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Ana Julia Quezada: entre la "maldad humana" y el "efecto cenicienta"

Ana Julia Quezada: entre la "pura maldad" y el "efecto cenicienta"

La psicología evolucionista aporta un perfil de personas egocéntricas y sin capacidad de empatizar que se ajustaría a la conducta mostrada por la acusada de la muerte de Gabriel

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Malvada voluntad”. Con estas palabras el magistrado que lleva el caso Gabriel ha definido la actuación de Ana Julia Quezada, la responsable confesa de la desaparición y muerte del niño de ocho años Gabriel Cruz

Todo apunta a que la pareja del padre del pequeño engañó desde el primer momento. Preparó, en palabras del juez, su “macabro plan criminal” con tiempo. Premeditadamente. Sin actuar en caliente tras una discusión con el niño.

Posteriormente apareció en todos los actos públicos en solidaridad con la desaparición de Gabriel, y no dudó en lucir la camiseta con la imagen del menor. Se mostró dolida, llorando y dedicando muestras de afecto a su (ex) pareja, Ángel Cruz. Incluso fabricó pruebas falsas para obstruir la investigación.

Protagonismo excesivo

Fue precisamente este excesivo protagonismo de la principal acusada de la muerte de Gabriel el que suscitó las sospechas de la policía. El hecho de que fuera ella quien encontrara la supuesta camiseta que llevaba Gabriel en el día de su desaparición en una zona que ya había sido rastreada con perros adiestrados y por los más de 200 voluntarios, encendió las alarmas. Pero lo que se conoció después empeoró la situación.

Como adelantó El Español este viernes, los agentes instalaron micrófonos en el coche de Ana Julia Quezada y registraron insultos y comentarios vejatorios contra el cadáver del niño mientras lo transportaba en el maletero de su vehículo.

La conducta mostrada por la mujer y única acusada de la muerte de Gabriel evidencia que podríamos estar ante uno de los casos extremos de maldad humana que la psicología evolucionista considera irrecuperables.

¿Rehabilitación?

El mito rousseauniano del buen salvaje sigue siendo hegemónico en nuestra sociedad. Pese a que cada vez se confirma la importancia de los genes y la biología en las conductas humanas, la sociedad está orientada hacia lo que el psicólogo evolucionista Stephen Pinker llama la tabula rasa (concepto que usado previamente por los filósofocs Aristóteles y Santo Tomás de Aquino). Es decir, la creencia de que todo lo que concierne al ser humano es moldeable y producto de la cultura y del entorno.

El sistema judicial de los países occidentales se basa en la posibilidad de rehabilitación y reinserción social. Y así debe ser en la mayoría de los casos: tras la pena impuesta hay que garantizar a las personas segundas oportunidades. O lo que, en la sentencia condenatoria del Tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos contra Reino Unido en 2012 en el caso Vinter, se conoció como “derecho a la esperanza”. El tribunal europeo rechazó la cadena perpetua contra este individuo que mató a un hombre de 22 años y, tras cumplir condena, asesinó a su mujer a cuchillazos. No obstante, admitió la pena revisable para garantizar su derecho a ser libre si mostraba signos de estar rehabilitado.

Los celos de Ana Julia, principal hipótesis del móvil del asesinato del pequeño Gabriel

Ana Julia Quezada junto a Ángel Cruz, padre de Gabriel

Independientemente de la cuestión legal y del actual debate en España sobre la constitucionalidad o no de una prisión permanente revisable, que también podría ser susceptible de abusos por parte de las autoridades y que podría atentar contra el Convenio europeo de Derechos Humanos, la ciencia aporta información útil para hallar una solución en estos casos.

Psicopatía

En su libro Tabula rasa, Pinker habla de estos casos de maldad humana que, lejos de ser la norma, son excepcionales. Pero que conviven con “la negación” por parte de nuestras sociedades de aceptar que formen parte de la “naturaleza humana”. “La idea romántica de que todo mal es un producto de la sociedad ha justificado la puesta en libertad de psicópatas peligrosos que de inmediato asesinaron a personas inocentes”, sostiene al autor en su obra.

Se trata de casos irrecuperables de maldad extrema, donde la educación es incapaz de actuar como freno a unos impulsos de violencia y frialdad extrema.

La conducta mostrada por Ana Julia Quezada podría entrar en este perfil de psicopatía. Gente egocéntrica y sin la capacidad de sentir empatía o compasión por el resto de seres humanos. La psicología define a las personas diagnosticadas con este cuadro médico como seres que utilizan a los otras personas como medios para conseguir sus objetivos. Se estima que entre un 2% y 4% de las personas tienen rasgos psicopáticos, pero la mayoría de ellas no cometen nunca asesinatos.

El efecto cenicienta

Este jueves el psicólogo forense y ex defensor del menor Javier Urra afirmaba ante los medios que no hay "nada" que se pueda hacer desde la psicología para estos casos de "pura maldad". El neuropsiquiatra Francisco Traver coincide en que el caso de Ana Julia Quezada no se circunscribe a un “problema psiquiátrico” y, por tanto, de solución mediante la terapia.

Ana Julia Quezada junto a Gabriel Cruz

Ana Julia Quezada junto a Gabriel Cruz

El neuropsiquiatra apunta al “efecto cenicienta” para explicar la conducta irreversible de la presunta asesina del pequeño Gabriel.

El efecto cenicienta fue descrito por los investigadores canadienses Margo Wilson y Martin Daly sobre los celos en el entorno familiar. Su mayor descubrimiento fue el hecho de que el factor de riesgo más grave descubierto hasta la fecha en el maltrato de niños es la convivencia con un padrastro o una madrastra”. Según los datos de sus investigaciones, el síndrome del niño golpeado y el infanticidio eran unas 40 veces más frecuentes entre aquellos que tenían padrastros o madrastras que entre los que vivían con sus progenitores genéticos. También los abusos sexuales son más recurrentes entre padrastros e hijastras. 

Los autores han elaborado sus trabajos de investigación sobre la violencia familiar desde una perspectiva darwiniana del amor parental con grupos extensos de poblaciones muy diversas. El hecho de que muchas madrastras se encuentran con hijos de sus parejas "sobrevenidos" y que, en palabras de Francisco Traver, "interfieren en los planes de reparto de recursos que toda mujer hace consciente o inconscientemente", causa el "efecto cenicienta". No obstante, los rasgos psicóticos de la personalidad son los que más influyen a la hora cometer un crimen de esta naturaleza. 

Todos estos conocimientos de la condición humana que aporta la ciencia pueden contribuir a prevenir estos casos tan atroces como el de la muerte de Gabriel.