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Un autobús de TMB que usan barceloneses / TMB

65 y 165, las dos líneas de autobuses más peligrosas de Barcelona

Los conductores reciben insultos, escupitajos, agresiones y pedradas

3 min

Cada vez son más los trabajadores de autobús de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) que se suman a las quejas por la inseguridad que sufren en algunas líneas. En concreto, las que recorren El Prat de Llobregat, la número 65 y la 165.

El delegado de Prevención de Comisiones Obreras (CCOO) en TMB ha explicado a Crónica Global que son las líneas más peligrosas para los conductores de autobús e incívicas también para el pasaje. “Lo que más nos encontramos son grupos de adolescentes que no pagan y se rebotan cuando se les pide el dinero, o que tiran piedras desde fuera”.

Cámaras de vídeo

Han roto más de una luna del vehículo, pero sobre todo han agredido a más de un conductor. “Agresiones siempre hay, siempre te encuentras algún energúmeno”, explican las mismas fuentes. Por eso se acaba de poner en marcha una prueba piloto en la que se han instalado cámaras de vídeo en dos de los coches de la línea 165, “a ver si así se cohíben” y, si funciona, la empresa estudiará implantarlas en toda la flota.

El portavoz de CCOO critica que este tipo de pasajeros siempre planta cara al conductor, fuman en el interior de los vehículos y van más allá, llegando a escupirles, insultarles, darles empujones y golpes. Los autobuses de estas dos líneas, además, suelen ser articulados, de los más grandes, lo que facilita que los vándalos se sienten al final y el conductor no pueda controlarlos.

Aviso a la Urbana

Existe un protocolo ante cualquier agresión. “Ante todo, hay que tener en cuenta que lo primero es la seguridad del conductor y la del pasaje. Hay que tener mano izquierda y evitar el conflicto”. Si el enfrentamiento continúa, los trabajadores de TMB llaman a la emisora CRT --Centro de Regulación de Tráfico-- para que desde allí se tomen medidas y avisen a la Guardia Urbana si es necesario.

Pero no solo los grupos de adolescentes se enfrentan a ellos. “Hay quien está rebotado porque llega tarde, o porque pasan menos buses, o porque simplemente tiene un mal día y la acaba pagando con el conductor”, lamenta el representante sindical. “Son muchas personas las que pasan por un gran autobús” en una jornada diaria de 7 horas y 26 minutos. “La gente se cree que el bus es suyo”.