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Andrés, de espaldas, en su casa en El Masnou / CEDIDA

Andrés, inmigrante azotado por la pandemia: "Solo tengo dinero para un mes más"

Cáritas ha triplicado la atención a población vulnerable en Barcelona durante el estado de alarma

7 min

Andrés (su segundo nombre) tiene 26 años. Hasta hace no mucho jugaba como portero en el Expreso Rojo, un equipo de fútbol, y estudiaba psicología en Colombia. Pero la falta de oportunidades en su país y la situación económica familiar le empujaron a emprender su viaje hasta El Masnou, donde vive junto a su tío. Tras un periplo de ocho meses al fin consiguió un empleo. Desde que llegó, hace menos de dos años, ha trabajado en la construcción, pintando casas y realizado mudanzas. Antes de que se decretase el estado de alarma por la pandemia, ejercía como camarero en un restaurante de Barcelona, pero ahora lleva un mes sin empleo. “Solo tengo dinero ahorrado para aguantar un mes más”, explica.

Su jefe le ha prometido que, cuando retome la actividad, le volverá a llamar. “Lo que más me preocupa es estar sin trabajar. Es una situación complicada, sobre todo para los que somos inmigrantes. Estamos lejos de nuestra casa, prácticamente solos”, cuenta este joven a Crónica Global. “Él tiene empleo y los papeles en regla. Siempre me ha apoyado, pero hay facturas que pagar y yo tengo que colaborar”, detalla sobre su tío.

El deporte como salvación

Andrés abandonó Pereira, una ciudad situada en una región montañosa y cafetalera del oeste de Colombia, famosa por los granos de café Arábica, y con ello sus estudios, en busca de oportunidades. “Dejé la universidad para venir aquí. Mi país es muy lindo, pero no ofrece oportunidades. En ese momento mi familia pasaba por una situación económica bastante complicada y, cuando surgió la oportunidad, no lo pensé dos veces y me vine”, explica. Al llegar no encontraba trabajo y su pasado como arquero le llevó a contactar con el club del municipio en el que reside, a 17 kilómetros de Barcelona, el Atlètic Masnou.

Imagen de voluntarios de Cáritas repartiendo comida / EP
Imagen de voluntarios de Cáritas repartiendo comida / EP

“Un día le comenté al entrenador que estaba pasando por una situación difícil --estuve a punto de volver a Colombia--, él se lo dijo al presidente del equipo y me pusieron en contacto con Cáritas”, recuerda el joven. La ayuda de la entidad fue fundamental para que pudiera salir adelante. “Fue muy complicado encontrar empleo, al no tener papeles la gente tiene miedo porque no quieren exponerse a una sanción, es entendible”, admite. La entidad le proporcionó formación y asesoría para poder encontrar un trabajo, así como ayuda económica para poder pagar facturas o comprar comida. “Han sido un salvavidas para mí”, agradece.

Volver a estudiar

Ahora Andrés esta deseando que acabe la reclusión para poder reincorporarse al trabajo. “He sido un poco previsor. Aunque no era la forma como quería gastarlos, estoy tirando de mis ahorros. Después no sé qué va a pasar. Espero que podamos volver a nuestras labores cotidianas”. Sus planes, a largo plazo, pasan por volver a la universidad para terminar la carrera de psicología que comenzó en Colombia. Sobre el fin del encierro, durante el que medita y lee, se muestra positivo: “Espero que en mayo podamos, paulatinamente, volver a nuestras rutinas, si no empezaría a preocuparme porque no voy a tener dinero”.

Reparto de alimentos en Cáritas Barcelona durante la pandemia / CÁRITAS
Reparto de alimentos en Cáritas Barcelona durante la pandemia / CÁRITAS

Antes de la pandemia, su jefe le dijo que su intención era hacerle un contrato. “Yo fui al ayuntamiento y he hablado con abogados de extranjería para legalizar mi situación, pero tengo que cumplir un mínimo de tres años en España, y todavía falta más de uno". Una situación que le genera incertidumbre. “Me puede parar la policía o pueden hacer una inspección en el restaurante”, explica. Igual que Andrés, centenares de personas se encuentran en una situación de vulnerabilidad, que puede agravarse cuando se levante el aislamiento.

Olvidados por el sistema

Así lo alertan desde Cáritas Barcelona que, en los últimas días, ha triplicado la ayuda que presta. En su mayoría, recibe peticiones de alimentos, pago de suministros y alquileres. “En esta crisis sanitaria, los que están en una situación más vulnerable son personas que han quedado expulsadas del sistema y que no han podido acceder a ERTE porque ya estaban en economía sumergida o con contratos temporales”, explica desde la entidad Anna Roig.

Durante los primeros días de encierro, el teléfono de la organización se vio desbordado. “Antes de Semana Santa recibimos 450 peticiones de ayuda, y durante esta, en solo un día más de 300”, detalla Roig, quien alerta de que tras el confinamiento, las personas vulnerables lo serán todavía más. “Hará falta un refuerzo de la atención. Las entidades sociales podemos ayudar, pero se necesita una política social que promueva una renta mínima de emergencia; ingresos básicos para personas que no van a encontrar trabajo o que no van a tener derecho al paro, que están en situación irregular, y seguirán siendo invisibles para toda la sociedad”.