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El colegio Sant Ignasi de Barcelona, los Jesuitas de Sarrià, en el que se han destapado casos de abuso sexual a menores / CC

Denuncian al cuarto jesuita del Sant Ignasi por abusos a menores

Un exalumno de la escuela de Sarrià, en Barcelona, se presentó en una comisaría de los Mossos para declarar sobre los tocamientos que sufrió en los años sesenta por parte un sacerdote del colegio

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La escuela Sant Ignasi de Barcelona  --comúmente conocida como los Jesuitas de Sarrià-- se enfrenta a una nueva denuncia contra uno de sus antiguos profesores por abuso sexual a menores. Es el cuarto religioso del colegio que es acusado de haber realizado tocamientos a un alumno cuando éste estudiaba en las instalaciones, en 1965.

La víctima tiene ahora 64 años y, presuntamente, fue asaltado por uno de los profesores del Sant Ignasi cuando estudiaba el primer curso de Bachillerato, con 12 años, según las informaciones avanzadas esta mañana en el programa El món a RAC1. Ahora, 44 años después, se ha presentado ante los Mossos d'Esquadra para denunciar el abuso. 

En un cuarto oscuro

El exalumno ha explicado ante los agentes de la policía autonómica que, un día, cuando se dirigía a la clase de educación física en el patio, uno de los profesores --cuyo nombre no ha transcendido pero se le ha señalado como el padre G.-- se acercó a él para reprendarle por su comportamiento. Asegura que él era un chico "inquieto" y tenía un perfil con el que se le podría considerar "mal estudiante" y el cura, como castigo, le hizo entrar en un cuarto oscuro que debía limpiar. 

Una vez en la habitación, el jesuita, que era profesor auxiliar, entró también, cerró la puerta y apagó la luz. El chico sintió un empujón que le hizo caer sobre un colchón que había en el cuartillo y el cura se abalanzó sobre él y le realizó tocamientos

Huyó y avisó a sus padres

El denunciante asegura que consiguió escaparse del lugar y huyó a casa. Allí se encontraba su madre, a la que explicó lo que había pasado, y ella se acercó al colegio para hablar con la dirección sobre la declaración que acababa de hacerle su vástago. 

Según la versión de la víctima, nunca más volvió a ver al padre G. en la escuela. Después de eso, él estudió apartado del resto de la clase y, cuando acabó el curso, sus padres le matricularon en un centro laico.