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Alumnos del Institut del Teatre y de artes escénicas en una manifestación contra el acoso sexual / EP

De los abusos a la bulimia: el testimonio de una exalumna del Institut del Teatre

Janna Mir denuncia haber sufrido maltratos que le provocaron trastornos por los que ha tenido que ir diez años a terapia, además de causarle estragos en su vida personal

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Janna Mir sufrió "abusos de profesores y del equipo directivo" del Conservatori Professional de Dansa --integrado en el Institut del Teatre-- que le dañaron la autoestima y le desencadenaron trastornos como la bulimia. Según denuncia la exalumna del centro, cuya dirección dimitió por las acusaciones de acoso sexual, sintió una presión tan fuerte que tuvo que dejar la escuela e incluso la ciudad donde vivía.
 
Mir entró en el Conservatorio con 12 años y a los 16 lideró unas protestas estudiantiles que, asegura, le conllevaron represalias por parte de los docentes: "Mi profesora de danza me marginó. En clase no me daba oportunidad de bailar y, cuando lo hacía, me decía que tenía las piernas cortas, que estaba gorda o que era mala", ha recordado en una entrevista con la agencia Efe.

"Me desmonté emocionalmente"

La profesora "consiguió que la dirección manipulara mi expediente y pasé de tener notas altas en todas las asignaturas a tener notas bajas en todo", afirma la exalumna. "Menos mal que mi madre también es bailarina, vio claramente que no había bajado mi rendimiento y me apoyó", apunta, aunque el acoso la llevó a dejar el Institut, tras lo cual continuó su formación en el extranjero.

Tiempo más tarde, desarrolló un trastorno de bulimia y no se sintió en condiciones al finalizar sus estudios de presentarse a las pruebas de selección y entrar en el mundo laboral. Mir ha tenido que hacer terapia durante diez años: "Me desmonté emocionalmente".

"Los alumnos asumen el maltrato"

Las recientes protestas de los alumnos de interpretación de la institución le hicieron "ver claro" que "el origen de todo está en el Conservatori y en las cosas que tuve que vivir siendo tan joven". Según ella, "el abuso está muy normalizado y los alumnos asumen el maltrato". "Pero en el caso de la danza son cosas que pasan cuando las víctimas son muy jóvenes y el daño puede ser irreparable, por eso me he decidido a ser valiente y dar la cara", explica. A su juicio, el problema a la hora de denunciar es que "el mundo de la danza es muy pequeño, nos conocemos todos, por eso es tan difícil que la gente hable, porque eso le puede cerrar puertas profesionales", aclara.

Sin embargo, Mir se dedica más a la pedagogía que al ejercicio de la danza, por lo que se siente libre para denunciar abiertamente. Actualmente, da clases en la escuela de su madre e intenta "darle la vuelta" a lo que sufrió. La bailarina se siente orgullosa de apostar por "un sistema pedagógico que apuesta por la respuesta positiva, exactamente lo contrario de lo que vi en el Conservatori".