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Un pasquín antiprostitución pegado en la puerta de una masajista de Barcelona / CG

"Soy puta y los abolicionistas me acosan en mi piso"

Vicky, masajista erótica de Barcelona, en la diana del duro debate entre los partidarios de eliminar el trabajo sexual y los que abogan por regularizarlo

6 min

"Soy puta y los antiprostitución me acosan en mi piso". Es la denuncia de Vicky, masajista erótica de Barcelona, que se ha situado en el ojo del huracán del debate entre los abolicionistas del trabajo sexual en España y los que abogan por regularizarlo. 

Vicky atiende a Crónica Global tras alertar en un foro, Sexomercadobcn, que la "señalan" por su profesión. "Comenzaron marcando la portería de mi bloque con carteles contra la prostitución. Decían proxenetas fuera, pero es que aquí no los hay. No hay proxenetas, solo nosotras", defiende en conversación con este medio. Ahora, los antiprostitución han subido hasta el piso en el que atiende. "Ya marcaron mi portal y el ascensor de mi bloque. Ahora marcan mi piso. ¿Qué será lo siguiente? ¿Llamarme por teléfono? ¿Violencia contra mi persona?", se pregunta. 

"A mí no me explota nadie"

Esta masajista erótica de Barcelona "entiende" que existan dos posturas muy enconadas sobre prohibir o regular los servicios de compañía a cambio de dinero en España. "Comprendo que los abolicionistas denuncien que se explote a mujeres, pero es que a mí no me explota nadie. Me gusta mi trabajo y cobro por él. No hago daño a nadie", defiende. 

"Atiendo en un piso turístico. Antes aquí se alojaban turistas y era peor: orinaban en la escalera, dejaban vómitos en el rellano e incluso hubo días con sangre y una navaja en el suelo. Desde que estoy yo, ni ruidos ni molestias, pues primo la discreción y el respeto", asegura. Subraya que sobre su cuerpo decide ella, "igual que con el aborto", y compara su lucha con el derecho a la libre interrupción del embarazo. "Tengo pleno dominio de mi cuerpo, de la situación y de lo que quiero hacer. ¿Qué impide que me inscriba en Hacienda?", plantea. 

Abolicionistas...

Sin quererlo, Vicky ha aterrizado en mitad de un debate que se mantiene desde hace meses en España. Una parte del movimiento feminista quiere que quien consuma o promueva esta práctica merezca reproche penal con el fin de defender los derechos humanos de las mujeres, proteger a los menores de edad y evitar que el cuerpo de la mujer "se venda como una mercancía", tal y como verbalizó la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en marzo de este año.

Movimientos sociales abolicionistas presentaron en noviembre de 2020 un proyecto de ley para "desmantelar la prostitución", pero el texto aún no se ha tramitado. Sí ha visto la luz el anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual [consultar aquí], promovido por el Ministerio de Igualdad, que penaliza la trata y los locales que "favorecen" el sexo a cambio de remuneración. Nunca a la persona que lo ejerza, sea de forma libre o explotada. 

...contra regulacionistas

Este texto choca de frente contra otra ala del autodenominado movimiento violeta, que aboga por "no criminalizar" a las mujeres y pide escuchar al colectivo antes de legislar. Este brazo del feminismo defiende retirar los artículos más punitivos del anteproyecto de ley y, también, modificar el Código Penal en los aspectos que pueden afectar a las prostitutas que ejercen actualmente en España. 

Las mujeres que defienden el trabajo sexual han llegado a elaborar un manifiesto [consultar aquí] y hallan eco en sus reivindicaciones en Ciudadanos, único partido que defiende regularizar la prostitución en España. "Como se ha hecho ya en Alemania, Países Bajos, Austria o Suiza", indican. 

El portal de Vicky

La disputa ha llegado físicamente hasta el piso de masajes de Vicky en Barcelona en la cara menos amable de la discusión sobre cómo se debe legislar. "Yo también me considero feminista, pero no para prohibir que yo me pueda dedicar a algo de lo que, tarde o temprano, me voy a retirar. Cuando yo decida", lamenta. 

Cabe recordar que, con la llegada de la pandemia y las restricciones al ocio nocturno, la prostitución se ha refugiado en Barcelona en pisos discretos. Los clubes de alterne o de baile erótico, que operan con un permiso de bar musical con reservados para prestación sexual --hay medio centenar de habilitaciones municipales en la Ciudad Condal--, están cerrados, lo que ha desplazado el mercado a viviendas alquiladas para encuentros íntimos como el de la afectada. 

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