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Un PSC convertido en anécdota

27.01.2014
9 min

La Carta abierta a los compañeros y compañeras socialistas publicada por Raimon Obiols en l'Hora me ha incentivado a escribir este artículo. No se trata de una respuesta al texto de Obiols, que puedo compartir en buena medida. Sólo de un contrapunto, un enfoque creo que no incompatible con el suyo, sólo diferente y a mi parecer, también pertinente.

Una cuestión preliminar e introductoria: teniendo en cuenta el relevante papel de Obiols en la política catalana desde la primera resistencia al franquismo y hasta hoy mismo y teniendo también en cuenta la situación política actual, quizás era -o es todavía- preferible o incluso esperado que sus reflexiones, quizás publicadas en un medio de mayor difusión general, fueran más dirigidas a la ciudadanía y en clave del momento presente, que a los socialistas y casi en clave interna. Porque a pesar de la apelación -en el punto 4- a la responsabilidad del PSC en relación al país, creo que no es abusivo interpretar que su carta focaliza la atención en el episodio, que considero menor, de la votación del pasado día 16 de enero en el Parlamento autonómico y sus efectos sobre el PSC. Y no tengo la percepción de que, ahora mismo, hablar del PSC sea exactamente hablar de política.

Yendo al grano y quizás con la ventaja de haber dejado pasar unos días, creo que son posibles puntos de vista que permiten hablar de ambas cosas a la vez: del PSC y la situación política. Me limitaré a exponer el mío, sin referencias directas al texto de Obiols, sólo una cita: "Se trata también de ganar el combate contra las manipulaciones?" Me identifico plenamente.

Creo que parte de los problemas del PSC -de todo el PSC al completo- radica en su facilidad para picar el cebo de las abundosas trampas semánticas inseridas en el llamado "proceso", sobre todo dando por bueno el eufemismo principal y matriz de casi todos los otros: el "derecho a decidir" que, sin pretensiones de definición precisa, pero si clara, yo diría que es un eufemismo de "soberanía efectiva y ejercible, la facultad decisoria atribuida -por parte del Derecho y de la Comunidad Internacional- a los ciudadanos de los estados que están reconocidos como soberanos y, en un supuesto concreto, a los de las colonias identificadas como tales que la reclamen para dejar de ser colonias"

¿Tenemos -hoy por hoy- los ciudadanos de Cataluña reconocida esta facultad? Si, pero como derecho compartido con todos los ciudadanos españoles. Otra cosa es que sea deseado como derecho propio y segregado de aquel, cosa muy legítima y que tiene en el mundo precedentes más o menos comparables y más o menos exitosos. La Vía Catalana de la Diada de 2013 (mucho más que la manifestación de 2012, con motivaciones de los participantes mucho más dispersas y complejas) fue la constatación de que muchos catalanes son partidarios de la independencia y esta es la razón que justifica la necesidad de contar cuántos. Sería necesario, pues, un recuento precedido de un debate mínimamente racional sobre ventajas, inconvenientes y alternativas que, desgraciadamente, en las condiciones ambientales actuales no parece posible. Y si el resultado fuera que, como mínimo, la mitad 1 de los catalanes con derecho a voto son partidarios de ello, iniciar -entonces sí- un proceso serio orientado a un referéndum decisorio y sabiendo todos que sería complejo, difícil, con costes, y probablemente largo, no un también multiufemístico "coser y cantar".

Es falso que la soberanía sea un derecho automático e inherente a la Democracia para cualquier comunidad territorial o administrativa subestatal por más nación sin estado que sea

Pero es falso que la soberanía sea un derecho automático e inherente a la Democracia para cualquier comunidad territorial o administrativa subestatal por más nación sin estado que sea. El reconocimiento externo de la secesión sólo es fácil en circunstancias especiales y convenidas o por acuerdo interno dentro del estado soberano reconocido como tal. Y muy difícil por varias razones si no es así, sobre todo si no se mide suficientemente bien -muy bien- cada pasa. Ya lo decía un eslogan de un gobierno Pujol: "el trabajo bien hecho no tiene fronteras". Pero, ¡ay! el mal hecho, sí.

El error del PSC -al completo- fue doble, no sólo el de no descifrar el eufemismo, también el de no preguntarse el por qué se quiere ejercer la soberanía. Lógicamente, para decidir algo para lo cual sea necesaria, ¿no? Y no hace falta para ninguna decisión tendente a modificar el status actual dentro de España, sólo hace falta para decidir la secesión (o para constituir nuevamente un estado confederal por agregación de estados soberanos preexistentes, supuesto que no viene a cuento). Para cualquiera otro cambio, hace falta sólo un acuerdo interno (cosa que hoy parece improbable) pero no hace falta soberanía. Es decir, el eufemismo "derecho a decidir" en la práctica siempre ha querido llevar a otro, "la consulta" que quiere decir "queremos hacer un pseudo referéndum de independencia decisorio".

Cierto que los eufemismos del "proceso" son ingeniosos y amables, es difícil decir que no se está a favor de poder decidir. Pero asumirlo como propio si no se comparte la opinión de que la única y la mejor solución para el problema que tenemos los catalanes con el nacionalismo español es la independencia (¿caso, creo, del PSC, disidentes incluidos?), es como mínimo una ingenuidad, por no decir una notable incompetencia redondeada por el hecho de no tener ninguna propuesta alternativa presentable (aquella "cosa" de Granada obviamente no lo es). Cuando los que mandan en el PSC han querido rectificar, lo han hecho, tal como era previsible, pésimamente; haciendo patente que estaban obedeciendo órdenes directas del PSOE; sin dar ninguna explicación medio creíble; haciendo también el ridículo gestionando con un tremendismo absurdo la "crisis" interna por el voto disidente en el Parlamento autonómico. Los que no mandan, parecen estar todavía -ufanos- instalados en el eufemismo.

Por eso el episodio del día 16 me parece: (1) irrelevante a pesar de la solemnidad dada a un simple nuevo paso táctico para buscar otro NO del nacionalismo español y mantener así confuso y vivo el "proceso"; (2) absurdo como causa y efecto de la nueva crisis interna del PSC (quede claro que no digo que no ha haya, desde ya hace lustros, razones de sobra para la disidencia, tantas como se quiera); y (3) lamentable la escenografía "heroica" antes, durante y después del gesto disidente. Todo ello, una manifestación más (bastante aguda, eso sí) del problema crónico del PSC: un partido nacido como genuinamente catalanista pero casi siempre acomplejado ante el nacionalismo catalán y casi siempre subordinado al nacionalismo español del PSOE. Dejà vu. Nada de nuevo salvo otro gran salto adelante en la gradualmente creciente incompetencia y endogamia de su dirección orgánica.

Muy relevante en cambio -y vergonzosa- la hipocresía de los que, ya desde muchos años antes de que fuera cierto, tildaban de sucursalista al PSC y ahora dicen añorarlo tanto pero lo quieren acabar de liquidar instrumentalizando a los "héroes" y a sus acompañantes elevándolos a los altares y convirtiéndolos en símbolos ni más ni menos que de la "dignidad nacional" (sic). Si yo fuera uno de ellos estaría muy preocupado por la procedencia de algunos elogios hiperbólicos. Ya lo veis, al final siempre me acaba saliendo la vena nostálgica de "mi" PSC.

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Ex diputado autonómico y ex senador por el PSC
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m.a. 25/08/2015 - 11:32h
El artículo me suena a ejercicio de onanismo mental. Por favor, céntrese en lo social.
femofe 25/08/2015 - 11:32h
Que el señor Gibert hable de "nacionalismo español del PSOE" explica por sí mismo el porqué el PSC ha llegado a la situación en la que está: en vías de extinción...merecidísima.
m.a. 25/08/2015 - 11:32h
Sí, de acuerdo con femofe. Después de lo que arriesgó el Sr. Zapatero con Cataluña, y del juego sucio del Sr. Maragall, que Vd. se atreva a hablar del "nacionalismo español del PSOE" confirma que no se han enterado todavía de qué va la cosa. Es decir de la casi permanente deslealtad de la mayoría de partidos catalanes hacia el Estado, digna de un estudio freudiano, complejo de Edipo o vaya a saber qué.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:32h
Me cansa, ya ni siquiera me irrita, la obesión de los nacionalistas de adjudicar la condición de nacionalista “contrario” o “enemigo” a todo ser que se mueva y respire. Es como si los catolicos romanos adjudicaran la condición de católicos antiromanos al resto del orbe. Y considero al sr. Gibert nacionalista, desde luego, desde el momento en que afirma la existencia de “el problema que tenemos los catalanes con el nacionalismo español”. ¿Qué problema o problemas tenemos los catalanes con el resto de España? Concrete, hombre, concrete. ¿En qué consiste ese supuesto conflicto que usted da a entender que existe? No hay tal “nacionalismo español” ni en la actuación del estado, ni en las líneas mayoritarias de los dos grandes partidos estatales ni en la muy amplia mayoría social de los españoles.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:32h
(2)No hay, entérense de una vez, en el resto de España un “nacionalismo español” comparable en implantación e intensidad, ni de muy lejos, con el nacionalismo catalán existente ahora en Cataluña y cultivado durante décadas. Lo que sí ha habido, por cierto, es una deslealtad crónica de los nacionalistas catalanes y otros hacia los pactos de la transición que permitieron dar estabilidad a nuestra actual democracia, Constitución mediante.
Robert Schuman 25/08/2015 - 11:32h
Lo que siempre deberían haber hecho los socialistas es promover el laicismo identitario, la no intromisión de la administración en cuestiones de identidad. Comoquiera que en Cataluña el nacionalismo es de corte lingúístico, el laicismo identitario pasa por un laicismo en esta materia, es decir, la administración ofrece un servicio bilingúe (educación, sanidad, ayuntamiento...)y el ciudadano decide sin más intromisión. Esta debería haber sido siempre la postura, esto sí es colocarse entre nacionalismos. El problema es que su postura ha hecho que defender el laicismo identitario y de lengua sea visto como "nacionalismo español" cuando es la antítesis de cualquier nacionalismo.
maol 25/08/2015 - 11:32h
Me parece bastante claro que el sr. gibert, exdiputado y exsenador del PSC, ha asumido la cosmogonía, el delirio identitario, los principios de acción politica y el leguaje del nacionalismo más genuino. Y...siendo cargo relevante en PSC, al menos en dos legislaturas,y seguidor (supongo) de las directrices del partido, ¿no explicará esto la situación actual del PARTIDO SOCIALISTA DE CATALUÑA?
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