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Deportistas y famosos patrocinan las casas de apuestas / EFE

La adicción al juego: de las tragaperras de hace una década a las apuestas deportivas de hoy

El perfil del jugador también ha cambiado: en el caso de los hombres, ahora son más jóvenes y su media de edad va de los 26 a los 30 años

8 min

La adicción al juego está cambiando. No porque haya menos ludópatas, sino porque el perfil de las personas que sufren ludopatía ha evolucionado mucho durante la última década. Se calcula que el 0.9% de los adultos entre 18 y 75 años de España juegan de forma patológica. Dos de cada tres son varones. De estas 400.000 personas, “sólo el 20% reconoce su problema y acude a tratamiento. El 63% de las personas que se pone en manos profesionales para superar este problema termina su tratamiento y consigue abstenerse de todo tipo de juego de azar. El otro 37%, lamentablemente, recae en su adicción”, detalla Juan Lamas, director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR).

Pese a que los menores de edad no pueden jugar de forma legal, desde Fejar reconocen que cada vez hay más menores adictos a juegos de azar, aunque, explican, “no hay estudios sobre esto y, por ello, es difícil cuantificarlos”.

El perfil masculino, el que más ha evolucionado

La evolución de la adicción a juegos de azar en la última década se ve clara en el perfil masculino que acude a tratamiento. “Hace diez años hablábamos de un varón de entre 45 y 55 años, jugador básicamente de tragaperras, que llevaba jugando entre 6 y 7 años, asalariado, de clase media o media-baja y que gastaba una gran parte de sus ingresos en el juego. Ahora, el hombre adicto al juego tiene entre 26 y 30 años, es jugador de apuestas deportivas y online, lleva entre dos y tres años jugando y en su mayoría o son estudiantes o bien están en su primer empleo. Su gasto cuantitativo en dinero, por tanto, es mucho menor. Eso no quiere decir que no se gasten todo lo que tienen, pero debido a su trayectoria y poco patrimonio acumulado gastan menos que el perfil anterior”, señala Juan Lamas.

Sobre las mujeres, desde Fejar apuntan que su perfil no ha cambiado de forma sustancial respecto a hace una década. Su adicción es a juegos más pasivos, como pueden ser la lotería o el bingo, y tienen una edad avanzada. “Detectamos, eso sí, una incorporación creciente a las apuestas deportivas. Pese a que los estudios señalan que uno de cada tres adictos al juego es mujer, de las personas que acuden a tratamiento, sólo el 13% son mujeres. Recientemente hemos creado un departamento para seguir profundizando en la problemática de la mujer jugadora”, aclara Lamas.

Varias máquinas tragaperras en un local de juego y apuestas / EP
Varias máquinas tragaperras en un local de juego y apuestas / EP

Integrados en una sociedad que potencia el juego, el director técnico de Fejar advierte de que “cualquier persona en algún momento puntual de su vida puede configurar una situación de adicción al juego”.

“El juego online es el más restringido”

Desmiente de forma tajante y tacha de leyenda urbana que los mecanismos de control en el juego online no sean suficientes. “Es el juego más restringido y acotado que existe. Para registrarte, debes poner tu DNI, tu domicilio, y hay una verificación con el padrón de habitantes”. Alerta de que, pese a que la sociedad piensa lo contrario, el problema de los menores no es en el juego online, es en el presencial, la forma más sencilla de burlar la legalidad”.

Desde la entrada en vigor de la regulación del juego online en España en el año 2011, indica la Guía Jóvenes y Juego online, se han multiplicado las estrategias publicitarias a través de medios de comunicación y redes sociales, como bonos de bienvenida, promociones o anuncios en radio y televisión.

Primera señal de alerta: la económica

Aunque no hay datos al respecto que indiquen qué parte de los adictos a juegos de azar acaba delinquiendo, “toda persona que configure una situación de adicción tiende a buscar dinero por donde puede. Empiezan, casi siempre, con pequeños hurtos dentro del entorno familiar”, sostiene Juan Lamas.

Una protesta ciudadana contra las casas de apuestas / EP
Una protesta ciudadana contra las casas de apuestas / EP

Admitir ante la familia la adicción es el primer paso para rehabilitarse. “El papel de la familia es fundamental para que los adictos se pongan en tratamiento. Ser conocedor de esta enfermedad implica la obligación moral de movilizarse en búsqueda de soluciones sanitarias. Culpabilizar al enfermo no ayuda. Hay que ofrecerle ayuda profesional. Si el enfermo no reconoce la adicción, hay una señal clara de alerta: la desestructuración económica del adicto o de la familia. También se produce un cierto aislamiento social, utilización de la mentira de una manera masiva e incluso síntomas de depresión. Cefaleas, migrañas, insomnio. Lo más llamativo, sin embargo, es el aspecto económico”, describen desde la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados. “Existe un problema de comorbilidad entre distintas adicciones, tanto entre adicciones como en enfermedades psiquiátricas. Las personas que acuden a tratamiento tienen una personalidad adictiva, están enganchadas al juego como podrían estar enganchadas a otro tipo de adicción”, explica Juan Lamas.

Rehabilitación de entre 18 y 20 meses

“Al ser una adicción sin substancia, el tratamiento no tiene una fase de desintoxicación física, por lo que es un tratamiento de reestructuración cognitiva, con psicólogos, con terapia de grupo, con el objetivo terapéutico de lograr la abstinencia de todo tipo de juego, estructurado en diversas fases para lograr una rehabilitación integral. Dura entre 18 y 20 meses”. 

Desde Fejar aplauden los últimos cambios políticos en referencia a las competencias sobre el juego, como el trasvase de las competencias de juego del Ministerio de Hacienda al Ministerio de Consumo, aunque hubieran “preferido que pasara directamente al Ministerio de Sanidad: "Esperamos, con este cambio, que se acote la regulación, que se fiscalice el control de acceso a todo tipo de juegos, que se incorpore una campaña de prevención para toda la sociedad y que se expliquen los efectos negativos que tiene esta actividad económica, que por otro lado está regulada y que es libre de hacerse, que no se vea sólo como un mecanismo recaudatorio de 45.000 millones al año de ingresos para el Estado, porque la ludopatía es un problema de salud pública”.