una web de apuestas deportivas / EFE
Una joven ojea una web de apuestas deportivas / EFE

—El 'duros a cuatro pesetas'...

Es un mantra que funciona. Los tiptsters operan en canales de Telegram, el resto de redes sociales funcionan de aparador donde presumen de la vida que llevan gracias a las supuestas ganancias, aunque sea mentira. El gancho es una apuesta que siempre funciona y luego lo celebran, para convencer al resto de que paguen, pero es una pantomima porque estos captadores no apuestan, sino que viven del programa de afiliados de las casas de apuestas.

—¿Afiliados?

Es totalmente legal. Son afiliados de las casas de apuestas, y cuando traen a un amigo o familiar la empresa te da una prerrogativa, sea un descuento o dinero, como hacen muchas compañías.

—¿Son la versión moderna del corredor de apuestas?

El corredor va a comisión. Con un sistema, el parimutuel, en carreras de caballos, el jugador apuesta por un caballo en el hipódromo, si resta una comisión, se paga el impuesto correspondiente, y si hay 100 personas que han pujado por el mismo, se reparte entre ellas. Es el sistema de quinielas.

—¿Cómo funcionan las apuestas deportivas?

Con el sistema de cuota fija con antelación. Lo que hacen los tiptsters es captar clientes para las casas de apuestas, y estas les pagan en función del número que consigan con dos sistemas de pago: el coste por acción (CPA); o, el más perverso, en el cual estos consiguen jugadores y la empresa le abona un porcentaje de sus pérdidas. En algunos casos, como Sportium, puede llegar a pagar el 40% de las pérdidas.

—¿Cómo se cae en la trampa?

Hace una semana, unos pseudo-influencers publicitaron en Instagram --de forma encubierta-- que ganaban dinero con las apuestas. Se demostró que era mentira, y que obedecía a una colaboración pagada con las casas de apuestas, pero nadie hace nada para evitarlo.

—¿Qué indican las cifras?

En España hay casi 800.000 cuentas activas de juego online. La magnitud de los que participan en las apuestas es cada vez más, porque es una fórmula muy atractiva para los jóvenes.

Una aplicación de apuestas 'online' / EP
Una aplicación de apuestas 'online' / EP

—En un contexto de crisis económica, ofrecer una supuesta fuentes de ingresos con una inversión mínima y sin moverse de casa, ¿la tormenta perfecta?

El entorno digital acerca a deportes que suponen ocio, y si te ofrecen capitalizarlo, hay algunos que se vuelven locos, y más en un contexto de precariedad, con una tasa de paro juvenil que se acerca al 40%.

—Advierte de que el objetivo final es la conversión a otro tipo de apuestas.

La industria busca el salto de las apuestas deportivas a los juegos de azar, como el póker —aunque este es estratégico—, las slots —tragaperras virtuales— y juegos de casino, porque los márgenes son mucho más altos.  La predictoria con la que está trabajando la industria es empezar con los videojuegos, desde las slot box —las cajas del botín—. Según un estudio de la London School of Economics, 55.000 jóvenes británicos de 15 años tienen trastorno de juego por esta slot box.

—¿Cómo se genera esta conversión?

Ya pasó con el Candy Crush, uno empieza a jugar gratis y luego sigue gastando un euro para tener más vidas, y luego cinco euros. Es evidente que esta trayectoria no la genera todo el mundo, pero los que empiezan a desarrollar características de trastorno patológico, como craving —deseo de consumo—, o pensamientos ilusiorios, se aproximan al juego patológico. Una cosa es jugar y otra muy distinta es terminar desarrollando problemas.

—¿Existe un perfil más proclive?

Hay factores de riesgo como jóvenes de familias vulnerables en situación precaria.

Varias máquinas tragaperras en un local de juego y apuestas / EP
Varias máquinas tragaperras en un local de juego y apuestas / EP

—Si no tienen ingresos, ¿cómo pueden jugar?

Si antes los ludópatas eran padres de familias con ingresos que jugaban a la tragaperras, y tardaban muchos años en pedir ayuda, ahora los periodos de latencia son mucho más cortos, y algunos jóvenes acaban robando directamente en sus propias casas o piden créditos fáciles como los que se anuncian en televisión, para los que solo necesitan una tarjeta de crédito para obtener 3.000 euros con unos intereses draconianos. Pero no debemos magnificar, estos representan un porcentaje muy bajo de quienes se relacionan con el juego.

—¿Regular la publicidad de las casas de apuestas es uno de los caminos?

Tal y como está completada la ley, las casas de apuesta podrán sortear algunas restricciones. Creo que poco o nada podrá modificar el escenario actual. Está bien modificar las medidas ambientales para eliminar los estímulos, pero a quien estimula es a los jugadores patológicos, no a la población general que ve un anuncio. Lo que ejerce más influencia son los tipsters en canales de Telegram, muy por encima de la publicidad, algo que no contempla la legislación.

—¿Por dónde pasa la prevención?

Es ocio destinado a adultos y como todo ocio, se paga. El problema es que hay gente que piensa que apostando puede ganar dinero y el juego se puede convertir en algo patológico.