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Tenemos poco tiempo

Francesc Moreno
8 min

Con el máximo respeto por el gran esfuerzo realizado por los organizadores, la manifestación del pasado 6 de diciembre es un claro ejemplo de los problemas de los no nacionalistas en Cataluña. Carencia absoluta de medios económicos, falta de apoyo mediático y de cualquier administración y ausencia de un mínimo consenso básico entre las fuerzas políticas. Esta situación es producto de más de 30 años sin ninguna estrategia política a medio y largo plazo por parte de PP y PSOE y de sus homólogos catalanes para hacer frente al discurso nacionalista.

Comparen con la organización de la Diada. Voluntarismo, frente a una organización coordinada e impulsada desde el poder. Determinación, frente a improvisación. Riqueza de medios, frente a precariedad absoluta. Pareciera como si las fuerzas políticas catalanas no soberanistas hubieran interiorizado el discurso nacionalista de que estamos en un conflicto entre Cataluña y España, y que ya será el Gobierno español de turno quien tome las medidas cuando corresponda. Durante años se ha interiorizado que lo correcto políticamente en Cataluña era ser nacionalista. El que se manifestaba como no nacionalista era relegado de la vida pública catalana. Y ello a pesar de que durante los primeros años de autogobierno desde la izquierda había cierto pudor en llamarse nacionalista, término asociado, correctamente, con autoritarismo y populismo.

La realidad es que los catalanes no independentistas estamos en clarísima inferioridad de condiciones frente a los que se reclaman soberanistas

No pienso igual. La independencia es, en primer lugar, un debate entre catalanes. Si un día todos los catalanes fueran independentistas, lo que dijeran en el resto de España valdría muy poco. Y la realidad es que los catalanes no independentistas estamos en clarísima inferioridad de condiciones frente a los que se reclaman soberanistas. Ni estrategia, ni medios, ni unidad básica.

La independencia de Cataluña perjudicaría objetivamente a la mayoría de catalanes y a la mayoría del resto de españoles. Pero los más perjudicados seríamos los catalanes no nacionalistas. Ciudadanos de segunda en nuestro propio país. Aunque, en verdad, no sería una novedad.

Ya hace muchos años que en Cataluña si se quiere progresar en muchos ámbitos profesionales, o, simplemente, se quiere obtener una subvención o un contrato de las administraciones públicas catalanas hay que ser nacionalista o, por lo menos, aparentarlo. Si se aspira a una jefatura en cualquier administración, a dirigir un colegio público, o a coordinar un departamento universitario, mejor no significarse como no nacionalista. Les recomiendo el reciente artículo de Pau Marí-Klose como ejemplo de lo que trato de decir. Si se es nacionalista la vida es más fácil. Todo es más sencillo. Incluso para hacer carrera política en el PP, el PSC o en los sindicatos ha habido que tener el visto bueno nacionalista o por lo menos evitar su veto. No es casual que casi todos los cargos públicos de relevancia del PSC se declaren soberanistas. Siempre lo han sido, y por eso dirigieron el PSC durante muchos años.

La situación actual es el producto de más de 30 años de una actividad frénetica del nacionalismo catalán dirigida a tener la hegemonía ideológica y el control social. Esta tarea se ha realizado sin ninguna estrategia sobre Cataluña por parte del Estado, ni de los grandes partidos estatales. Mientras el nacionalismo tejía una inmensa red clientelar aprovechando los recursos públicos e imponia su hegemonía ideológica en escuelas, universidades y medios de comunicación, el Estado y los partidos catalanes no nacionalistas miraban hacia otro lado o colaboraban activamente a que la ideología nacionalista sea hoy la ideología dominante en Cataluña. Sólo la presencia de Ciudadanos ha servido de débil contrapunto. Lo correcto políticamente en Cataluña ha sido ser nacionalista.

Los nacionalistas dicen que la presencia de los medios de comunicación estatales compensa el sectarismo de los medios catalanes. Aunque fuera verdad, no me valdría. Reivindico la pluralidad en mi tierra. Pero no lo es. Los medios estatales más beligerantes contra el nacionalismo catalán son en realidad sus mejores aliados. Su incomprensión de la realidad y su búsqueda del sensacionalismo sólo sirven para alimentar el victimismo nacionalista. Para los medios más moderados, mucho más plurales que los catalanes, el tema no deja de ser marginal y sus planteamientos, hechos a distancia y sin entender la pluralidad de los catalanes y las distintas sensibilidades que componen el conglomerado social no nacionalista, carecen de la finura necesaria.

Somos los catalanes no nacionalistas quienes debemos liderar la respuesta a un nacionalismo populista que nos llevaría a una Cataluña más dividida, más pobre, más aislada y más caciquil

Ahora no pasará nada. A pesar de que casi nadie lo ha combatido políticamente, el independentismo está lejos de tener la fuerza necesaria para hacer realidad la aventura secesionista. Y es que siglos en común crean muchos vínculos no fácilmente eliminables. Los líderes políticos nacionalistas prefieren continuar usufructuando el poder que arriesgarse con una independencia que, aún en el caso de un más que hipotético triunfo, podria volverse en su contra por la imposibilidad de cumplir las promesas realizadas.

Pero si en Cataluña no se construye un discurso alternativo al nacionalista, dentro de unos años la situación puede ser irreversible. Este discurso alternativo sólo puede sostenerse desde Cataluña. Porque cuando pase la tensión actual el Gobierno español de turno volverá a pactar con el nacionalismo catalán. Y siempre a costa de los catalanes no nacionalistas.

En el último año se ha producido una reacción importante frente al nacionalismo. Pero sustentada, sobre todo, en esfuerzos individuales. Son necesarias políticas a largo plazo, apoyo a la sociedad civil y un consenso básico entre los partidos no nacionalistas, para dar consistencia a una visión de futuro para Cataluña alternativa a la nacionalista. Y todo ello no se hace desde fuera de Cataluña. Somos los catalanes no nacionalistas quienes debemos liderar la respuesta a un nacionalismo populista que nos llevaría a una Cataluña más dividida, más pobre, más aislada y más caciquil. Todavía estamos a tiempo, pero no nos podemos dormir en los laureles. Las mentiras y las medias verdades repetidas machaconamente calan en los individuos y cuando se consolidan en el imaginario popular se convierten en verdades, aunque no lo sean. Y entonces ya no hay vuelta a atrás.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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Pepitox 25/08/2015 - 11:34h
Bueno, está bien ser crítico y valorar que unos tienen detrás todo el presupuesto de la Generalitat y otros únicamente la voluntad individual. Eso es cierto. Pero una cosa importante que está sucediendo es que a la gente cada vez le está asustando menos salir a la calle, pongamos, camino de una manifestación con la bandera de España. Por poner un ejemplo, en mi barrio de Barcelona el día 6 se veía mucha gente que iba (y después que volvía) de la manifestación. Con sus banderas españolas, con sus corazones de Ciutadans, etc. De hecho, las pegatinas de los corazones "triples" de Ciutadans están pegadas en muchísimas farolas de mi barrio. Están empezando a ocupar el espacio público y eso es muy bueno. En fin, entiendo la crítica de que es necesario más esfuerzo, pero creo que vamos por mejor camino del que plantea F. Moreno en este artículo.
Juan Pérez 25/08/2015 - 11:34h
Aquest diumenge vaig anar a còrrer la mitja de Vilafranca i al barri de l'Espirall hi havia als balcons algunes senyeres espanyoles, la qual cosa és prou significativa. Han estat molt anys de deixadesa per part de la majoria castellanoparlant (bona part dels quals som bilingües de fet, no d'estadística tramposa), com si fossim estrangers a casa nostra, però això s'ha acabat i ara el que toca és no deixar que ens robin la nostra terra ni els nostres drets, i deixar ben clar que Catalunya serà com és de fet o no serà o serà un conflicte etern. Aquí no valen els estatuts de sang ni drets històrics ni d'altres cabòries romàntiques. Tenim un llarg camí pel davant, però tot just hem començat a recòrrer-lo i és possible que ens convertim en la tercera força política de l'autonmia. Això és avençar, sens dubte.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:34h
Estoy por completo de acuerdo con Francesc en que hacer retroceder el nacionalismo independentista en Cataluña es tarea que compete en primera instancia a los catalanes no nacionalistas, por otro lado los que más sufren en carne propia sus efectos sociales, y también en que esa tarea inmensa requiere, para empezar, por una parte, del consenso básico y de un discurso estratégico y pedagógico sostenido en el tiempo por parte de los partidos y asociaciones no nacionalistas, discurso encarado a desmontar los bulos y a contrarrestar con argumentos racionales y demostrables los mitos del nacionalismo y, por otra, de la voluntad de “salir del armario” y la pérdida del temor a expresarse públicamente por parte de los ciudadanos discrepantes con el nacionalismo.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:34h
(2)No es fácil, claro está, deben superarse las rivalidades partidistas y electorales, coordinarse, trabajar unidos (al menos en pos de ese objetivo de construir mayorías sociales alternativas) y vencer a una labor de concienciación y adoctrinamiento que lleva en su ejercicio décadas de ventaja, pero seguir como hasta ahora, y como dice Francesc, llevaría indefectiblemente a que “dentro de unos años la situación pueda ser irreversible”.
mimartin 25/08/2015 - 11:34h
Coincido a grandes rasgos. Es cierto que, contra el nacionalismo, un catalán no nacionalista vale más que muchos del resto de españoles. Pero se le olvida que el nacionalismo ha existido en Cataluña como una de las reacciones españolas ante el desgobierno de España desde 1808.Esto se agudizó tras la pérdida de las colonias en 1898. Si España no ofrece un proyecto atractivo e ilusionante, cualquier demagogo podrá aprovecharse de la situación canalizando el descontento y la frustración hacia ilusiones y sueños. Esto, por supuesto,de forma inmediata sólo evita que el nacionalismo busque aliados en el descontento social, pero por sí sólo no neutraliza al núcleo fanatiado nacionalista. Este fanatismo forma parte de las tendencias fratricidas del español y sólo s epuede explicar por una atavismo histórico. A esta gente, el núcleo fanatizado-un 20% según todos los datos-sólo se la puede demoler con un trabajo de generaciones. digamos todo el siglo XIX, en una nueva Europa.
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