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Escaparate de 'La casa de les sabatilles', histórica tienda de Barcelona / MAPS

La alpargatería más famosa de Barcelona, en peligro de cierre

'La casa de les sabatilles' está pendiente del recurso contra la sentencia que ordena el desahucio del negocio instado por el propietario del local

5 min

El histórico y emblemático comercio La Casa de les Sabatilles, que desde 1950 vende todo tipo de zapatillas, pantuflas y alpargatas en el número 10 de la calle Baixada de la Llibreteria teme tener que cerrar ante una orden de desahucio. Si se consuma, sumaría su nombre a la tragedia comercial que azota un centro de Barcelona desangelado por la crisis del Covid-19.

Recorriendo las estrechas calles del barrio Gòtic, Joan Carles Iglesias, propietario de La Casa de les Sabatilles, observa con nostalgia lo que queda de los negocios que en su día formaron parte de la ruta de los comercios emblemáticos de Barcelona. "Perder toda esta riqueza y que el centro de Barcelona acabe repleto de souvenirs es muy triste", lamenta, en declaraciones a Efe, el profesional de las zapatillas, que solo vende productos fabricados en territorio español.

El recurso

Imanes, carcasas de móviles y camisetas del Barça toman el relevo ahora en los escaparates que antiguamente daban color a las concurridas calles, ahora desérticas, del barrio de la Catedral de Barcelona. El propietario reconoce que vive con "miedo" de que en cualquier momento tenga que decir adiós al negocio de zapatillas, pantuflas y alpargatas nacionales que compró su padre en 1984, y al que él y su familia han dedicado toda su vida. Hace meses que espera la resolución del recurso que presentó contra la sentencia que ordena el desahucio del negocio instado por el propietario del local.

Mediante un contrato con dos subrogaciones, el padre de Joan Carles compró el negocio por 11 millones de pesetas, pero la vendedora mantuvo el local en propiedad. El contrato garantizaba que, tras la muerte de los padres, tendría derecho a mantener la tienda. No obstante, en 2001, el local pasó a manos de una sociedad limitada de alquiler de bienes inmuebles que se hizo con ella a cambio de una renta vitalicia y, pasados los sesenta días, comenzó lo que la familia Iglesias denuncia que es un "acoso y derribo extraordinario" para recuperar la propiedad.

Una lucha desigual

"Nos enviaron inspecciones constantes de todo tipo con el fin de rescindir el contrato. Para que nos fuéramos ya en el 2001". explica el vendedor, que al año siguiente, inició una negociación. "Nos pidieron 50 millones de pesetas y cuando los conseguimos, hipotecando el piso y demás; el mismo día y dos horas antes de ir al notario, llamaron a nuestro abogado diciendo que no, que se lo habían pensado mejor", lamenta. Según Iglesias, "si hubiéramos podido ejercer el derecho de tanteo y retracto, la hubiéramos comprado. Pero ellos lo compraron por el método de renta vitalicia, para saltarse este derecho que tiene el arrendatario".

Meses después, tras la sentencia, el padre de Joan Carles enfermó, y en agosto de 2010 falleció. "Estaba destruido, aquello era el fruto de toda su vida. Lo que le hizo más daño fue ver que la injusticia, la marrullería legal, pasaba por encima de lo que él pensaba que era justo", subraya. La propiedad actual da el contrato de alquiler por extinguido y la justicia, en una sentencia del año pasado, que le ha dado la razón. Ahora, la única solución posible que ve Joan Carles Iglesias, es que el Ayuntamiento o la Generalitat lo conviertan en un bien de titularidad pública: "Solo, no puedes, es imposible. Te enfrentas a gente con mucho dinero", dice.

Comercio emblemático

Desde 2015, La Casa de les Sabatilles fue catalogada como comercio emblemático de grado 3, por lo que se consideró un local que tiene interés para la ciudad porque parte del patrimonio comercial de Barcelona, de aquellos que salvaguardan en sus locales pedazos de historias de la ciudad. El interés emblemático recae en la fachada y el cartel exterior, el escaparate, los estantes, los espejos y el suelo de la tienda. Elementos protegidos, "teóricamente --opina Iglesias-- están protegidos arquitectónicamente al menos sobre el papel. Pero cuando llega la hora de la verdad, nada de nada”.

"Todo esto es tan injusto, que piensas: algo hay que hacer. No puede ser decir amén e irse. Pues en eso estamos", dice. Espera que la Administración Pública impida tener que abandonar su negocio.