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Primeras planas

Una bandera de España, el Risitas Mas y la justicia de Vidal

La bronca en el balcón del Ayuntamiento ilustra casi todas las portadas. El nacionalismo cívico, pacífico y festivo se encrespa porque Alberto Fernández responde a una estelada con una bandera española

25.09.2015 08:39 h.
11 min

ABC: Ningún partido aceptará un pacto que haga a Mas presidente

El Mundo: Albert Rivera: "No puede haber España unida si no se regenera

El País: La Generalitat recluta jueces para la Cataluña independiente

La Razón: Ministros y dirigentes del PP piden a Rajoy las elecciones para el 13-D

Ara: El grup Volkswagen garanteix la inversió a Catalunya

El Periódico: Europa investigará la industria del automóvil

El Punt Avui: La UE fuig d'estudi

La Vanguardia: La campaña se cuela en la Mercè con pugna de banderas

Cinco Días: La venta de casas coge ritmo

El Economista: Seat montó motores trucados en los "Ibiza", "León", "Altea" y "Exeo"

Expansión: García-Margallo: el día 28 habrá que dialogar.

Un día menos. Setecientos muertos en la Meca. El Papa pide la abolición de la pena de muerte en Estados Unidos. En Cuba no habló de nada. Volkswagen se hunde y arrastra al sector del automóvil. Aquí, el ambiente se encabrona. Los antisistema han asaltado el Ayuntamiento de Barcelona. Es suyo y hacen lo que quieren. Son los nuevos caciques. Como en Cataluña no se puede hacer nada sin un estelada presidiendo, Alfred Bosch y un concejal de su cuerda desplegaron una de esas banderas de ajos, cogombres y mongetes en la fachada de la casa consistorial. Repite por todos los tractos.

El líder del PP de Barcelona se fue al despacho, cogió una bandera de España e intentó desplegarla. Gerardo Pisarello, valido de Ada Colau, trató por todos los medios de impedirlo. Hubo un forcejeo y Fernández logró su propósito, ayudado por Ángeles Esteller. La plaza abroncaba a los ediles populares. La imagen, que está en casi todas las portadas, incluye en el centro de la instantánea al presidente de la Generalidad en funciones, Artur Mas, que exhibe una media sonrisa de satisfacción. ¿Problemas de convivencia? Ninguno, salvo para los no nacionalistas. Lo propio en la prensa de Cataluña es arremeter contra el PP, ridiculizar a sus miembros, tacharlos de banales, pueriles e impropios. Perfecto. El lamentable espectáculo se circunscribe a los populares. Que Mas pueda ser considerado un irresponsable, como poco, por reírse ante esa escena no cuenta. Hay que respetar los símbolos se dice, pero sólo los de una parte. A esto hemos llegado, a que un político tenga que arriesgar el físico para mostrar una bandera mientras otros se descojonan de risa. El país feliz de Mas, Junqueras y Romeva; el de Catalunya sí que es pot, las CUP y Colau, con Pisarello de matón de balcón, el país del engendro jurídico del "derecho a decidir".

Al que no le guste, que se joda, que se vaya o que se calle.

Periódicos. ABC. Su directora en Cataluña, María Jesús Cañizares, avanza escenarios para el día después y no son buenos para el Risitas, el Astuto que dice Ignacio Vidal-Folch. Escribe Cañizares: "Es la crónica de una muerte política anunciada. Solo una mayoría absoluta de Junts pel Sí, algo que las encuestas no garantizan, permitiría a Artur Mas revalidar la presidencia de la Generalitat. Todo apunta a que, tras las elecciones del 27 de septiembre, se abrirá un escenario de pactos que excluyen al líder de Convergència, sea por la formación de una alianza de izquierdas, sea por la entente de partidos constitucionalistas. Como daño colateral, en caso de que Mas pusiera fin a su carrera política, Convergència agonizaría como partido, abriendo paso a deserciones a posiciones más moderadas".

Pase lo que pase, el nacionalismo cívico, pacífico y festivo hasta que ve una bandera de España sigue adelante con sus estructuras de Estado. Es la portada de El País. Firma Pere Ríos: "La Generalitat ha comenzado las tareas de reclutamiento de unos 250 jueces que empezarían a ejercer en una hipotética Cataluña independiente. El departamento de Justicia considera que ese es el número de vacantes que se producirían en la plantilla actual, de casi 800 jueces y magistrados, si se materializa la secesión. El trabajo de búsqueda de los nuevos profesionales lo dirige Santiago Vidal, el juez de la Audiencia de Barcelona a quien el Consejo General del Poder Judicial suspendió en febrero pasado por tres años por su participación en la redacción de un borrador de Constitución para Cataluña. El propio Vidal explicó a EL PAÍS que recibió el encargo del consejero de Justicia, Germà Gordó, para que efectuara una estimación de jueces, fiscales y secretarios que se irían de Cataluña si se constituye como Estado. Las bajas estimadas suman 250 jueces, 170 fiscales y 200 secretarios judiciales".

Bien por Vidal. Por fin tiene algo que hacer. Un sistema judicial ideado por el redactor de la primera constitución catalana. Se prevén unas garantías jurídicas de la leche.

El momento catalán queda reflejado en la columna de opinión en ABC de Ignacio Camacho, que se titula "El Tema". Dice así: "En cierto bar de Barcelona su dueño ha colgado un expresivo letrero: «Prohibido hablar del Tema». Ese tema unívoco, ese debate artificial y quimérico introducido por el nacionalismo para disimular su incompetencia política, ha tensado la convivencia civil y divide a los catalanes tanto como cansa al resto de los españoles. Unos y otros empiezan a estar hartos. Es probable que si se celebrara un referéndum sobre la independencia en todo el país –única fórmula de secesión posible dentro de la Constitución–, muchos españoles votasen a favor. Hasta ahí ha llegado el hastío, la fatiga, el fastidio: hasta el límite de la solidaridad sentimental. Que se vayan de una vez, pero no porque quieran ellos sino porque los echo yo".

Su pronóstico sobre el día 28 del corriente es este: "Ni Cataluña se va a separar el lunes ni España se va a romper; ambas, sin embargo, van a quedar maltrechas y descalabradas después de este desafío inútil de mutuas desconfianzas. El genio desparramado de la discordia ya es muy difícil de encerrar en la botella rota. Los secesionistas han sembrado odio. Y ni siquiera lo han hecho para cumplir una ensoñación que saben imposible, sino para tomar ventaja política. Para atornillar su hegemonía, para imponer un designio excluyente, incluso para escapar a la justicia que investiga la corrupción del régimen. Se han subido a la ola del sentimentalismo victimista como una vía de escape de su propia parálisis. Sería sarcástico si no fuese dramático: pretenden fundar un Estado quienes han fracasado en la administración de una autonomía".

Destaca en La Vanguardia la aportación de Ignacio Martínez de Pisón, flamante premio Nacional de Narrativa. Entre Raholas, Álvaros y Carduses, Martínez de Pisón es un alternativo, un punk del pensamiento que reparte estopa por partes, a partes iguales y a todas las partes. Publica hoy: "El nacionalismo aspira a construirse un pasado inmaculado, apolíneo, sin tacha ninguna, y todo aquello que estorba es despachado sin contemplaciones hacia España. Eso fue lo que ocurrió tras la confesión deJordi Pujol, cuyo fraude fiscal fue rápidamente endosado a la "etapa autonómica" y la "cultura de la transición". Es decir, a España: el padre del catalanismo contemporáneo, una vez caído en desgracia, no era ya más que un vulgar españolazo. Alguien, muy acertadamente, definió el nacionalismo como patriotismo sin autocrítica: ¿qué necesidad tenemos de ejercer la autocrítica si todo lo malo es culpa de los demás? En algún rincón del organismo se esconde una extraña y poderosa glándula, capaz de inhibir nuestro espíritu crítico cuando juzgamos lo malo de los nuestros y de estimularlo cuando juzgamos lo malo de los otros".

Sigue: "No existe ningún país cuya historia esté libre de fanatismos, desmanes, abusos, injusticias. Seguramente, en nuestro pasado colectivo son más abundantes los episodios de los que debemos avergonzarnos que aquellos de los que podemos enorgullecernos. Pero sin ese sentimiento de vergüenza retrospectiva difícilmente habría avanzado eso que llamamos civilización, que presupone una voluntad compartida de corregir viejos errores. De la intolerancia del pasado extraemos lecciones para la tolerancia del futuro, y sin la experiencia de las guerras y las tiranías no sabríamos ponderar cuánto hay de valioso en la paz y la democracia.Pero no parece que las vergüenzas del pasado importen mucho a nuestros principales políticos, empeñados en hacernos sentir el orgullo de haber nacido aquí o allá (como si lo hubiéramos podido elegir) y el privilegio de ser catalán o español (como si fuera una virtud personal). Por ahí van sus invocaciones a las grandezas del pasado, y tan lastimosa me resulta la grandilocuencia de Artur Mas cuando alardea de ser el presidente número 129 de la Generalitat de Catalunya como la de Rajoy cuando proclama que España es "la nación más antigua de Europa"".

Sí, pero el último es un tancredo y lo del 129 no tiene ni nombre, ni pase. Mírenlo en la foto del balcón. Jojojo. La imagen está firmada por Alberto Estévez, de la agencia Efe.

25 de septiembre, santos Cleofás discípulo, Anacario de Auxerre, Cristóbal de La Guardia, Fermín de Amiens y Ermenfredo de Cusance.

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Marino 25/09/2015 - 10:38h
Para tener un pasado inmaculado hay que falsear la historia y eso es lo que han hecho y hacen. Y no solo ellos. Los que hablan del candado de la Transición hacen lo mismo. Porque el verdadero problema es el que apunta Vd. señor Planas: Que no valoramos lo que tenemos y creemos que las aberraciones y crueldades pasadas no pueden volver: Hagamoslo que hagamos y digamos lo que digamos. En nombre de la libertad enarbolamos una bandera a la que consideramos impoluta ya sea por no haber ondeado oficialmente en ninguna parte ya porque obviamos los crímenes y violaciones de derechos que sus defensores cometieron. Se odia a una determinada ideología sin comprender que es imposible hacerlo sin odiar a sus seguidores. Y hablo de ideologías que encajan perfectamente en democracia. ¿Es esto democrático o vuelve lo de siempre con otro estilo?
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