Menú Buscar

2018: año perro de los chinos

El colectivo asiático en España, cada día más crecido, lo festeja con gran pomposidad tratando de derribar mitos y prejuicios

Un dragón hecho a mano es depositado entre bastidores antes del espectáculo del desfile de Año Nuevo / EFE
17.02.2018 00:00 h.
8 min

En 1961 había 167 chinos en España. Hoy, según el INE, están registrados 207.593 y constituyen la cuarta comunidad extranjera tras marroquíes, rumanos y británicos. Una población que hasta el 2 de marzo celebra la llegada del Año Nuevo del Perro, con la mayor pomposidad tratando de echar abajo mitos, leyendas urbanas, enigmas y prejuicios.

Pero el turismo y las inversiones se han estancado. Las cifras oficiales más fiables sitúan el número de viajeros al año que llegaron con visado en 300.000, la tercera parte de los pronosticados por el Plan China con el Gobierno de Zapatero en 2011. También se han frenado las inversiones por reticencias tras operaciones fallidas y actuaciones que, según los expertos, han dañado su imagen.

Espanyol, Granada y Atlético

No obstante, el año pasado las compras rondaron los 1.200 millones de euros en los sectores inmobiliario, hotelero, alimentario y futbolístico. Tres clubes de la denominada Liga de las estrellas española tienen accionistas chinos. Espanyol y Granada fueron comprados por Rastar Group y Desport, respectivamente, y Wanda Group poseía hasta hace unos días el 20% de las acciones del Atlético de Madrid. Acaban de vender la mayoría.

El madrileño barrio de Usera, donde reside la mayor colonia de España, será este domingo epicentro de la celebración con un gigantesco desfile. Habrá otros actos multitudinarios y vistosos en colaboración con el ayuntamiento y el Instituto Confucio.

Bondad y ladridos

La celebración pondrá fin al año del Gallo y 2018 estará marcado por la personalidad del perro. Los chinos consideran a estos animales como grandes maestros en cuestiones de amistad, por su capacidad para hacer amigos y la entrega con que viven y aman. Por tanto, este año podrían resaltar valores universales como el diálogo y la solidaridad.

Un bailarín mira su móvil mientras descansa durante el desfile de Año Nuevo, en Hong Kong, Chima / EFE

Un bailarín mira su móvil mientras descansa durante el desfile de Año Nuevo, en Hong Kong, Chima / EFE

Pero como todo signo zodiacal que se precie, también tiene su lado oscuro. Los canes sufren cambios radicales y ladran. Los años de los perros tienen fama de ser portadores de conflictos violentos. El último regido por el can fue 2006, año que se caracterizó por un aumento del 40% en los atentados terroristas, según un informe del departamento de Estado de Estados Unidos.

Derribar bulos

Sinólogos y representantes de esta comunidad siguen luchando por derribar mitos, leyendas y bulos, a veces sin fundamento, de los chinos en España. El más arraigado es dónde se entierran los que fallecen aquí. Ellos aseguran que cuando se sienten mayores y enfermos regresan a su país, donde se consideran mejor atendidos. Los que mueren en España, poco numerosos, son enterrados o incinerados y trasladadas sus cenizas o su cadáver a China.

Mapfre, por ejemplo, también tiene seguros de decesos para extranjeros, que incluyen ataúd, velatorio, trámites, acondicionamiento sanitario y transporte del cuerpo hasta el aeropuerto. Al mismo precio que para los residentes en España, 165,86 euros al año para una persona de 66 años. Otras compañías como Santa Lucía establecen primas adicionales, pero en cualquier caso estas repatriaciones son una realidad.

Cumplidores de leyes

La historia de que comen perros y no pagan impuestos tampoco se sustenta, ya que lo primero no entra dentro de sus gustos gastronómicos y lo segundo se encarga de no hacerlo posible la Agencia Tributaria de Montoro. Además, se declaran cumplidores de las leyes sanitarias, laborales y fiscales "tanto o más que los españoles".

Algún fundamento, con matices, tiene el que son cerrados, impenetrables y que no se integran en la sociedad, ya que mantienen reservas en sus espacios de ocio.

Imagen ridiculizada

David Wu Xu, joven empresario nacido en Madrid, se queja de que los medios de comunicación, los programas televisivos y el cine han ridiculizado constantemente la imagen del chino u ofrecen una imagen muy simplista, con preguntas tópicas, y “eso no ayuda”.

El embajador de la República Popular China en Chile, Xu Bu, asiste a un carnaval que celebra el fin del año chino / EFE

El embajador de la República Popular China en Chile, Xu Bu, asiste a un carnaval que celebra el fin del año chino / EFE

Para frenar los bulos, la asociación Andalucía Acoge lanzó una campaña en 2015 que desmontaba la falsa creencia popular de que los ciudadanos chinos no pagan impuestos e incumplían el horario laboral. Parece que no ha surtido mucho efecto. “Nos tienen fichados: parece que no podemos hacer otra cosa que no sea abrir un restaurante o un bazar y trabajar todos los días del año”, se lamenta David.

Dilema ‘chiñol’

La integración es bastante difícil, incluso en una comunidad con fama de cosmopolita como Madrid, donde se ha triplicado en dos años su población. Ser chino y nacer en España, dominando los dos idiomas, es un dilema para muchos de ellos. Son los llamados chiñoles, mitad chinos y mitad españoles, hijos de inmigrantes que en un 70% provienen de la provincia de Zhejiang, un territorio con su propio dialecto y que ha terminado por representar a todo el país.

Se trata de una generación a caballo entre la cultura asiática y europea. Quan Zhou muestra con humor en una novela gráfica titulada Andaluchinas por el mundo su difícil vida cotidiana durante su infancia en un pueblecito de la Costa del Sol, incluso con ataques racistas.

Otros aseguran que “muy poco a poco se van venciendo los estereotipos”. Como el de que las mujeres chinas son siempre sumisas. “Muchas veces me han preguntado si como gato, entiendo el castellano o si los chinos somos sucios”, asegura Ye, escolarizado en el barrio madrileño de Villaverde y graduado en la Universidad Carlos III.

‘Regreso’ complicado

Algunos hijos de inmigrantes que llegaron a España en la década de los ochenta y noventa se han planteado regresar o mejor marchar porque nunca vinieron a la tierra de sus padres. Tienen fisonomía asiática pero se sienten españoles, se van atraídos no por vínculos sentimentales sino por motivos laborales. En su conflicto interior ven China como una gran potencia y con un futuro mejor. Pero aquí tienen muchos amigos, aunque ellos siempre sean considerados los amigos chinos.

El problema es que muchos de los chiñoles no hablan mandarín. Fueron criados por sus abuelos, que vinieron a trabajar en tiendas y restaurantes. Les enseñaron parcialmente dialectos, pero nunca aprendieron el mandarín, la lengua mayoritaria de China ni mucho menos a escribirla.

¿Quiere hacer un comentario?